Las aventuras de Rústica y Puntilloso, primero de mayo (II)

Fue cuando llegamos a la estancia de don Ambrosio Olmos, también llamada “Estancia El Durazno” es que mi Rústica quedó enamorada de una iglesia gótica y con lujo de detalles comenzó a dibujar. Desde dentro de nuestra Combi pudo trazar las líneas de un hermoso y bien mantenido edificio.

Sin embargo la diversión estaba afuera, dejar que la llovizna nos hiciera sentir la naturaleza recibiéndonos feliz y en ese idílico lugar, alejado de la ciudad nos pudimos conectar nuevamente los dos.

Amor,
sencillo y diligente,
vienes ardoroso
a evaporar tristezas,
entre nuestras manos
la felicidad y alegría,
crean, dibujan y enamoran.

Amor,
hechos de pedacitos,
cubiertos de alma,
arrancados de la desolación,
del silencio obligado,
traes la sincera piel
a entregarse por amor.

Amor,
es el ahora siniestro
un embate de realidad,
esa especie de franquicia triste
que deshoja nuestro árbol
de pequeños frutos,
de grandes ramas por cierto.

Amor,
hemos venido con la sangre nueva,
aunque seamos dos viejos locos
desde que encontramos el amor
en un espejo virtual y en verdad
éramos dos necesitados de vivir
abrazados al alma que somos uno.

Luego de besarnos con el hambre que dan estos viajes, nos adentramos en nuestros cuerpos, en nuestros propios viajes de alma y sangre ardiente.

Continuará…

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