Descubre América del sur

Desde pequeño había escuchado esta canción y ciertamente no me sentía muy cercano a su letra, sin embargo, el nombre de esta artista ha sido alzado más allá de su partida en el año 1983, sin duda una fiel representante de un estilo musical hermoso.

Con ustedes Chabuca Granda

La flor de la canela

Un paseo por las calles de Lima

perfuman de orgullo la mirada

a paso de vals recorro la vida

con el corazón en andadas.

El aire me habla de sus rimas

del acento cariñoso que engalanaba,

la música la recuerda con alegría

su voz jamás igualada.

Habita la memoria legitima

del pueblo que la vió Chabuca Granda

cantando a las flores de la vida

con una gran y fina estampa.

Mis palabras sólo pretenden traer a la memoria a una artista, con mucho respeto hacia el trabajo dedicado toda su vida.

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Poema de sábado (III)

Extiendo mi cuerpo encima de la cama y permito al frío y la luz jugar sobre mí piel, se parecen a tus manos suaves y cálidas, reconociendo cada sombra, cada lugar, cada invitación, tus dedos son hábiles e incitan a buscar su cauce.

Sólo tus manos digo y ya están tus labios inventando un camino entre las gotas sobrevivientes, entre ese vapor llamado deseo y el inquietante fulgor interno de la sangre en una autopista directa al despertar del amor, entonces aceleras, quieres estrellarte.

Me dejo llevar, la luz incandescente crea un río y vuelvo a ser agua, agitas mi centro, quiero vivir dentro, donde la paz hace el amor en millones de orgasmos, donde el silencio besa mi cielo y caes convertida en un instante, entonces abro los ojos y está oscuro.

El tiempo vuelve a reírse y los sueños cansados de este cuerpo me dejan partir, la inconsciencia es un sagrado rincón sin luces, sin tacto, sin sentidos y con palabras de un nuevo sábado de poemas y penas. Ya no estás o nunca estuviste, todo lo viví en un segundo.

Continuará próximo sábado…

Poema de sábado (II)

La ducha susurra a mis oídos un jadeo estéreo y dice querer bajar cuando ya inunda mi piel por completo, no me muevo y sin embargo ella desliza su calor, cedo, me entrego a ese masaje delicado del agua caliente, renacen los pensamientos de amor y sexo.

Cambio de posición y ahora es mi pecho quien recibe la fuerza y la forma del agua, las gotas aunadas bajan con interés inusitado, yergue lo que debe erguir y ensalza todo a su alrededor, una alegría inunda las venas, ahora sobresalientes.

Aquí no paro, me dejo llevar y así dejo al shampoo, bálsamo y jabón jueguen con mí cuerpo hasta la satisfacción y la evidencia empírica de mi limpieza total de pies a cabeza, escurre todo y un canto final deposita las historias que jamás contará el agua.

Entonces la historia vuelve a la cama, a ese espacio íntimo, tranquilo y fugaz a la vez, aquí donde el amor huele a recuerdo, la nostalgia trae náuseas y el olvido juega en tu garganta antes de tragar todo ese veneno del ayuna del alma y dejas espacio al corazón.

Continuará hoy…

Poema de sábado (I)

Este es un poema de sábado, recoges el sol, pasan a dejar junto al periódico de un vecino con dirección errónea, pero yo no leo las defunciones en búsqueda de familiares, tampoco ofrezco los rayos matutinos con azúcar, bebo luz antes del amanecer.

Con mis manos mezo las cortinas, las arañas bailan en sus telas, reclaman y sin embargo no se oye padre, en su religión si vuela una mosca luego es banquete, así entro sin ser invitado e inundado con su dorada membrana de color miel toda la habitación.

Apenas ilumina salgo, mi síndrome vampiresco acelera la llegada al salón de estar (3×4 mts 2), ahí las sombras chinas aún abusan de sus formas y aunque no las vea bailar se sienten golpear los muebles de madera cuando hacen los pasos de swing.

Luego de acostumbrarme de nuevo a la semi penumbra voy a conversar con el agua y su ensordecedora plática, me invita a pasar a la ducha, yo no canto, la escucho hablar con mi piel, enmudece la suavidad de sus caricias y mi sangre es revolución.

Continuará hoy…

Nota: ningún elefante fue columpiado

Historia de amor, todos los días, veintinueve de marzo

Todos los días me acompañas al super, así como ese veintinueve, elegimos las carnes y reímos del sólo hecho de pensar cómo pedir un corte u otro.

Todos los días madrugas(mos) para estar conectados, camino al trabajo y después de haber estado al desayuno, aunque me haga el sordo con el mate.

Todos los días hablamos del menú de aquí y del menú de allá, ahí salgo perdiendo porque “la Nana del Conde” solamente hace pastas y sin carne.

Todos los días hacemos juntos el banco, despachos y uno que otro encargo, pegaditos siempre porque así nos necesitamos.

Todos los días te llevo a mis piernas y te hago chas chas por andar aún descalza, pero por amor siempre desnudos de piel para sentirnos.

Todos los días hacemos el amor antes, durante y después del almuerzo, porque estar pegaditos ha sido nuestra forma de expresarnos.

Todos los días son la primera vez que tus ojos encontraron mis achinada mirada y así nuestro primer beso fue tímido, silencioso y revolucionario.

Todos los días nos abrazamos como en Santa Ana y bailamos al son de dos cuerpos haciéndose uno, la música es todo lo que nos extrañamos.

Todos los días son la música de Martynov, Los auténticos decadentes y alguna banda de cuarteto, alegría desde la mañana a la noche.

Todos los días entre medialunas, la tarde comienza a descansar y es hora de llegar a casa, ordenar la mesa y esperar por las milanesas de pollo.

Todos los días nos vamos a la cama llenos de amor, para devorarnos de nuevo y más, y ahí satisfechos soñamos que estamos viviendo ya.

Soledad

Cuando el mar o un río me guían
por el espectáculo del atardecer,
siento de forma bella, colorida,
sutil y acompañada mi alma.

Cuando la inmensidad de las nubes
forjan sentimientos de viento
en la quietud de mis pupilas,
el paisaje me transforma feliz.

Cuando miro hacia adelante
la magia de la naturaleza,
el vigor del corazón late
en cada destello de mi sangre.

Cuando nada más que la belleza
de un momento eternizada
en el simple hecho de respirar paz,
es cuando la soledad desaparece.

Poemas de campo y mar

Yo no soy de mar,
pero voy a recoger poemas
de arena y sal,
de caracolas en pena.

Yo soy de campo
pero los poemas son aves
de alas grises y ojos pardos,
en el planear está la clave.

Yo no soy de mar,
pero voy por las piedras,
las que no paran de brillar,
hay poemas pegados a la hiedra.

Yo soy de campo,
miro los poemas en sus nidos,
de los árboles que no alcanzo
donde versan sus trinos.