Llega el viernes,
con el recuerdo de sus labios,
de su estalladas caderas
– todo por lo leído de sempre sportiva –
ardiendo en mis manos.

Las horas previas, yo, en el trabajo,
ella en un apart-hotel,
ambos nerviosos desde antes
– un.brillo suave esmeralda –
desde twitter para ser virtualmente exactos.

Las horas restantes del día,
calurosas almas, calurosa tarde-noche,
los mensajes más calurosos
– la fe se llama Santa Ana –
hasta treinta un grados ese día.

Se fue el viernes, también ella,
una promesa parchada, unos sana sana,
volverán a unir los corazones,
– nuestras almas desde el dos mil doce –
haciéndose Rulitos como amor.

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