Había llegado tarde a la cita, apenas abrí la puerta estaba ahí, esperándome, tranquila.

Alzó los brazos, danzaba consigo misma, sus caderas se alargaban y sus manos fabricaban aves, las vi entre sus dedos, aparecerían efímeras, incendiaban el aire con sus alas. Tomé su remera, tenía la frase “se enamoraron de cada kilómetro que los distanciaba.” sonrió y sentí sus ojos brillar, mientras sus rulitos impedían sacarla completamente. Pude respirar de su pecho los latidos, esa hambre del alma, de la piel y el aroma del amor, pasar lentamente por el límite de su corazón, tratando salirse, entre su corpiño y mi boca. Continuó sus movimientos, se deslizaba con – Chet Faker cantando Gold – y sus ojos bajaron a mi, dió un giro indicándome desabrochar el seguro, de azules encajes se desprendía. Apenas hice un recorrido por la espalda, sus hombros, el cuello cubierto de ondulada cabellera, sus costillas exquisitas, toda ella seducía mis ojos, mis intenciones y mis ganas.

Me sedujo el ritmo de la música en su piel,
el recuerdo del verano era una línea horizontal,
un cuadro se movía con cadencia y elegancia,
ambos temblábamos, de amor y la primera vez.

Sin querer voltear por completo, dejaba entrever,
el volumen de sus pechos, jugaba con sus manos
para arrancar sus calzas y aparecía naufraga
la línea delgada del bikini, enamoraba su mar.

Sus Rulitos bailaban al compás sinuoso del beat,
en todas las curvas de la piel hacían magia,
el largo de sus dedos recorría cual amante
entre las sombras de las costillas y sus caderas.

En cada vaivén hipnotizaba mis ojos, su perfil
dejaba entrever su media sonrisa, de felicidad
mutua se encontraba con la mía también, ahí
fue donde ella se dió vuelta por completo.

Brillaban sus ojos, un arcoiris verde nervioso
acompañado de su ondulado cabello, dicha,
alegría y la piel tersa de su pecho a merced
de mis redondos ojos, alineándose locos.

El baile era intenso en su pecho, efervescencia carnal, sin darme cuenta estaba poseído,
en las aguas dulces de su piel, la tranquilidad
del aire y la música llenaba mi mente.

Cada movimiento era seguido por mi mirada,
sus brazos alzados hacían las paces con el cielo,
el infierno trataba conmigo de manera personal,
mi cuerpo era uno en el suyo, sin tocarnos aún.

Luego puso ambas manos en sus caderas y comenzó a bajar sus calzas, las sensaciones una a una desfilaban en mi garganta hacia el torrente sanguíneo, vivir era una piel con sus llamados. Mientras susurraba “You gotta know, I’m feeling love. Made of gold, I never loved her. Another one, another you. It’s gotta be love I said it”. Estaba desnuda frente a mí, su piel ardía, Venus me llamaba con su lenguaje de aromas, me arrodillé y comencé mi procesión de fe y amor, llegué a sus rodillas, sus manos me presentaron. Hundí mis pensamientos, un gemido me recibió, sus manos me llevaron a respirar nuevamente, el vaivén de paisajes en sombras y humedad, nacía desde su piel, desde adentro, desde antes.

Otra canción empezaba a sonar, pero ese es otro poema, aún sin escribir.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://poetasnuevos.wordpress.com/.

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