Poema de sábado (III)

Extiendo mi cuerpo encima de la cama y permito al frío y la luz jugar sobre mí piel, se parecen a tus manos suaves y cálidas, reconociendo cada sombra, cada lugar, cada invitación, tus dedos son hábiles e incitan a buscar su cauce.

Sólo tus manos digo y ya están tus labios inventando un camino entre las gotas sobrevivientes, entre ese vapor llamado deseo y el inquietante fulgor interno de la sangre en una autopista directa al despertar del amor, entonces aceleras, quieres estrellarte.

Me dejo llevar, la luz incandescente crea un río y vuelvo a ser agua, agitas mi centro, quiero vivir dentro, donde la paz hace el amor en millones de orgasmos, donde el silencio besa mi cielo y caes convertida en un instante, entonces abro los ojos y está oscuro.

El tiempo vuelve a reírse y los sueños cansados de este cuerpo me dejan partir, la inconsciencia es un sagrado rincón sin luces, sin tacto, sin sentidos y con palabras de un nuevo sábado de poemas y penas. Ya no estás o nunca estuviste, todo lo viví en un segundo.

Continuará próximo sábado…

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