Volar

Yo quería volar sobre ella,
ser la sombra engulléndola
el ave regresando del vacío
con el hambre del cielo,
la quería sola, egoísmo nuestro
abriendo sus alas, sus brazos,
pintar sus pechos con un millón de bocas.

Hacer en su vientre un concierto
al aire libre y arder los maderos,
prendernos fuego a contra viento,
desafinar en las notas risueñas,
ahogar cada tecla en tus caderas,
montar un espectáculo pirotécnico
con el juego de los colores en las manos.

Desnudos, si desnudos, rozarnos,
sentir el pulso hundiendo el letargo,
chuparnos dulces, almíbar de cuerpos
devorados en una cama de algodón,
volver a la adolescencia de los sentidos,
jugar a escondernos en nosotros,
sin contar hasta tres, salir y darnos un beso.

Dibujarnos y rompernos en ese instante,
lanzar acuarela sobre los recuerdos,
ser de oro y plata, fundir los metales
con sus ejes de sangre y volar como antes
cuando éramos ángeles cantando al amor,
soñar que era cierto este sueño sideral,
volver a cerrar los ojos y despertar.

El árbol de la vida uno

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Quería hacer algo diferente, hice una familia,
planté mi árbol, di vida, ahora escribo.

El único misterio no lo queremos,
los demás nos eligen y forman,
luego se revelan adolescentes
se ríen de nosotros y desamparan.

Una silueta oscura nos enfrenta
baja por los ojos y duele, la garganta,
la espera y los años, ese ruido, único,
aleja todos tus dioses no los quiero.

Dónde puedo devolver este sentimiento,
no lo quiero mío, tampoco sus palabras,
no lo acepto, hay errores y nuestra cuota,
ha sido entregada a tiempo y ahora sobras.

Son las otras manos mejores que éstas,
mi ropa parece excesiva, no me abraces,
no quiero sentir la pena deshaciéndose
desde mis ojos y la torpeza del tiempo viejo.

A medias…

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Amma Babar by Rizwan ul Haq

A medio velo
a media luz
una mujer pakistaní
no teme al lente
sabe de balas y morteros
le teme a la noche
iluminada por bombas
al flash de la cámara, ella, hipnotiza.

A media mirada, todo,
quién podría de noche pensar
sobre los dolores de sobrevivientes
sobre los enteros de humanidad
mutilados por esquirlas,
esa mirada entera es una súplica.

A media exposición de luz,
por las rendijas ella mira el cielo,
lo prefiere oscuro como sus ojos,
donde toda luz es amor, si amor,
la guerra destruye todo, sólo,
el amor vuelve con piedras.

A medias la vida, no conocerá otra,
por más visitas tenga la imagen,
y en cada uno de sus reblogueos,
aún con cien poemas más,
ella seguirá viviendo a medias,
aunque nosotros la imaginemos entera.

TeVe

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Darfur, Siria, Vietnam, Alemania

Yo vi las guerras por TV
de esas donde la sangre se compra,
es de azúcar así no más,
las balas sólo efectos especiales,
nadie muere una vez la apagas
todos vuelven a casa.

Eran actores millonarios
con dobles de primera y segunda guerra,
nunca han tomado un arma,
han muerto tantas veces
y matado cientos de miles
sin volver a cargar un guión.

Desde Tomny hasta Pinky
y el niño del tambor he visto en sus ojos,
el desamparo televisivo de las guerras,
porque nadie vuelve a llamar
a esos niños actores,
por más connotados hayan sido sus papeles.

Porque han muerto millones
su sangre podría volver al mar rojo,
de los extras no quedan vivos
los recuerdos sepultados y cremados,
hacen de nuestro día a día
otro programa nuevo en la TV.

De Luna a Selene parte trece

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

 

Eran hombres vividos en las artes del sexo duro, de esposas, látigo y cuanta crudeza se les ocurriera y ella los doblaba como rompa interior, con cariño y manipulación, sorprendidos en ese espacio infinito como la calidez de su pecho, adormecidos por las canciones mentales que les hacía sentir,  y esas orgías, de las cuales eran dueños, amantes de todas las mujeres posibles, eran sus propias ansias las que los llevaba al delirio y caminaban ciegos al Valhalla, eruditos del cuerpo femenino se querían saltar las fases de conocimiento, parlamento y llegaban directo a someterlas, era ahí donde las sencillas virtudes de Selene la elevaba a una Afrodita y toda la cultura de ritos la acercaban a la perfección amatoria, su pecho enardecía y ellos caían en la fiebre que todo ser humano conoció antes de la muerte, antes de osar copular con una Diosa.

Ahí fue donde la conocí, caminando por las calles, haciéndose espacio entre veteranas y dueñas de esquinas para perderse entre la indecencia humana que todos llevamos, cuando la miré no podía creerlo, temí, lleno de miedos me acerqué y sólo dije un hola, tomó mi mano pero me rehusé y salí corriendo, no tenía edad para andar por esos barrios, pero mi padre me había dado el dinero para hacerme hombre antes de que me echara a patadas por ser más parecido al hijo del vecino, no quiero hijos gays en casa, fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta, y había pasado gran parte de la mañana preguntando dónde encontrar, bueno, es obvio que buscaba. Empezó a oscurecer y me encontré con ella de nuevo, seguro me siguió, la cosa es que nos encontramos en una plaza, y antes de decir algo, tapó mi boca con un beso, un beso de esos donde el cielo es frío y pequeño, comparado con su beso, sin decirnos más nada, estábamos como adolescentes sobre el pasto, sonriendo de la pequeñez del mundo y lo grande del amor, me reconoció débil para protegerme y fuerte para apoyarse en mi pecho, sólo escuché su nombre y la dulzura de su voz para saber que no sólo los poetas tiene la Luna para ofrecer, a mi había llegado convertida en una chica adorable y esa noche de verano llovió en cuatro ojos, me contó todo y todo era un infierno, pero me miró y también dijo, ahora estoy salvada de seguir haciendo todo lo que me forzaron.

De Joe no supimos mucho, la policía llego a Vermont y desapareció, para siempre. Han pasado tantos años de terapia y dos hermosas hijas; Selene y Afrodita que la vida nos sonríe, todos tenemos demonios y dioses dentro, sólo que algunos jamás debe despertar, aunque cada tanto me posee y yo pienso que es más amor que deidad y ambos nos habitamos de la misma dulce y fuerte manera que la primera y todas las veces siguientes.

FIN

De Luna a Selene parte doce

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

 

Joe aparece con Luna caminando por una autopista, saliendo de la ciudad y con los dedos en alto esperando ser aventados por algún amable camionero, nada se detiene en su favor y las horas del día desaparecen en sus frentes asoleadas, el atuendo de la joven aleja a los posibles buenos samaritanos y con ello el frío de la noche aparece pronto, es verano pero en el norte siempre es helado sin importar la estación del año, luego un Oldsmobile trompudo color guinda seca y de luces amarillas se detiene en la berma, un brazo, del copiloto aparece haciendo señas para que suban, ambos corren y sin preguntar nada están arriba, Joe agradece de inmediato a la pareja de ancianos y el chofer sólo pregunta a donde se dirigen, pero antes de terminar la frase, Joe alaba el buen estado en que se encuentra el carro y dándose conocedor de vehículos dice es un Oldsmobile 88 del 50’ a lo que la señora asiente y termina la pregunta del esposo, entonces dónde dijeron que los dejásemos, segundos de silencio concluyen con, en la siguiente ciudad por favor. Luna solamente mira las luces de la cuidad alejarse, el sol extrañamente continua enfrente de ellos, saca de entre sus ropas un reproductor mp3 y unos auriculares, contenía toda la discografía de AIR, no los conoce y prefiere eso al silencio, su parte del viaje sería menos heavy.

Vermont es helado en verano sobre todo si no tienen donde llegar y por lo visto, más ropa no traen así que los dejaremos en la centro y ahí se hospedan, hay varios hoteles, el camino impecable se hizo eterno, solamente amenizado por la música del radio, solamente especiales de los 50’, cada kilómetro sirvió para ambos reflexionaran con lo sucedido y ver si la vida da nuevas oportunidades están deberían estar en esa nueva ciudad. Ustedes creerían eso de una chica forzada desde apenas tuvo conciencia de su cuerpo con un padre delirante, él la bañaba y la inicio en todos los placeres que por grotescos parezcan, odiosos, difíciles de leer o creer, pues la vida creo es peor que esta suma de imágenes y no vengo a juzgar a nadie, sólo a mostrar algo que sin haber vivido existe y es más cruel de lo que pueda parecer en sus mentes o en la mía.

Selene tenía un poder y no quería controlar, no conocía otra cosa para tomar revancha en la vida y era justo eso, acabar con la inmundicia de hombres que no les basta casa y salen de machos por la vida abriendo su billetera para entrar en otros mundos.

Mientras la psicodelia de músicos seguían alimentando su mente, se acercaban al centro, las luces de bienvenida serían lo único decidor, ya estaban en otra ciudad. Pronto se despidieron frente al mejor hotel de la ciudad, registrados se fueron a descansar, aunque el sol querrá sorprenderlos luego y hará su aparición molestosa. Joe tenía todo bien pensado, el hotel sería su refugio antes de hacerse de un sitio menos evidente, mientras eso dilucidaba en la otra habitación, dormía Luna y recordaba a todos los hombres que habían pasado hace pocas horas. Entraban y salían hechos verdaderos esperpentos de humanidad.

De Luna a Selene parte once

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Tal cual lo predijo en su mente, esa noche acabó con todos, en sus cabezas la orgía era un deleite para todos los sentidos, aún así, eran llevados a los extremos del placer y desde ahí lanzados a un abismo más dulce, más intenso, grandes en su inconsciencia hacían temblar la tierra con sus imponente sexo, todas las mujeres eran Selene y arrodilladas adoraban al Dios que traían entre sus piernas, un reguero de orgasmos las cubría, eran miles de mujeres de pechos turgentes, rociadas por millones de estrellas, en esa noche sin cuerpos para atender esos cielos cayéndose de grandiosos, todos extasiados salían del local, ya amanecía y ninguno quedó sin ser atendido. Joe brilla de felicidad y lleva a Selene a su habitación, contigua al local, alhajada con hermosos muebles y al centro una cama redonda, de color celeste era el cobertor, la deja encima y sale raudo a contar los billetes, había ganado en una noche lo que ganaba en un mes y sin contar las concesiones que debía hacer a la ley cuando visitaban el local para supuestas inspecciones.

Pasan de medio día en los relojes de la ciudad y con el eco de sus campanadas perdiéndose se sienten las sirenas de la policía, al parecer la paz ha sido quebrada y raudos llegan al local, golpean pero nadie abre, seguramente Joe está drogado o alcoholizado en algún rincón por ahí. Rompen la puerta principal después de haber insistido y anunciándose como oficiales de policía. Son  acompañados de familiares de casi todos los clientes. La violencia se apodera de mujeres que piensan encontrar un séquito de hembras borrachas, drogándose con el dinero ganado con el sudor de sus cuerpos, pero nada, una soledad, un vacío se vierte frío sobre todos ellos, es tal la desolación y la impotencia que no pueden quedarse, así, como si nada hubiese sucedido, entran los perros amaestrados para misiones de búsqueda y nada, al final y después de destruir todo se van, no contentos algunos prenden fuego y los policías que eran menos no pueden hacer nada.

Las luces de bomberos interrumpe el soleado atardecer y entre los restos del local aún chispas advierten la fuerza del fuego, a medida que son guiados por la policía van aplacándolo, las llamas hace poco momentos eran una verdadera columna, una pira de adoración para redimir los pecados ahí renacidos, criados y alimentados, ahora en cenizas, la historia de la humanidad a pequeña escala se repite, un imperio de perdición caía ante la moralidad de sus jueces.

De Luna a Selene parte diez

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

La noche abrió el local y todos que llevaban horas esperando lograron entrar, nuevamente una gran concurrencia repletaba las salas, y la barra era el centro de atracción, desde lejos la expectación era mayor, curiosa, telescópica desde todos los rincones, la ronda de machos pedían tragos fuertes, para armase de valor u olvidarse que tiene familia, novias o madres preocupadas, tejiendo esperanzas. La música hoy es distinta, luego bajan las luces y el show comienza, de fondo suenan lo grandes éxitos de Sade. Así es como aparece, Selene se empina por sobre todos, intocables para los alejados e inaccesible para los mismos hombres que ha pagado fuertes sumas de dinero y aguardan el fin del show alargar su propio espectáculo. Su danza emboba sin discusión, nadie queda indiferente, aplauden, lanzan dinero y vibran con cada majestuoso movimiento. En sus mentes, han desnudado ahí mismo a esa joven y en actos de locura, la besan, muerden y golpean, la fuerzan someterse a los deseos y apuntan a sus cremalleras, ella accede y los dioses apoderados de sus cuerpos viajan mil lunas, centurias dentro de ellos, para cuando ha regresado son otros hombres.

Finaliza el show, todo va como lo soñó Joe y nada es mejor, ahora viene la parte más suculenta, debe cumplir con su parte y la chica debe estar dispuesta para ellos. Nadie más que los afortunados aguardan para ser llamados, una luz parpadea en uno de los pasillos y todos ellos siguen esa luminiscencia, hipnotizados por el futuro lujurioso.

El primero en entrar es el profesor de la clase de canto y ella que está ataviada con ese antifaz simulando ser la Luna distingue los mismos ojos de seducción mediocre, sin embargo él ni se entera de la niña detrás de esas ropas, de esos senos que tanto sueña entre sus manos, Selene no habla, sólo ordena y obliga a sentarse en un sofá lo rodea y canta en su oreja, luego las manos de la diosa comienzan a desabrochar la camisa, caen los botones y sus manos interminables apabullan la recia masculinidad del docente, en ese instante ella se pone enfrente y comienza a tocar sus pechos, los quiere descubrir para él y la mirada pide que siga, más, más, otro botón más por favor, ella se acerca y pone el rostro enloquecido entre la blancura de su piel y el traje de diosa, canta dulce y transmite un calor que agota al hasta ahora viril demonio, se suceden imágenes en la mente afiebrada del profesor y orgasmo tras orgasmo hacen gritar de placer, suda, se moja, delira, va y viene mil veces más al paraíso de los hombres, donde mujeres desnudas se abalanzan sobre él, lo devoran, lo muerden, lo consumen, es una droga que fuman, empiezan por su sexo hasta ser completamente quemado y convertido en humo se desvanece en un soplido.

Despierta de ese estado de inconsciencia, mezcla de realidad y deliro jura haber hecho todo con esa muñeca, sin embargo, su apariencia dice todo lo contrario, sudado por completo, la entrepierna manchada y tan vestido como cuando entró.

Llega a casa, su madre preocupada lo espera, nunca llega tarde a casa, ella le habla pero él no responde se va de inmediato a su cama, se desnuda y puede certificar lo sucio que estaba, llena la tina y ahí de se duerme, vuelve al sueño, pero ellas no están, sólo Selene y ahora la ve desnuda y vuelven los espasmos al cuerpo, se ahoga en su propio placer sin percatarse que el agua ha inundado sus pulmones, un último suspiro y fallece.

De Luna a Selene parte nueve

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Eran una tropa de animales enjaulados, sus caras, sus fauces babosas, ese vapor emergiendo desde todo sus cuerpos, la rabia por fin daría a luz las perdidas consciencias, esos demonios serían liberados e incinerados como ofrenda de obediencia, jauría de muertos mentales, de sexos endemoniados, embriagados por los ojos, cada uno en su esencia animal articulaba, las mil formas de someter, devorar, atragantar y extasiarse con esa ninfa hija de la Luna. Según iban maquinando en sus propios cuerpos el sentir de unas manos delgadas que apabullaban su animal y mortificaban con cada espasmo del cual eran presas de sus propios sueños eróticos y erráticos, balbuceaban igual que bebés extrañando sus comidas y el abrigo del pecho materno, ese calor y palpitar que dictaba sus propias vidas, era hora de la venganza, de doblegar esa carne de hembra hasta las sombras y transformarla en su nuevo juguete, todos deliraban en ese devenir mental que querían hacer literal.

Practicaban en la ducha, con la hermana de sus esposas, con las secretarias, con objetos contundentes, dando golpes en el aire, azuzando a los dioses, sabiéndolos enfurecidos, por este karma al cual habían sometido los humanos y perpetuaban en toda mujer que intentase escapar a la furia de no pertenecer a la raza dominada dominante. Se rasgaban por dentro mil veces más para estar dispuestos a dar batalla a la diosa que viene a desafiar. Rugían en todo momento sus pantalones, alborotada la billetera para tapar bocas, las mismas bocas que deseaban someter tanto como el dinero les alcanzara, eran capaces de todo para estar sobre cualquier atisbo de supremacía y desde los gimnasios salían envueltos en sudor, endorfinas, adrenalina, resueltos a ser el primero en la fila para sacar todo el arsenal de juguetes y hacer de Selene su muñeca.

La lista estaba llena para el primer día y aunque faltaban horas, verdaderos caballos golpeaban las puertas del antro, gritaban, exigían entrar ya, de todas formas querían entrar, eso es de hombres bravíos, entrar, duros, machos, recios, imponentes, bravos, toros salvajes resueltos a llenar ese estrecho pasaje en mareas eternas de vida, ese sinfín aceitado logrando su cometido, eran animales, máquinas, bestias, todos un mismo ser, miles a la vez, un solo sexo golpeando las puertas del castillo para vengarse de la princesa y desflorar todo el jardín que se enfrentase ante ellos, sus voces, sus billeteras, sus cuerpos, duros, tensos y gruesos, el orden de la palabras no importaba, el destino de todas ella acabar en Selene.