Nuestras manos callaron,
junto a los besos, nuestros labios,
dejaron su pasión natural,
la desesperación, el amor.

Nos miramos como siempre,
abrazados eternamente
con el latido traspasándonos
en forma de advertencia.

Aún temblorosos prometimos,
volver a unir nuestros cuerpos
con el alma flaca de ​la espera,
alimentar el amor desde dentro.

Hacernos viejos como la vida,
que no espera y recordar este momento,
con la única salvedad,
falta menos para todo.

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