Anatomía del mar dos

Fotografía tomada por mi

La doncella y la muerte son una,
una tarde, un instante, un momento,
pasó tan rápido, tan filuda,
que no supe si era cierto o sólo otro invento.

La doncella de negro o color incierto,
se bronceaba en las miradas
del infierno y otros relatos menos viejos,
aceleraba el pulso del mar y sus aguas.

La doncella en el aceite cosía,
mi boca seca a su pecho de monumento,
de sus piernas delicadas me cogía
a su carne, mi hambre y mi infierno.

La doncella se oculta en su traje de baño,
lo demás es pura fantasía, salvajadas
de un juglar anticuado con gafas y años
observando la vida de las doncellas imaginadas.

Silencio, parte dos

Incluyo esta excepcional pieza musical para acompañar mis palabras.

​Íbamos a ser hojas entrelazadas, eternas, perenes, billantes ante los demás, nuestras ramas amantes,nos llevarían hasta el cielo por las noches desnudas, queríamos amarnos bajo la luna cuando se abre como flor.

Íbamos a ser primavera y viajar con el viento, conocer el mar de su boca, de su sal, de sus nubes, en la hondonada tristeza reiríamos como locos, dos locos, el eco sería tal que jamás sabrían cuántos éramos al empezar.

Íbamos a ser una danza de arce y abeto, nos llamarían Stradivarius, podríamos ser recordados por centurias, ensimismadas, escuchándonos, todo ese río de savia nos llevaría a soñar todo lo posible, encordados y forjados entre capas de barniz junto a la pasión.

Íbamos a ser amantes desde las raíces hasta la copa, frondosos, nos abrazaríamos toda la vida, lustrosos y bestiales, arrojados al cielo, los nidos sucumbirían con nuestra historia de amor y vivirían, miles de momentos más acuñados entre el verdor y el amor.

Íbamos a ser tantas cosas, desde semillas que nos venimos amando, desde la concepción misma como dos grandes árboles, solamente que nadie les dijo, no tuvieron tiempo de avisar y avizorar, que nacimos con una cordillera entre las costillas separándonos de por vida.

Instagram XXVII

Buenos días a todos los que también siguen mi cuenta de Instagram.

Se parece a ti…

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¿A quién se parece?…

Beso el aire, apareces en mis labios.

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Los besos…

El sol es un poema que nació a través esa imagen.

Hice un poema…

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Sobre las fotos tomadas con mi smartphone

En su…

Lucien Clergue – photographer


En su vientre mi boca hace nido

dejo besos y bajo por alimento,

vuelvo con suspiros de mar

y el repicar de las olas nos moja.
En su pecho el cielo nos besa

y humedece las bocas y sus hambres,

por dos el amor se hace carne

los delirios a todo se asemejan.
En su piel todo es caprichos,

de los hermosos y revoltosos,

juega a que todo es camino

así me deja sin hambre y virtuoso.
En su amor el agua nos florece,

crecen olas desde la boca a los pies,

bajan por los muslos o suben por los brazos,

el cosquilleo del mar salvaje.

Temporera

Fuera agua de uva en tu pecho,
latieras a borbotones de la tierra,
fecundaras el mar con tu calma
dando a luz el anunciado otoño.

Mas no eres eso,
sólo haces posible
que así sea.

Un dios bajó y besó tus manos,
no eran suaves cortando la parra,
ásperas como la tierra antes de tu arte,
es más, huías de su interrogante.

Y dijo: De haber un Dios en la tierra,
que ama, siembra, protege y cosecha,
todo lo que sus manos abarcan, jamás,
tendrían este aspecto humilde y hermoso.

Me rindo ante la vida prodigiosa,
he jurado proteger la vid y tú mujer,
eres cada gajo colgando, enardecida
gloria de amor y entrega, eres el fruto.

La concepción misma,
la divina providencia,
la cautela junto al cuchillo parralino,
la ahuyentadora de las garúas
y el frío mata siembras.

Ella cuaja la luna sobre un sartén,
desayuna estrellas sin cortar,
revuelve juntas y sirve al amanecer,
cuida desde la raíz hasta las hojas.

Los ojos del cielo te han mirado,
el hombre moderno sólo sabe de dinero,
para ti es agua entre las manos,
el abono de la tierra lleva tu nombre.

Tiempo

image

Hoy tuve tiempo
y me bajé del planeta,
ayudé a una planta crecer,
detuve mi automóvil.

Mire la lluvia en cada gota,
acechaba un nido,
salve ruiseñores,
secando sus alas.

El día era frágil,
lave con barro sus ojos,
el sol supo brillar
aún con ese pesar.

Cielo, te miro
lienzo semipintado,
tu celeste lo vuelvo a escoger,
de una bandera, allende Los Andes.

Ahí te bañe infinito,
mil colores hechos agua
de mar, arrojados al todo que inundas,
las sales parecían estrellas.

Estabas en el oro de todo,
en mi yo detenido, contemplativo,
dibujado en mis canas,
ese frío del alma desaparecido.

Volar

Yo quería volar sobre ella,
ser la sombra engulléndola
el ave regresando del vacío
con el hambre del cielo,
la quería sola, egoísmo nuestro
abriendo sus alas, sus brazos,
pintar sus pechos con un millón de bocas.

Hacer en su vientre un concierto
al aire libre y arder los maderos,
prendernos fuego a contra viento,
desafinar en las notas risueñas,
ahogar cada tecla en tus caderas,
montar un espectáculo pirotécnico
con el juego de los colores en las manos.

Desnudos, si desnudos, rozarnos,
sentir el pulso hundiendo el letargo,
chuparnos dulces, almíbar de cuerpos
devorados en una cama de algodón,
volver a la adolescencia de los sentidos,
jugar a escondernos en nosotros,
sin contar hasta tres, salir y darnos un beso.

Dibujarnos y rompernos en ese instante,
lanzar acuarela sobre los recuerdos,
ser de oro y plata, fundir los metales
con sus ejes de sangre y volar como antes
cuando éramos ángeles cantando al amor,
soñar que era cierto este sueño sideral,
volver a cerrar los ojos y despertar.

Matando el aire

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El cuchillo cortaba el aire,
los gritos se sentían
ese filoso paso abría
en dos el estómago,
las vísceras volaban,
moléculas de dióxido carbono
destazadas,
el oxígeno tímido
se miraba y sangraba,
fluidamente.

Era una masacre
a nivel atómico, molecular,
la piel yacía expuesta,
sus tensiones son mayores,
nunca tan doloroso
el blandir de esas armas, mortales,
pedazos de nitrógeno,
desmembrados y mal olientes
perecían ante el roce.

Hasta los nobles transeúntes
argón de poco movimiento
eran alcanzados en la sanguinaria
y silenciosa estocada al aire,
el ozono siempre más volátil
había agotado su fortuna y expuesto,
sólo compartía el reguero de muerte.

Assassins a contrata, viles sicarios,
eran las últimas palabras
en nomenclatura de criptón,
un chico joven del barrio,
sin saber cómo defenderse murió rápido,
tanto Neón como Metano,
quedaron descompuestos, fragmentados
al fulgor de neón sólo fue aviso
de su muerte y el inconfundible hedor de metano.

No había caso, un siniestro fin tenían
quienes osaban acercar, comprimir o detener,
la muerte los seleccionaba con una mira,
desde la punta del cuchillo y abría al cielo,
caían o volaban según su peso específico,
la sangre nunca había convertido
el plano espacial en tantos colores.

Todo era hidrógeno y muerte,
ese sabor a oxígeno en la garganta,
tal cual, oxidando los cuerpos,
los restos y su descomposición,
aceleraban la pena y el olvido,
rápido, rápido, nanosegundos,
ya florecían desde la misa herida,
sabios y competentes,
los amos del aire en majestosa algarabía,
volvían a ocupar ese lugar donde la muerte,
recién había hecho estragos, pero,
el pasado renovaba la memoria
de los mismos elementos atacados.

Baguette

image
Will Norris, le petit parisien 1952

Conmovido por esta imagen,
majestuosa instantánea
de un chico parisino
y su gran cometido.

No sabemos si corre a casa,
simplemente su alegría evidencia,
la empresa se ha llevado a cabo
un gran baguette parece banquete.

Todo a favor de sus ansias,
despejado el camino,
claro el lente del artista,
la felicidad es mutua.

Un recuerdo encontrado
en este mundo apresurado y virtual
con la misma rapidez de ese niño
se acaba mi poema.