Advertencia III

Notas rojas sobre sus labios,
con el acorde de un gemido
desde su garganta
hasta el ombligo.

Lo sé porque estuve ahí,
afinaba su cuerpo diáfano en el mío,
gutural por antonomasia,
nada impidió la música.

Sus caderas oscilaban,
ondas orgásmicas
sacudían la esencia,
éramos dos,
éramos uno,
éramos dos de nuevo,
uno al final.

Su pecho latía
a tres corazones,
dos afuera,
uno adentro.

Su voz dirigía
el vaivén galopante,
eléctricos altibajos
constataba la impaciencia
un zumbido nos placía,
esa sed del momento eterno
con un roce nos definía.

Me mordió,
la mordí,
demoro en engullir
desde mi saliva
hasta la carne,
nada dejó de mí.

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Advertencia II

Comenzó a desnudarse
una mujer de unos cuarenta y tantos.

Primero desató su pelo,
frondosa cabellera ondulada,
llevó sus manos a la cabeza
para ordenar esa emancipación.

Déjalo así — susurré

Se sacó el abrigo
con pesadez y dificultad
que cayó al suelo,
años llevaba el mismo,
un regalo de su marido — explicaba

Déjalo así — susurré

Un pullover negro peleaba
con seguir puesto y ella
decidida logró sacarse,
en un rincón de la habitación
olvidado quedó.

Déjalo así — susurré

Cada vez que una prenda
desaparecía llevaba sus manos
al cabello y disimulada
ordenaba su ondulado pelo.

Déjalo así — susurré

Su espalda libre estaba separada
por una remera y un corpiño.

Cuando desapareció la remera
pude ver su espalda,
los años también cayeron
cuando desató el corpiño.

Había tanta juventud,
vida, fuerza, vigor, colorido,
su musculatura intacta
reflejaba años escondida.

El arte de su cuerpo renació
una vez desnuda para mi,
la miré enérgica y dispuesta
a vivir los años que dejó
bajo tanta ropa hermosa.

Me miró de reojo y supe
que amarla era la vida
haciéndose nueva,
revivir los años bajo
tristes capas de pintura.

A mar

Era fácil actuar cuando la mente está siendo taladrada por descargas hermosas de electricidad y el corazón manda más sangre para dar cabida a toda esa locura.

Sólo tenías dos cosas por hacer; tomarla bien y fuerte, así nada lograría salir o desencajar, tendrías la seguridad de estar a cargo, guía de tus propios deseos.

Echarla a disputar su humedad a contra del roce excesivo y tus impulsos sin freno, todo el gozo imaginado es una primera impresión, atisbo ínfimo del precipicio.

A decir verdad era el comienzo, empezaba a respirar con dificultad y simplemente te dejabas llevar por la fuerza de su entrega y la energía de tu mano sobre su cabeza.

Beber parecía su obsesión, un deseo primigenio, antes inclusive de conocerte en el baño de un bar, por los años ochenta y en plena dictadura militar.

Lilith ( I )

Dónde estás mujer libre en todas las mujeres
busco con el afán posesivo obviamente
te niegas por orgullo
me ciegas cuando hurgo
te cierras por duro
me tientas cuando logro
por fin dormir entre tus piernas.

Ese perfume lleva mi ropa
te cuelas por la nariz.
te cuelgas por ahí
ese delirio me azota.

Entonces dónde debo hallar a esa mujer
cuando en las demás duerme
te ofreces en las esquinas
me doblas la apuesta
te corres enloquecida
me perturba tu respuesta
por fin duermo entre tus piernas.

Esas luces elevan mi prosa
te tuerces y yo aprendiz
te esfuerzas en hacerme feliz
ese aullido me roza.

Dónde estás cuando el sol aparece
bajo las sábanas un silencio ebrio no responde
te riegas con una sonrisa
me sientas del espanto
te friegas contra mi impericia
me asientas con un mirada
por fin puedo morir entre tus piernas.

Esa locura tuya me despierta
te enfureces cuando oyes música de burdel
te duermes nuevamente
esa abulia hermosa de conocerte.