Terminó la guerra

Un temblor inundaba el ambiente, espirales de miedo, recorrían las espaldas de los soldados atrincherados en restos de ciudad. El consuelo moría en la mirilla de cada francotirador, los panzers aún hacían resonar sus cañones, vaciaban vainas y volvían a cargar, el aire era una acuarela monocromática, las nubes un desteñido y grisáceo atril y los aviones bañaban de bombas, el agua diluía el peso de la caída, un silbido inconfundible antes del estruendo, cuan largo fuera sólo aumentaba la tensión, la única esperanza radicaba en los lejos que estabas de la onda expansiva, donde las esquirlas sirven de una segunda arma.

El silencio duró horas, primero la lluvia suavizaba los escombros, luego el viento, cual perfume doraba los colores de las nubes, mientras el sol amanecía, lento, dormido, silente, como siempre pero como nuevo, tan ensordecedor era que simplemente oías ladridos de perros cuadras, pero nadie se atrevía a dar un paso fuera de sus puestos. Sólo era roto cuando uno que otro francotirador, apuntaba y mataba a un hijo de la isla de los listados rojos azules en su bandera.

Un silbido armónico ganaba espacio en el silencio, sus pasos cuadrados daban la seguridad de que venían muchos uniformados, era claro, Londres había caído y los sobrevivientes pasarían a formar parte de la gran columna de prisioneros de guerra, luego a vivir las miserias de los campos de concentración.

– ¡¡ Son americanos !! – un gritó atravesó cada montículo, cada fierro retorcido, cada pedazo de cemento, cada monumento destruido, poco a poco comenzaron a salir de sus escondites, aún a sabiendas que sobrevivían francotiradores por doquier, era un hecho, la guerra había terminado, volaron cascos, fusiles y gafas. Una felicidad se apoderaba de los tonos grises del pavimento mojado.

La noticia voló como golondrinas en primavera,  de lado a lado como arco iris, hasta llegar el comunicado al taller, los Deian y sus mecánicos terminaban de arreglar el motor de un blindado, con la noticia aprovecharon de salir a probar con tranquilidad afuera y sin resguardo, la euforia se apoderó del grupo, salieron encina del vehículo.

La mira estaba limpia luego de la lluvia, una bala recorrió quinientos metros y voló la cabeza de uno de los asistentes. Máuser no fallaba en sus manos y así siguieron cayendo todos los que habían olvidado sus cascos, también su padre murió, nuevamente la tragedia se empeñaba en asolar a los Deian.

El vehículo terminó chocado y luego un estruendoso cañón de un tanque americano terminaba con el hábil francotirador enemigo, la torreta de una iglesia se venía sobre el accidentado blindado, inconsciente el único sobreviviente, Deian hijo.

Continuará…

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