El eco de las máquinas.
las balas holografías,
el desastre atrás,
las noches orgásmicas.

Era sencillo dejarse seducir, éramos arena,
hundían sus cuerpos al sol,
nos deformaban con sus volúmenes,
con sus alocadas formas de amar.

Se repetían sus huellas,
un zig-zag que luego olvidaban
en casa, en la desnudez
de sus deseos, en la ducha,
ya disueltos, volvíamos a la orilla.

Temprano, aparecían sus figuras,
delicadas postales del bronceo,
fluorescentes, eléctricas, mágicas,
humectadas hasta las sombras.

Dejaban a ministros en sus asientos,
pensando en la ley de gravedad,
para ellas la levedad eran
poco sol y muchas nubes.

Cuando sus ojos cerraban, otros, lejos,
podían husmear en las redes,
las carencias de la cama,
estragos de los pensamientos.

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