No somos amantes

https://poetasnuevos.wordpress.com/2015/05/01/no-somos-amantes/

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Historia de amor, nerviosos besos, diez de Enero.


Ambos estábamos nerviosos,

mi boca no esbozaba palabra alguna

todo me lo decían sus ojos,

un beso nos llevó a la luna.
Aunque un sol gozoso nos giraba, dentro,

nuestros labios humedecían nerviosos

la fragilidad de las palabras en mi lengua,

ardían todos los miedos en una hoguera.
Mi poema de los nerviosos entra

por los ojos vidriosos de alegría,

besa toda su boca y no sabemos más,

habla el alma enmudecida de pasión.
La besé de los nervios, la amé en un beso,

no solté sus labios y aprendí con ella,

todas las palabras no dichas eran,

un millón de besos y muchos más.

Historia de amor, nerviosos, diez de Enero

Estaba nervioso el sol ese día, era tarde y no se atrevía dejar,la comodidad de las montañas, la suavidad dulce del celeste emergente.

El asfalto de la calle temblaba,podía sentir al paso de los neumáticos, un rechinar de dientes, los semáforos, viajan en verde por donde pasaba.

Cada parquímetro en domingo duerme, cierran sus bocas traga monedas, languidecen metálicos y estáticos, “en tu espalda desolada el frío misterio”.

Las paredes de los hoteles hablan entre ellas, anuncian sus pasos, los timbres del ascensor, sus manos al abrir las puertas dejaron marcas, como ese día en nuestras vidas, recién comenzaba.


Continuará más tarde…

Historia de amor, la mañana sabe, diez de Enero


La mañana sabe a uvas en su boca,

un gajo deshaciéndose en mis labios,

puedo aprietar en un beso el jugo

sabor a melón calameño y beberla.
Mi boca devoraba esa frutilla por labios,

rajadas en medio para deleite

de esta lengua deseosa de más,

esa sensación de dulce y ácido al morder.
El sol de esa mañana sólo endulzaba más,

sus labios derritiéndose en los míos,

éramos duraznos en almíbar,

nos abríamos al sabor de los besos.
Aprendimos juntos a pedir de boca,

nos reconocemos desde ese día

en el hambre de devoranos más,

una historia de amor acaba de comenzar.

Baguette

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Will Norris, le petit parisien 1952

Conmovido por esta imagen,
majestuosa instantánea
de un chico parisino
y su gran cometido.

No sabemos si corre a casa,
simplemente su alegría evidencia,
la empresa se ha llevado a cabo
un gran baguette parece banquete.

Todo a favor de sus ansias,
despejado el camino,
claro el lente del artista,
la felicidad es mutua.

Un recuerdo encontrado
en este mundo apresurado y virtual
con la misma rapidez de ese niño
se acaba mi poema.

Historia de amor, poema surrealista, diez de Enero

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Gracias, a la autopista desnuda esa mañana,
al stereocar y su canto de pendrive y Martinov,
también al amor de los semáforos,
verdes siempre que necesitaba recorrer, Amunátegui y Compañía.

Gracias bencina (nafta) por quemarte despacio
aunque era flama todo mi cuerpo, yo por dentro, a los relojes cansados de fiestas en sábado, aún, dormían cuando nuestro amor era en el I10.

Gracias aeropuerto por tus vuelos atrasados,
nos salvaste de habernos amado menos, y,
aún así ese tiempo era un elástico, se estiraba
entre nuestras manos que fueron las únicas.

Gracias a los transeúntes que nos miraban, besarnos, ellos entendieron sin palabras, teníamos ocupado, todo el amor que se hacia
esa mañana, al desayuno, crujíamos como tostadas y hervíamos como leche.

Gracias al no estacionar de la calle San Martín,
prócer argentino tenías que ser che,
fue independencia, de nuestros cuerpos abrazados a lo largo, de besos esperando
más de tres años.

Costanera Center no entras en el baile por grande.

De Luna a Selene parte trece

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

 

Eran hombres vividos en las artes del sexo duro, de esposas, látigo y cuanta crudeza se les ocurriera y ella los doblaba como rompa interior, con cariño y manipulación, sorprendidos en ese espacio infinito como la calidez de su pecho, adormecidos por las canciones mentales que les hacía sentir,  y esas orgías, de las cuales eran dueños, amantes de todas las mujeres posibles, eran sus propias ansias las que los llevaba al delirio y caminaban ciegos al Valhalla, eruditos del cuerpo femenino se querían saltar las fases de conocimiento, parlamento y llegaban directo a someterlas, era ahí donde las sencillas virtudes de Selene la elevaba a una Afrodita y toda la cultura de ritos la acercaban a la perfección amatoria, su pecho enardecía y ellos caían en la fiebre que todo ser humano conoció antes de la muerte, antes de osar copular con una Diosa.

Ahí fue donde la conocí, caminando por las calles, haciéndose espacio entre veteranas y dueñas de esquinas para perderse entre la indecencia humana que todos llevamos, cuando la miré no podía creerlo, temí, lleno de miedos me acerqué y sólo dije un hola, tomó mi mano pero me rehusé y salí corriendo, no tenía edad para andar por esos barrios, pero mi padre me había dado el dinero para hacerme hombre antes de que me echara a patadas por ser más parecido al hijo del vecino, no quiero hijos gays en casa, fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta, y había pasado gran parte de la mañana preguntando dónde encontrar, bueno, es obvio que buscaba. Empezó a oscurecer y me encontré con ella de nuevo, seguro me siguió, la cosa es que nos encontramos en una plaza, y antes de decir algo, tapó mi boca con un beso, un beso de esos donde el cielo es frío y pequeño, comparado con su beso, sin decirnos más nada, estábamos como adolescentes sobre el pasto, sonriendo de la pequeñez del mundo y lo grande del amor, me reconoció débil para protegerme y fuerte para apoyarse en mi pecho, sólo escuché su nombre y la dulzura de su voz para saber que no sólo los poetas tiene la Luna para ofrecer, a mi había llegado convertida en una chica adorable y esa noche de verano llovió en cuatro ojos, me contó todo y todo era un infierno, pero me miró y también dijo, ahora estoy salvada de seguir haciendo todo lo que me forzaron.

De Joe no supimos mucho, la policía llego a Vermont y desapareció, para siempre. Han pasado tantos años de terapia y dos hermosas hijas; Selene y Afrodita que la vida nos sonríe, todos tenemos demonios y dioses dentro, sólo que algunos jamás debe despertar, aunque cada tanto me posee y yo pienso que es más amor que deidad y ambos nos habitamos de la misma dulce y fuerte manera que la primera y todas las veces siguientes.

FIN

De Luna a Selene parte doce

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

 

Joe aparece con Luna caminando por una autopista, saliendo de la ciudad y con los dedos en alto esperando ser aventados por algún amable camionero, nada se detiene en su favor y las horas del día desaparecen en sus frentes asoleadas, el atuendo de la joven aleja a los posibles buenos samaritanos y con ello el frío de la noche aparece pronto, es verano pero en el norte siempre es helado sin importar la estación del año, luego un Oldsmobile trompudo color guinda seca y de luces amarillas se detiene en la berma, un brazo, del copiloto aparece haciendo señas para que suban, ambos corren y sin preguntar nada están arriba, Joe agradece de inmediato a la pareja de ancianos y el chofer sólo pregunta a donde se dirigen, pero antes de terminar la frase, Joe alaba el buen estado en que se encuentra el carro y dándose conocedor de vehículos dice es un Oldsmobile 88 del 50’ a lo que la señora asiente y termina la pregunta del esposo, entonces dónde dijeron que los dejásemos, segundos de silencio concluyen con, en la siguiente ciudad por favor. Luna solamente mira las luces de la cuidad alejarse, el sol extrañamente continua enfrente de ellos, saca de entre sus ropas un reproductor mp3 y unos auriculares, contenía toda la discografía de AIR, no los conoce y prefiere eso al silencio, su parte del viaje sería menos heavy.

Vermont es helado en verano sobre todo si no tienen donde llegar y por lo visto, más ropa no traen así que los dejaremos en la centro y ahí se hospedan, hay varios hoteles, el camino impecable se hizo eterno, solamente amenizado por la música del radio, solamente especiales de los 50’, cada kilómetro sirvió para ambos reflexionaran con lo sucedido y ver si la vida da nuevas oportunidades están deberían estar en esa nueva ciudad. Ustedes creerían eso de una chica forzada desde apenas tuvo conciencia de su cuerpo con un padre delirante, él la bañaba y la inicio en todos los placeres que por grotescos parezcan, odiosos, difíciles de leer o creer, pues la vida creo es peor que esta suma de imágenes y no vengo a juzgar a nadie, sólo a mostrar algo que sin haber vivido existe y es más cruel de lo que pueda parecer en sus mentes o en la mía.

Selene tenía un poder y no quería controlar, no conocía otra cosa para tomar revancha en la vida y era justo eso, acabar con la inmundicia de hombres que no les basta casa y salen de machos por la vida abriendo su billetera para entrar en otros mundos.

Mientras la psicodelia de músicos seguían alimentando su mente, se acercaban al centro, las luces de bienvenida serían lo único decidor, ya estaban en otra ciudad. Pronto se despidieron frente al mejor hotel de la ciudad, registrados se fueron a descansar, aunque el sol querrá sorprenderlos luego y hará su aparición molestosa. Joe tenía todo bien pensado, el hotel sería su refugio antes de hacerse de un sitio menos evidente, mientras eso dilucidaba en la otra habitación, dormía Luna y recordaba a todos los hombres que habían pasado hace pocas horas. Entraban y salían hechos verdaderos esperpentos de humanidad.

De Luna a Selene parte once

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Tal cual lo predijo en su mente, esa noche acabó con todos, en sus cabezas la orgía era un deleite para todos los sentidos, aún así, eran llevados a los extremos del placer y desde ahí lanzados a un abismo más dulce, más intenso, grandes en su inconsciencia hacían temblar la tierra con sus imponente sexo, todas las mujeres eran Selene y arrodilladas adoraban al Dios que traían entre sus piernas, un reguero de orgasmos las cubría, eran miles de mujeres de pechos turgentes, rociadas por millones de estrellas, en esa noche sin cuerpos para atender esos cielos cayéndose de grandiosos, todos extasiados salían del local, ya amanecía y ninguno quedó sin ser atendido. Joe brilla de felicidad y lleva a Selene a su habitación, contigua al local, alhajada con hermosos muebles y al centro una cama redonda, de color celeste era el cobertor, la deja encima y sale raudo a contar los billetes, había ganado en una noche lo que ganaba en un mes y sin contar las concesiones que debía hacer a la ley cuando visitaban el local para supuestas inspecciones.

Pasan de medio día en los relojes de la ciudad y con el eco de sus campanadas perdiéndose se sienten las sirenas de la policía, al parecer la paz ha sido quebrada y raudos llegan al local, golpean pero nadie abre, seguramente Joe está drogado o alcoholizado en algún rincón por ahí. Rompen la puerta principal después de haber insistido y anunciándose como oficiales de policía. Son  acompañados de familiares de casi todos los clientes. La violencia se apodera de mujeres que piensan encontrar un séquito de hembras borrachas, drogándose con el dinero ganado con el sudor de sus cuerpos, pero nada, una soledad, un vacío se vierte frío sobre todos ellos, es tal la desolación y la impotencia que no pueden quedarse, así, como si nada hubiese sucedido, entran los perros amaestrados para misiones de búsqueda y nada, al final y después de destruir todo se van, no contentos algunos prenden fuego y los policías que eran menos no pueden hacer nada.

Las luces de bomberos interrumpe el soleado atardecer y entre los restos del local aún chispas advierten la fuerza del fuego, a medida que son guiados por la policía van aplacándolo, las llamas hace poco momentos eran una verdadera columna, una pira de adoración para redimir los pecados ahí renacidos, criados y alimentados, ahora en cenizas, la historia de la humanidad a pequeña escala se repite, un imperio de perdición caía ante la moralidad de sus jueces.

De Luna a Selene parte diez

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

La noche abrió el local y todos que llevaban horas esperando lograron entrar, nuevamente una gran concurrencia repletaba las salas, y la barra era el centro de atracción, desde lejos la expectación era mayor, curiosa, telescópica desde todos los rincones, la ronda de machos pedían tragos fuertes, para armase de valor u olvidarse que tiene familia, novias o madres preocupadas, tejiendo esperanzas. La música hoy es distinta, luego bajan las luces y el show comienza, de fondo suenan lo grandes éxitos de Sade. Así es como aparece, Selene se empina por sobre todos, intocables para los alejados e inaccesible para los mismos hombres que ha pagado fuertes sumas de dinero y aguardan el fin del show alargar su propio espectáculo. Su danza emboba sin discusión, nadie queda indiferente, aplauden, lanzan dinero y vibran con cada majestuoso movimiento. En sus mentes, han desnudado ahí mismo a esa joven y en actos de locura, la besan, muerden y golpean, la fuerzan someterse a los deseos y apuntan a sus cremalleras, ella accede y los dioses apoderados de sus cuerpos viajan mil lunas, centurias dentro de ellos, para cuando ha regresado son otros hombres.

Finaliza el show, todo va como lo soñó Joe y nada es mejor, ahora viene la parte más suculenta, debe cumplir con su parte y la chica debe estar dispuesta para ellos. Nadie más que los afortunados aguardan para ser llamados, una luz parpadea en uno de los pasillos y todos ellos siguen esa luminiscencia, hipnotizados por el futuro lujurioso.

El primero en entrar es el profesor de la clase de canto y ella que está ataviada con ese antifaz simulando ser la Luna distingue los mismos ojos de seducción mediocre, sin embargo él ni se entera de la niña detrás de esas ropas, de esos senos que tanto sueña entre sus manos, Selene no habla, sólo ordena y obliga a sentarse en un sofá lo rodea y canta en su oreja, luego las manos de la diosa comienzan a desabrochar la camisa, caen los botones y sus manos interminables apabullan la recia masculinidad del docente, en ese instante ella se pone enfrente y comienza a tocar sus pechos, los quiere descubrir para él y la mirada pide que siga, más, más, otro botón más por favor, ella se acerca y pone el rostro enloquecido entre la blancura de su piel y el traje de diosa, canta dulce y transmite un calor que agota al hasta ahora viril demonio, se suceden imágenes en la mente afiebrada del profesor y orgasmo tras orgasmo hacen gritar de placer, suda, se moja, delira, va y viene mil veces más al paraíso de los hombres, donde mujeres desnudas se abalanzan sobre él, lo devoran, lo muerden, lo consumen, es una droga que fuman, empiezan por su sexo hasta ser completamente quemado y convertido en humo se desvanece en un soplido.

Despierta de ese estado de inconsciencia, mezcla de realidad y deliro jura haber hecho todo con esa muñeca, sin embargo, su apariencia dice todo lo contrario, sudado por completo, la entrepierna manchada y tan vestido como cuando entró.

Llega a casa, su madre preocupada lo espera, nunca llega tarde a casa, ella le habla pero él no responde se va de inmediato a su cama, se desnuda y puede certificar lo sucio que estaba, llena la tina y ahí de se duerme, vuelve al sueño, pero ellas no están, sólo Selene y ahora la ve desnuda y vuelven los espasmos al cuerpo, se ahoga en su propio placer sin percatarse que el agua ha inundado sus pulmones, un último suspiro y fallece.