Promesa, parte tres

Abriste la puerta del dormitorio y me invitaste a entrar con un chas chas, apegada a mi espalda me condujiste, antes de llegar al borde de la cama acercaste tus labios a una de mis orejitas y dijiste – te voy a amar toda la vida así – me recosté relajado de espaldas, respiré profundamente y sentí tus labios en mis pies, rodeabas mis pantorrillas con la delicadeza de tus besos y ascendías atrapando con tus brazos mis piernas, sobre las rodillas el cosquilleo de tu lengua agitaba mi ser, ahí recostabas tu cabeza y extendías tus labios, sentía tu respiración cerca de mi sexo. Primero una caricia con tus dedos, luego tus besos me inundaron, hasta que tu boca me atrapó literalmente, crecía y crecía la pasión en ambos cuerpos, tus manos libres recorrían mi vientre, mis piernas, me apretabas y un ahogo nos silenció por un instante. Tu boca y mi sexo eran uno, era de ti todo lo que abarcaran tus manos, tus deseos, tu amor.

Continuará…

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