Las aventuras de Rústica y Puntilloso, décima quinta parte

Salimos en dirección a Bulnes…

Luego de hora y media estábamos en los alrededores de Bulnes donde los nonos tenían un campo. Previo a eso, la única modernidad del mismo camino de hace cuarenta años son los lomos de burro cada tantos kilómetros. Antes de eso, los primeros en subir a la Combi fueron unas galletas y el mate, estábamos con formación completa. A viajar se ha dicho.

Salir de la ciudad es una delicia, si vas hacia el oeste los camioneros han dejado pozos desde la época en que transportaban carga a caballo. El paisaje espeso en los setentas, se ha transformado en un cuadro impresionista con manchones verdes y desteñidos, sobre los típicos animales, ya pocos quedan o se ven.

He aquí una mirada crítica sobre la existencia de estos animales

Oda a la vaca

Vaca que otrora
dabas leche sana
a las cinco de la madrugada,
hoy ya no existe tu hora.

La nata me atora
aunque revuelva con ganas,
ya nada se iguala
a la leche sin lactosa.

Te recuerdo ahora
pastando distancias cercanas
para que no caminara
y engordara la graciosa.

El camino que recordaba mí Rústica “era” precioso. A las afueras de Bulnes una derruida y triste senda marcaba la entrada a lo que quedaba de casa, las canciones sobre el auto del Nono están sólo en su mente y unas lágrimas recorren el brillo de sus ojos, luego caen y aterrizan como la realidad del campo de sus abuelos. La abrazo y le pregunto.

¿ Fuiste feliz acá ?
Si — respondió secando sus ojos.
Entonces seamos felices de nuevo,
traje una manta y haremos picnic de galletas y mate. Las galletas para mí y el mate para ti.

El día terminó bello, entre nubes siempre el celeste nos acompañó y el sol beso nuestros rostros, nosotros competíamos con darle nombre a las nubes locas que nos acompañaban en éste viaje, ahora de vuelta a casa con el corazón más o menos aliviado.

A veces el pasado es un paisaje más verde.

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La abuela y las plantas

Un día temprano en casa, abuela como siempre le hablaba a las plantas, sin embargo, en esta ocasión fui y le pregunté – Abu, ¿por qué haces eso de hablar con las plantas? ni siquiera te responden, o sea, no hablan quiero decir. Sonrió con su mirada y llevó sus manos a mi cabeza, desordenó algo mi desordenado cabello y prosiguió. No sé si esa caricia era una forma de explicar que uno no debe meterse en sus asuntos, a continuación me llevó donde un gran gomero, puso un piso enfrente mío, usado para alcanzar las hojas más altas y limpiarlas. Toma asiento Simón – dijo la abuela, su aparente calma cubría de magia cada paso que daba.

Comenzó a rociar el gomero y mientras las gotas de agua tocaban las hojas, el gomero musitaba un – gracias abuela eres la mujer más sabia de toda la tierra – tan dulce el tono y a la vez tan bajo sus decibeles que pensaba era el viento transformando en palabras, habré parpadeado tantas veces como repetía la planta su agradecimiento, casi caigo del piso y fueron las mismas hojas quienes impidieron mi forzosa caída. La abuela dejó el jardín y me instó a seguirla fuera de casa, caminamos rodeando un bosque de pinos y en el horizonte las nubes saludaban a la abuela. Sacaban sus sombreros de copas de agua y en un aguacero agradecían el saludo, ella cerraba los ojos y en ese pestañear continuaban viaje rumbo al sur.

Miraba el horizonte y mientras el sol tomaba posición para amanecer entre medio del bosque me dijo – todo nos pertenece, así como también pertenecemos a la naturaleza – aprende a escuchar y algún día te regalaré una nube.

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, octava parte

La cena es un rito, antes, durante y después…

Corro al baño a lavar mis manos, a pasar el jabón entre los dedos y a secar profusamente, voy al refrigerador por restos del almuerzo y sé que ella preparará verduras, onda light, onda espiritual y onda nutritiva. Entonces pregunto ¡¡ y la carne, las milanesas !! desde la sala, especificamente desde el sofá una risa inunda mis orejitas.

Camino de a poco hasta llegar a ella y el verdor de sus ojos refresca mi hambre, la beso y doy por superado la falta de carne, como pez, como amor, se desliza en mi boca, sus besos proveen de más ganas y la cena se hará entre nosotros con paz y algo de música y algo descalza de mi adorada Rústica.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, sexta parte

Aún de paseo

Están en las flores, en el rocío, en el tallo verde de amor y en todos los colores.

Rústica enseña los pasos del “cuarteto” él la sigue no más, se deja llevar, es casi un Rústico a veces, cuando el amor toma sus flacas piernas y mueve el esqueleto por completo, Puntilloso no sabe las canciones típicas del baile preferido de Rústica pero hace una imitación trucha, ahí ella ríe a mares y ambos son felices como siempre pero más.

Agotados se tienden en la manta, ella obedece los cuidados Puntillosos sobre los excesos de humedad para el cuerpo, buscan en la libreta poemas sin terminar, pero Rústica quiere atraparlo en sus brazos y él se deja seducir por el amor. improvisa un verso entre besos y mordidas, entre risas y cosquillas.

– Te amo Rústica
porque me amas Puntillsoso –

– Te amo única
porque me amas loco –

– Te amo música
porque me amas melodioso –

– Te amo lúdica
porque me amas gozo –

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, quinta parte

Salida de paseo

Rústica piensa en el sol, el aire libre, caminar descalza sobre el pasto fresco y húmedo, ella dice ser muy relajante, pega un mirada a Puntilloso y con sus ojazos le convence de inmediato, él toma su libreta, encaja unos buenos lentes oscuros, le gusta el sol también pero poco. sonríe, no tiene escapatoria.

Toman el camino amarillo y juegan a cantar en inglés (ella ríe más fuerte) Puntilloso se anima y ríe, de verdad, del alma, Rustica es feliz poniendo su cabeza en el pecho de su amor, siente su corazón latir fuerte, ambos se sanan caminando, siendo ellos, diferentes y enamorados.

Llegan a un plaza y el viento anuncia un día agradable, Puntilloso toma una manta y la deposita en el pasto, Rústica rauda descalza sus pies y sale a caminar, a conversar con la flores, él la mira y hace un verso entre la hermosura de las flores y la mirada de amor de su Rústica.

Ella lo besa, lo sonroja, lo hace vibrar, ambos pueden volar en ese instante, entre nubes y aves.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, cuarta parte

Mientras Rústica busca el viento para desordenar su cabello, Puntilloso peina las “ies” antes que los puntos vayan a parar a los álamos como cierta pelota de rugby (historia para otro relato).

Como soldaditos de plomo en batalla caen las comas y por más que Puntilloso intenta detenerlas no hay caso. Rústica pasa descalza y se clava un paréntesis cuadrado que yace desmayado patas arriba. Ambos ríen, Puntilloso recoje el descalabro y arma un puzzle para Rústica, ella hace sopa de letras para almorzar.

Luego viene un merecido descanso en el sofá, ella acomoda su cabeza en las piernas de Puntilloso, ella escucha atentamente poemas sobre una historia de amor y una lágrima corre en ambos rostros, si algo tienen en común son las historias de amor desde un domingo y un viernes.

Secan sus lágrimas con besos y ella desordena las palabras en la boca de Puntilloso, Rústica sabe enloquecerlo con tímidos besos y grandes ojos. Él vuela por los aires, tan liviano ese sentir, tan emocionante vivir al lado de una mujer única de pantalones campana y risa a carcajadas.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, tercera parte

Desayuno versión Puntilloso

Ella se despierta en la mañana y admira a Puntilloso, comienza a besar desde la frente hasta bajo la barbilla, él despierta sobresaltado y piensa, ” ya no tendré que lavarme la cara “.

Puntilloso despierto calza sus zapatillas, no es capaz de tocar la alfombra ni con la punta de los pies, Rústica duerme sedada por los besos que recién dió.

Él goza con el sonido de las tazas y ordena el servicio, cucharita, tenedor y cuchillo según corresponda, después de la biblia el manual de Carreño es imprescindible, aunque viene incorporado en su alma puntillosa.

Rústica siente el olor de las facturas dulces y saladas, el aroma del mate cebado y descalza camina por el pasillo hacia la cocina, ve a Puntilloso y le dice, “y ahora qué hacemos” él de todos los tonos rojos ¡¡Pónele!!.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, segunda parte

Desayuno según su versión…

Ella despierta y lo busca con la mirada; saberlo a su lado es todo lo que necesita para comenzar cada día. Él aún duerme, y ella no se cansa de respirar su paz. Suavemente besa sus ojos, sus tantos lunares y ese en especial que la enloquece (el que está a un paso de su boca).
Pierde la noción del tiempo cuando es él su mundo, porque así se eligieron, desde que se vieron…
desde siempre… según ella.
Descalza encamina hacia la cocina
La pava le guiña el ojo y comienza a rechinar; el mate se prepara, hacen pila las tostadas y aplauden el dulce de leche y la mermelada para ser los elegidos al salir de la heladera.
Ella suspira, sonríe por el sabor de su amado que aún inunda su boca.
La radio mira de reojo.. y lanza un gritito de felicidad cuando comienza a sonar; el dial donde siempre y a bailar!
El sonido de la música y el olorcito a tostadas lo despiertan…
Calza sus pantuflas y se peina con los dedos como acto reflejo para despabilarse
Llega a la cocina y la mira
Una tocesita anuncia su llegada…
La mira
Ella le sonríe
El suspira
Ella le dice
Y mi chas chas?

Continuará…

Navegantes

El tema elegido corresponde a una banda de Islandia llamada Sigur Rós y es una de mis preferidas.

https://youtu.be/UXfIQNckyb4

El horizonte frío nos besaba las mejillas, se partían las manos de apretadas entre si y el mar mojaba todo.

El alma conocía los dolores pasados y rogaba por paz, lograba mantenernos cohesionados al cuerpo, a la embarcación estábamos condenados.

Se recogía la soga [la tierra firme nos extraña]

Elevando velas [sucia calidez del prado verde]

El viento nos ama [afiatado a sus ramas un árbol]

Partíamos a la muerte [nos recuerda en iniciales]

Los peces no sabían de esa suerte. [la muerte si]

En la hundida noche de sal, viento y soledad, todo nos anuda a las almas y sus hilos dorados, somos la nimiedad hecha carne y miedo.

“Hombre al agua” todos dejan botas en cubierta, nadie olvida su alma, cruza frontera entre el aire, sumergiéndose con la oscuridad turquesa y gélida del mar.

Lo vimos perdiéndose entre “remolinos” feliz, parecía ir a un lugar esperado y buscado por su alma, él no caía al fondo, llegaba a casa.

Había salido hace años, cuando nació y ahora recordó su raíz de arena y mar, podía respirar tan libremente, su alma de humano nos dejó apenas se lanzó a vivir.

Historia de amor, la mañana sabe, diez de Enero


La mañana sabe a uvas en su boca,

un gajo deshaciéndose en mis labios,

puedo aprietar en un beso el jugo

sabor a melón calameño y beberla.
Mi boca devoraba esa frutilla por labios,

rajadas en medio para deleite

de esta lengua deseosa de más,

esa sensación de dulce y ácido al morder.
El sol de esa mañana sólo endulzaba más,

sus labios derritiéndose en los míos,

éramos duraznos en almíbar,

nos abríamos al sabor de los besos.
Aprendimos juntos a pedir de boca,

nos reconocemos desde ese día

en el hambre de devoranos más,

una historia de amor acaba de comenzar.