El arte de tocar (serie 4/4)

Sucedió que fuimos orgasmos,
uno tras otro
iban cayendo sobre nuestros cuerpos
y fuimos felices
en la dispersión natural del gozo,
nos recogíamos
y luego volvíamos a explotar en la danza siniestra de la pasión.

En cualquier momento
dejarían de ejercer
su poderío en nuestro interior
y nos moveríamos estrellados
hacia las lejanías de la cama,
en los bordes del vacío natural de los cuerpos,
en ése exceso de unión
y la ausencia total de soledad.

La espiral excéntrica
por física cuántica nos llevaría
a confines donde nuestro espacio
sea tan vital para continuar
y perpetuar el yo
por sobre el instante del nosotros
y cuales átomos
en busca de una nueva fusión
tomar cada uno su licencia de sobrevivencia
y salir arrancando.

Sin embargo,
nuestras manos buscaron
en el instante de fuga
un corazón para compartir sus latidos
y ahí aún “pegaditos”
fuimos quedando libremente aprisionados
en la danza del éxtasis mayor,
luego de la caída de los orgasmos
chorreando por los valles de tu vientre
y eyaculando locura
por todo tu hermoso cuerpo.

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