Mujer, se recóndita en mi,
toma como tuyo,
debilidades,
pesares,
házlos desaparecer.

Invade con tu creencia,
reza toda vez que el silencio
trate de separar nuestros labios,
pero por favor no corras las cortinas
después de hacer el amor.

Mujer, házte visible en mi,
sal de mis costillas,
luz de tus ojos
para este cuerpo
tan tuyo,
tan ciego,
tan muerto,
tan sólo.

Ama, gobierna y somete,
las horas de mil palabras,
el sudor de mi pecho,
en tu pecho, en mi boca,
las voces y sus ecos,
susurros de sobrevivencia.

Mujer, de ti y de tu ombligo,
el centro de atracción,
en rededor un canto,
de mis manos germinando girasoles,
esa tibia conexión,
al escandaloso gemido,
al oleaje desmedido,
al paso hondo y su salto.

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