Historia de amor, La Vie Est Belle, dieciséis de noviembre

Roce mis manos entre la blusa y seguí por su espalda el corpiño, sentí La Vie Est Belle emanando, recibiéndome y haciéndome participe de su dulce y excitante momento.

Me hablaba en todos sus idiomas y yo escuchaba con todo el cuerpo, La Vie Est Belle ya era parte de mi aura, respiraba y el aire era rosado, tenue y feliz. Como ella también yo podía ser su perfume.

Cuando mis labios llegaron a su piel viví, había una graciosa sensación, esa mezcla única de cada aroma y la humedad cálida de mi boca, más abierta y más hambrienta.

Repetí muchas veces la acción de rozar su piel y La Vie Est Belle volvía con esa sutil fuerza de hablar al tacto de mis manos, en cada uno de mis dedos guardaba la sensacional fragancia de su vida bella.

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Historia de amor, el cielo, dieciséis de noviembre

Uno, dos, tres… hasta el piso treinta, un pasillo y a mi derecha la puerta del cielo, de las terrazas y una voz pidiendo auxilio, ella con gafas de diosa y un fulgurante ojo verde, mirándome feliz y encerrada.

Su acento imperial inundaba mi alma de alegría, las mariposas vuelan alto y con fuerza agitaban mi piel, mi timidez llena de colores y ese brillo indescriptible que viajaba por mis venas, llenas de fe.

Luego la puerta se abrió y fue bienvenido, estar vivo y en el cielo a la vez me permite escribir este momento único y mágico, electrizante terraza, de tonos vainilla el cielo, simplemente recordé ese film.

Él mira y aparece Sofía, su mejor amigo, un abogado y el chico de soporte técnico, tienes dos opciones le dice el encargado, sigues durmiendo criogenizado o te lanzas desde el edificio y despiertas. Wake up.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, octava parte

La cena es un rito, antes, durante y después…

Corro al baño a lavar mis manos, a pasar el jabón entre los dedos y a secar profusamente, voy al refrigerador por restos del almuerzo y sé que ella preparará verduras, onda light, onda espiritual y onda nutritiva. Entonces pregunto ¡¡ y la carne, las milanesas !! desde la sala, especificamente desde el sofá una risa inunda mis orejitas.

Camino de a poco hasta llegar a ella y el verdor de sus ojos refresca mi hambre, la beso y doy por superado la falta de carne, como pez, como amor, se desliza en mi boca, sus besos proveen de más ganas y la cena se hará entre nosotros con paz y algo de música y algo descalza de mi adorada Rústica.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, séptima parte

Ambos recostados sobre la manta…

Y las nubes tomaron forma de poesía viva, y sonrieron con ellas y las aves bajaron al pasto al sentirnos reír. Rústica pasaba su cabello por la cara de Puntilloso, lo dejaba tomar notas de las hojas cayendo en el pasto y las peleas entre los gorriones (ruiseñor) por restos de ramas para sus nidos, ella sabía que él recoge versos espontáneos cuando la naturaleza hace su obra, vivir y darnos vida. Respirar bajo un árbol ha de ser la experiencia más gratificante para un ser humano.

La manzana de la discordia

Rústica siempre trae consigo meriendas naturales, saca su manzana roja y siento el olor dulce al enterrar sus dientes, me queda mirando aún la boca en faena y dejo tirado el lápiz y abro mi boca para rescatar a esa deliciosa fruta, ambos mordemos, ambos reímos y nos miramos con ojos locos y sin poder reír para no soltar la manzana seguimos masticando, hasta llegar al centro, nuevamente nuestros labios, muy húmedos están juntos, dejamos caer el resto y nos besamos.

El sol despide este día

Naranja resplandeciente,
retales de colores
incandescente amarillo,
ensordecedor,
desolador,
abrumador.

Un brillo sin precedentes,
el capítulo final,
desplegados sus rayos,
un zumbido
inunda
el réquiem diurno,
fallecen los colores.

Volvemos a casa, la cena ha de ser otro momento entre Rústica y Puntilloso.

Contiuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, quinta parte

Salida de paseo

Rústica piensa en el sol, el aire libre, caminar descalza sobre el pasto fresco y húmedo, ella dice ser muy relajante, pega un mirada a Puntilloso y con sus ojazos le convence de inmediato, él toma su libreta, encaja unos buenos lentes oscuros, le gusta el sol también pero poco. sonríe, no tiene escapatoria.

Toman el camino amarillo y juegan a cantar en inglés (ella ríe más fuerte) Puntilloso se anima y ríe, de verdad, del alma, Rustica es feliz poniendo su cabeza en el pecho de su amor, siente su corazón latir fuerte, ambos se sanan caminando, siendo ellos, diferentes y enamorados.

Llegan a un plaza y el viento anuncia un día agradable, Puntilloso toma una manta y la deposita en el pasto, Rústica rauda descalza sus pies y sale a caminar, a conversar con la flores, él la mira y hace un verso entre la hermosura de las flores y la mirada de amor de su Rústica.

Ella lo besa, lo sonroja, lo hace vibrar, ambos pueden volar en ese instante, entre nubes y aves.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, cuarta parte

Mientras Rústica busca el viento para desordenar su cabello, Puntilloso peina las “ies” antes que los puntos vayan a parar a los álamos como cierta pelota de rugby (historia para otro relato).

Como soldaditos de plomo en batalla caen las comas y por más que Puntilloso intenta detenerlas no hay caso. Rústica pasa descalza y se clava un paréntesis cuadrado que yace desmayado patas arriba. Ambos ríen, Puntilloso recoje el descalabro y arma un puzzle para Rústica, ella hace sopa de letras para almorzar.

Luego viene un merecido descanso en el sofá, ella acomoda su cabeza en las piernas de Puntilloso, ella escucha atentamente poemas sobre una historia de amor y una lágrima corre en ambos rostros, si algo tienen en común son las historias de amor desde un domingo y un viernes.

Secan sus lágrimas con besos y ella desordena las palabras en la boca de Puntilloso, Rústica sabe enloquecerlo con tímidos besos y grandes ojos. Él vuela por los aires, tan liviano ese sentir, tan emocionante vivir al lado de una mujer única de pantalones campana y risa a carcajadas.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, tercera parte

Desayuno versión Puntilloso

Ella se despierta en la mañana y admira a Puntilloso, comienza a besar desde la frente hasta bajo la barbilla, él despierta sobresaltado y piensa, ” ya no tendré que lavarme la cara “.

Puntilloso despierto calza sus zapatillas, no es capaz de tocar la alfombra ni con la punta de los pies, Rústica duerme sedada por los besos que recién dió.

Él goza con el sonido de las tazas y ordena el servicio, cucharita, tenedor y cuchillo según corresponda, después de la biblia el manual de Carreño es imprescindible, aunque viene incorporado en su alma puntillosa.

Rústica siente el olor de las facturas dulces y saladas, el aroma del mate cebado y descalza camina por el pasillo hacia la cocina, ve a Puntilloso y le dice, “y ahora qué hacemos” él de todos los tonos rojos ¡¡Pónele!!.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, segunda parte

Desayuno según su versión…

Ella despierta y lo busca con la mirada; saberlo a su lado es todo lo que necesita para comenzar cada día. Él aún duerme, y ella no se cansa de respirar su paz. Suavemente besa sus ojos, sus tantos lunares y ese en especial que la enloquece (el que está a un paso de su boca).
Pierde la noción del tiempo cuando es él su mundo, porque así se eligieron, desde que se vieron…
desde siempre… según ella.
Descalza encamina hacia la cocina
La pava le guiña el ojo y comienza a rechinar; el mate se prepara, hacen pila las tostadas y aplauden el dulce de leche y la mermelada para ser los elegidos al salir de la heladera.
Ella suspira, sonríe por el sabor de su amado que aún inunda su boca.
La radio mira de reojo.. y lanza un gritito de felicidad cuando comienza a sonar; el dial donde siempre y a bailar!
El sonido de la música y el olorcito a tostadas lo despiertan…
Calza sus pantuflas y se peina con los dedos como acto reflejo para despabilarse
Llega a la cocina y la mira
Una tocesita anuncia su llegada…
La mira
Ella le sonríe
El suspira
Ella le dice
Y mi chas chas?

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso

(En esta parte va el autoretrato de Rústica y Puntilloso, sin embargo aún no se ponen de acuerdo en salir)

Todo comenzó en las redes sociales y nada hacía presagiar una hermosa desventura entre dos personajes tan distintos y a la vez tan parecidos.

Rústica usa pantalones “campana” como dicen por allá, de pelo largo y ondulado, libre como las flores sin arrancar de la tierra. 

Puntilloso usa bien las palabras, los acentos donde deben ir y las comas cada tanto las pone, otras las come, se peina con los verbos engominados y por cada adjetivo saca de la manga otros ases.

Aún así se entienden lo más bien, ella se deja llevar y juega con él, pero él como buen Puntilloso mira a Rústica y ríen juntos.

Continuará…

Historia de amor, los otros, trece de enero

De qué hablaban
el sol ese día
las nubes que no existían
el viento que no sentía
las personas que nos veían.

Ese murmullo de calor
la invisibilidad del agua
el silencio desapercibido
la locura de sus pasos.

Qué escuchaban
el sol pegado a nuestros labios
las nubes de nuestras lenguas
el apuro sigiloso del aire
las miradas de las personas en boletería.

Se derretían sus rayos jugosos
el agua iba y venía sin ser vapor
las ráfagas de pasión entre nosotros
querían besarse pero no podían.

Ese día éramos el amor, el encuentro
el sol interno, el viento
las miradas, la pasión, el tiempo,
la locura del momento.