Podías verlo horas en las esquinas de las ventanas, contaba las telas de araña una a una, hacía música con ellas, en su mente, una orquesta invisible percutía sus neuronas, creo que era feliz.

Miraba el sol antes de saltar por las montañas, y veía como sus rayos lo iluminaban, resplandecía, era cierto, podría ser un Dios o un extraterrestre, porque era feliz cuando la luz viajaba hasta el suelo y una planta crecía milésimas por segundo.

Nadie advirtió su estado mental, para todos un loco más en el sanatorio, pero, atraía a los animales con solo murmurar una canción y luego de sanarlos volvía a su reclusión, donde la sombra sumergía todo su brillo y beldad.

Cierto día en su habitación una carta declaraba su partida, viajó con una cuerda en su cuello hasta el infinito, encendió la noche en el más allá, acá nadie lo olvidará y nadie lo recuerda, todos piensan que era una alucinación masiva.

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Un comentario sobre “Domingo de Pink Floyd – Brain damage

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