A seis tiempos

(I)
Mirábamos el cielo
con la esperanza
que una estrella fugaz
nos devolviera
la ilusión.

(II)
Cruzó el infinito
rasgando nuestros ojos,
el corazón fugaz
había actuado en conformidad.

(III)
En el pecho,
ambos teníamos
estrellas ardientes

En el cielo,
dos corazones
manchaban
de rojo.

(IV)
A tientas buscamos
una roca grande,
un pedazo frío
de decepción.

Apenas tapamos
la boca granate,
un delicado filo
de ilusión.

Nos hundió el peso
de las consecuencias,
tarde para velas,
para huir al cielo.

Nos comió los sesos
de las apariencias,
tarde para ella,
fatal para mi.

(V)
Aún conscientes
de nuestros actos
disparamos.

Recordé a Emeli Sandé

Lacerados pero en pie.
Obsecados pero diáfanos.
Vacíos pero vivos.
Estáticos pero pasajeros.

Las palabras tenían sangre
azul y escarcha,
en su viaje interstelar
tomaron nuestros cuerpos.

(VI)
Nada nos recordará,
una canción inútil,
el lazo plateado
en el cielo.

Nada nos llamará
a pedir explicaciones.
Excepto las fotografías,
sus colores no mienten.

Nada nos unirá,
hemos muerto
noches de cuerpos
y suero de almas.

Nada nos acogerá
en su regazo de recuerdos
siquiera.

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