Historia de amor, música, dieciséis de noviembre

Recuerdas que decía el viento cuando nos besábamos, en el momento que volábamos labio a labio a contra boca,
cuerpo a cuerpo,
las lenguas en nuestras desesperanza,
– exacto, no había música –
hacíamos melodías silenciosas
armonía y cadencia,
caricia eterna de la tierra húmeda.

Con los ojos cerrados éramos pentagramas donde la llave de sol
abría el pecho,
en medio de la nada
una terraza nos brindaba
el espacio justo para sernos melodía,
los sonidos se sucedían,
las notas corregían el curso de cada beso
como el viento, como el sol,
como el tiempo,
encendíamos los sonidos hacia el cielo.

Las aves cantaban nuestras bocas
– madres de la bella sonoridad –
su vuelo emulaba el baile de las nubes
– aunque ese día no habían –
– candilejas – nuestros cuerpos
éramos la canción,
la partitura y la alegría,
esa música nunca se apagará
vive más allá de un beso o un millón.
Habrá más canciones para tocarnos.

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