Matando el aire

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El cuchillo cortaba el aire,
los gritos se sentían
ese filoso paso abría
en dos el estómago,
las vísceras volaban,
moléculas de dióxido carbono
destazadas,
el oxígeno tímido
se miraba y sangraba,
fluidamente.

Era una masacre
a nivel atómico, molecular,
la piel yacía expuesta,
sus tensiones son mayores,
nunca tan doloroso
el blandir de esas armas, mortales,
pedazos de nitrógeno,
desmembrados y mal olientes
perecían ante el roce.

Hasta los nobles transeúntes
argón de poco movimiento
eran alcanzados en la sanguinaria
y silenciosa estocada al aire,
el ozono siempre más volátil
había agotado su fortuna y expuesto,
sólo compartía el reguero de muerte.

Assassins a contrata, viles sicarios,
eran las últimas palabras
en nomenclatura de criptón,
un chico joven del barrio,
sin saber cómo defenderse murió rápido,
tanto Neón como Metano,
quedaron descompuestos, fragmentados
al fulgor de neón sólo fue aviso
de su muerte y el inconfundible hedor de metano.

No había caso, un siniestro fin tenían
quienes osaban acercar, comprimir o detener,
la muerte los seleccionaba con una mira,
desde la punta del cuchillo y abría al cielo,
caían o volaban según su peso específico,
la sangre nunca había convertido
el plano espacial en tantos colores.

Todo era hidrógeno y muerte,
ese sabor a oxígeno en la garganta,
tal cual, oxidando los cuerpos,
los restos y su descomposición,
aceleraban la pena y el olvido,
rápido, rápido, nanosegundos,
ya florecían desde la misa herida,
sabios y competentes,
los amos del aire en majestosa algarabía,
volvían a ocupar ese lugar donde la muerte,
recién había hecho estragos, pero,
el pasado renovaba la memoria
de los mismos elementos atacados.