Historia de amor, la mañana, diez de Enero


La mañana tenía aromas de su boca,

[era mirar un beso descubierto]

fresca, desconocida y hambrienta.

[una brisa confundía mi lengua]
El sol abufandado de edificios

[se enredaba entre el concreto del pavimento]

nos miraba de rebote por los ventanales.

[nuestros besos eran la rosa cromática]
Sus ojos eran otra boca, dulce vidriera

[yo vi correr en el fondo la alegría]

de espasmos y llantos, olía a amor.

[latía todo entre su lengua de amor]
Nos besamos y ahí supimos de suspiros

[aprender el sabor de la mañana]

ese devenir de los orgasmos del alma.

[reconocernos parte del otro, toda la boca]

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Volar

Yo quería volar sobre ella,
ser la sombra engulléndola
el ave regresando del vacío
con el hambre del cielo,
la quería sola, egoísmo nuestro
abriendo sus alas, sus brazos,
pintar sus pechos con un millón de bocas.

Hacer en su vientre un concierto
al aire libre y arder los maderos,
prendernos fuego a contra viento,
desafinar en las notas risueñas,
ahogar cada tecla en tus caderas,
montar un espectáculo pirotécnico
con el juego de los colores en las manos.

Desnudos, si desnudos, rozarnos,
sentir el pulso hundiendo el letargo,
chuparnos dulces, almíbar de cuerpos
devorados en una cama de algodón,
volver a la adolescencia de los sentidos,
jugar a escondernos en nosotros,
sin contar hasta tres, salir y darnos un beso.

Dibujarnos y rompernos en ese instante,
lanzar acuarela sobre los recuerdos,
ser de oro y plata, fundir los metales
con sus ejes de sangre y volar como antes
cuando éramos ángeles cantando al amor,
soñar que era cierto este sueño sideral,
volver a cerrar los ojos y despertar.

Luz

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Dima Rebus - watercolour artist

Beberé de la luz
como falo lumínico
de saciedad,
ya sea leche o cal,
dejaré seco el faro
hasta mis entrañas
arderán de bondad.

Cerraré los ojos
para evitar la ceguera,
esa salpicadera fotosensible
dejará un reguero,
marcas de primera,
la sabiduría en las comisuras,
babeando de luz.

Bajará por el mentón,
hinchará mis pechos
de preciosa luminosidad,
arderá la garganta por fuera,
con un nido en el ombligo,
goteará su cauce,
hasta el hartazgo sexual.

Toda hinchada
como el papel, que,
da vida a esta obra,
surgiré real, con esta lengua
atravesando un mural,
en tus ojos de poema,
también seré letra.

Notas de acuarela

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Margaret Bergart

Dejé en alguna parte el papel
allá lejos los colores, tristes,
se hicieron camino, encontrarse,
fue difícil para ellos, objetos.

Luego los vi, forzándose con ayuda
del viento y algo de agua, felices,
volcándose los más débiles, ellos,
supieron ganar al rojo o al amarillo.

Sus líneas nacieron después, raíces,
dicen que serán flores para Margaret,
ahí se formaron dulces amapolas,
las más tristes eran todas delicias.

No necesitaban agitarse al viento,
ya eran creación única e imperecedera,
en la memoria de ese corto día,
donde nacieron las más bellas.

El Arte de las flores

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Georgia O'Keeffe - Blue Flower 1928

Fue como tomar palco,
admirar una obra de arte,
la naturaleza de una flor azul
en frente de mis ojos,
La vi a ella
brazos abiertos,
pechos al cielo,
bella, bella,
piernas cruzadas
respiración agitada,
lo colores de su piel
y el neón azul afuera,
decían “Vacancy”

Entré y me teñí de ella
que más da nos escucharan
al final todos éramos artistas
nos pintábamos de las bellas
a veinte dólares la hora,
tomabas una habitación,
con un atril de cama,
los lienzos perfectos,
acuarela en la boca
o en las manos
y también en el cuerpo.

Trazos largos, silencio pequeño,
hundías el pincel con pasión,
surgían los colores, quejidos grandes,
tomaba forma tu obra,
la figura se plasmaba, orgasmos
en la mirada y la musa,
se deshacía en tus manos,
agua por favor, más agua,
los tonos afiebrados del cuadro
delataban los momentos culmines,
la obra abarcaba toda la luz,
la ventana, otro ojo de azul los llenaba.

Salías extasiado a la calle,
más radiante que el sol,
la obra de arte tu cuerpo
era un infierno propio tu andar
el azul lo llevabas dentro,
desde tu mente se hacía vagar
las pinceladas de su boca
te recordaban lienzo, textura, agua,
descansar el pulso, volver a secar,
ningún rastro de principiantes,
quedabas convertido en maestro
por veinte dólares en el motel del arte.

Swimmer tres

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Pedro Covo, artista colombiano

Sigo la silueta de tu paso,
el agua te recuerda y declama,
en su voz refrescas mi mente,
más de piel y menos de agua.

Así te sumas al torrente,
alargado por tus piernas
desde el fondo la transparencia,
estuviste ahí, bajo el amor del mar.

Ya no temo soñarte desnuda,
he visto la piel cubierta de alma
como el agua te vestía, húmeda
en mis memorias de poema y acuarela.

Swimmer dos

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Pedro Covo , artista colombiano

Si la mujer es de agua,
somos contemplación
ese límite verdoso de la acuarela
donde nadan los colores
y recala la imaginación.

Si la mujer es tela,
somos pincel y bastidor
para contener la obra hecha de piel,
donde un trazo nos acerca
a la llamada perfección.

Si la mujer es color,
somos los tonos sutiles
buscando esa escala de hembra
que divaga y aún queremos
hecha nuestra obra de amor.

Si la mujer es inspiración,
entendería la búsqueda
esa figura moviéndose dentro,
queriendo salir del cuadro,
rompernos a mares el cuerpo.

Swimmer

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Pedro Covo, artista colombiano

Yo te vi sumergir una y otra vez,
eras un cuadro de fondo verde,
en tu denudez el color desaparecía,
una marina, una sirena, una ilusión.

Abrazabas el mar de la tela,
sin saber a dónde creerías llegar
el agua y su efecto de vidrios,
te hacían resplandeciente brillar.

El amor de tu piel al mar
se reflejaba en ondas expansivas,
lograbas conquistar las aguas,
su luz eran pedazos de espejos.

En tu cuerpo el color era amor,
amor al ser de agua que es el artista,
sus ojos claraboyas mar adentro,
donde el reflejo de tu alma flotaba.