Domingo de película, Amadeus, parte final

Tercer Acto

La muerte era una suite nocturna
[rápido despliegue de su sangre]
conocías sus notas e inventaste la partitura
[el temblor en las manos era presagio]
desde la primera nota afiebrada
[sin embargo no podía parar]
hasta el delirio y su desenlace.

La muerte guía tus manos
[escribes con magia en la pluma]
una marioneta aparenta estar viva
[el Dios de lo obvio murió contigo]
los hilos de música siguen ahí
[nada fue igual después de tu música
en cada fibra de un ser a préstamo.

La muerte no existe, aunque
[la música va rondando en tu mente]
desee ser tu doncella, aunque
[la sueñas, la escuchas, te canta]
la desees muerta y viceversa,
[te vive, te mata y te resucita]
Aún así tocas feliz para ella.

Cuarto Acto

La muerte se rinde ante tus manos
[Confutatis Maledictis]
horas mansas ha vivido y estaba harta
[Lacrimosa Dies Illa]
siente que tu genio la sobrepasa
[Domine Jesu]
y vuelve a su nido luego de un asalto.

La muerte escucha y se revuelca en tu cama,
[un coro bendito entrega el cuerpo]
Suda cada nota que de tu mente emana,
[aún conserva el gesto vívido]
Transcribe a cuatro manos un poema de muerte,
[las manos soñando dirigir su obra]
De buena muerte, sencilla y sana.

La muerte ríe y canta, famélica e irritada
[se rinde ante la magnificencia]
Hay pasos en falso que jamás dará
[Dios cubre al hijo y salva la música]
Pero ahí estás empujándola por más
[gracias Herr Mozart, gracias Salieri]
A ver si se atreve a saltar como tú.

Necesitaba ver la película Amadeus, para reconciliarme con Salieri, y ahí estaba desde la primera toma hablando sobre su experiencia de vida. Haber conocido a Wolfgang Amadeus Mozart fue una afrenta a su disciplina de aprendizaje y a sus métodos de inspiración.

¿Cómo era posible que ese ser bendecido por Dios fuese tan vulgar ? y sin embargo cuando tuvo oportunidad de apreciar el trabajo y la belleza de cada pieza creada, lloró por dentro, su amargura con Dios recién empezaba y no terminaría hasta el final de la película.

Mientras sucedía la vida de ambos, la pobreza e imaginación brotaban entre el alcohol y la mente de Amadeus, sin embargo ni con rezos Salieri lograba poner una nota en el pentagrama.

Un genio sin mecenas y muchos excesos, por otro lado un repulsivo y obstuso compositor de la corte. De Salieri aprendí que puedes tener o ser uno, cuando sientas envidia alejate y cuando sientas regocijo quédate.

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Domingos de película, Amadeus parte uno

Se acerca sigilosa, detrás de una suave tos, bajo los fríos de la mañana temprana, por  la canilla del agua congelada, en el vaso a medio tomar con vino de unas noches pasadas, sobre la tierra y en el aire, entre el polvo de viejas partituras, cuando menos los sientes, cuando menos lo piensas, en ese descuido de salir descalzo al baño y en esas salas llenas de antiguos seres.

INTRO

Las notas se sucedían como espasmos
[de buena crianza las albergaba en mi frente]
Con la fiebre rodeando mi cuerpo llano
[unía sus ideas de violines diestros y voces altas]
Mis manos dictaban el ritmo de la muerte.

Cornos infernales y oboes cenitales
[a dónde irá a parar esta beldad musical]
Timbales y trompetas acudan a este llamado
[no acallen sus golpes con medicina]
La algarabía confunde sus reales intenciones.

Atacan con sus cuerdas afiebradas de notas
[no hay paréntesis que salve este lobo caminante]
Las voces distorsionan su natural guturalidad
[dónde la muerte encontró su propio descanso]
Nada esconde el sable frío y sangriento de la paz.

La conocida quietud es un insecto profano, nos abre la espalda, se incrusta en las palmas de las manos, recorre nuestra mente y de forma despiadada no roba toda intención de altura, de imaginación, de solemne inspiración. Perfora y llena de aires nuestros ojos, afila sus garras y abre lo boca con abulia desmesurada, no deja célula tranquila y sin embargo las duerme, enceguece la circulación sanguínea y sobrevive mientras crees estar disfrutando ese inquietante sosiego de muerte.