Historia de amor, diamantes dormidos (II)

Photography by Magdalena Franczuk

Sal, la noche es un racimo de estrellas.
Estamos para comernos el mundo, pero,
¿por qué no empezamos por nosotros?
Lima tus voces al frío,
garúa de pensamientos locos
aprender a viajar en verde.
¿Quién sabrá dónde termina esta canción?
mil palabras parecen poco.

Ya te dije sobre el silencio infecto
de poemas y proesas. Fuimos
Capricornio y Orión muchas veces.
Al ver bajar un verso muerto de frío,
posar en nuestra boca y reanimar,
soltar el lápiz y devorar la idea.
Dios no es un poema vivo,
Sólo su hijo nos trae la comida.

Hemos roto
a tirones el mundo,
al principio
nos creían.

Se dieron cuenta.
Ni plata,
Ni oro,
Ni diamante,
sólo piedras.

Alguien creyó,
rezó mil veces
por cada estrella
viajó en ellas.

Desde el suelo,
muertos de miedo
nos vimos al espejo,
nada ha cambiado.

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