Luz

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Dima Rebus - watercolour artist

Beberé de la luz
como falo lumínico
de saciedad,
ya sea leche o cal,
dejaré seco el faro
hasta mis entrañas
arderán de bondad.

Cerraré los ojos
para evitar la ceguera,
esa salpicadera fotosensible
dejará un reguero,
marcas de primera,
la sabiduría en las comisuras,
babeando de luz.

Bajará por el mentón,
hinchará mis pechos
de preciosa luminosidad,
arderá la garganta por fuera,
con un nido en el ombligo,
goteará su cauce,
hasta el hartazgo sexual.

Toda hinchada
como el papel, que,
da vida a esta obra,
surgiré real, con esta lengua
atravesando un mural,
en tus ojos de poema,
también seré letra.

Notas de acuarela

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Margaret Bergart

Dejé en alguna parte el papel
allá lejos los colores, tristes,
se hicieron camino, encontrarse,
fue difícil para ellos, objetos.

Luego los vi, forzándose con ayuda
del viento y algo de agua, felices,
volcándose los más débiles, ellos,
supieron ganar al rojo o al amarillo.

Sus líneas nacieron después, raíces,
dicen que serán flores para Margaret,
ahí se formaron dulces amapolas,
las más tristes eran todas delicias.

No necesitaban agitarse al viento,
ya eran creación única e imperecedera,
en la memoria de ese corto día,
donde nacieron las más bellas.

El Arte de las flores

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Georgia O'Keeffe - Blue Flower 1928

Fue como tomar palco,
admirar una obra de arte,
la naturaleza de una flor azul
en frente de mis ojos,
La vi a ella
brazos abiertos,
pechos al cielo,
bella, bella,
piernas cruzadas
respiración agitada,
lo colores de su piel
y el neón azul afuera,
decían “Vacancy”

Entré y me teñí de ella
que más da nos escucharan
al final todos éramos artistas
nos pintábamos de las bellas
a veinte dólares la hora,
tomabas una habitación,
con un atril de cama,
los lienzos perfectos,
acuarela en la boca
o en las manos
y también en el cuerpo.

Trazos largos, silencio pequeño,
hundías el pincel con pasión,
surgían los colores, quejidos grandes,
tomaba forma tu obra,
la figura se plasmaba, orgasmos
en la mirada y la musa,
se deshacía en tus manos,
agua por favor, más agua,
los tonos afiebrados del cuadro
delataban los momentos culmines,
la obra abarcaba toda la luz,
la ventana, otro ojo de azul los llenaba.

Salías extasiado a la calle,
más radiante que el sol,
la obra de arte tu cuerpo
era un infierno propio tu andar
el azul lo llevabas dentro,
desde tu mente se hacía vagar
las pinceladas de su boca
te recordaban lienzo, textura, agua,
descansar el pulso, volver a secar,
ningún rastro de principiantes,
quedabas convertido en maestro
por veinte dólares en el motel del arte.