Me inundó su desnudez

“La estancia toda se sentía saturada de su intimidad.” Gabriel García Márquez, memoria de mis putas tristes.

Me cubrí con su piel, un abrigo humeante respiraba y sudaba por mi frialdad.
La tocaba cada célula de mis pensamientos,
ella se hundía en si misma.

Su espalda en mi boca se movía cual gacela en las fauces de su depredador, sonreía, aunque mis nervios apretaban hasta salivar.

A mayor fuerza respiraba su sangre entraba por mi garganta, era feliz. Sus dedos lánguidos eran la presa útil, el chivo expiatorio de sus carnes y del hambre en el aire.

Volteó en un intento fantasioso, verla de frente, viva y elocuente sólo aumento la presión, nunca soltó sus dedos, nunca murió entre mis dientes, cerré la puerta que jamás debí abrir.

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