Imaginario del ego

Cuesta salir del yo poético.

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Imaginario de buenos días

Te miro, observo las curvas de tu cabello y mis dedos desaparecen. Sigo la línea de tu rostro y encuentro tus labios, los beso, devoro esa boca dormitada y te pido no abras los ojos. Pegaditos nos sentimos vivos.

Despertamos desde dentro, desde la fragua del alma, desde la hoguera del amor, desde el cuerpo hasta la misma inconsciencia.

Me miras, acercas tus labios al cuello, susurras un “ámame ya” y mi alma embiste todo tu cuerpo, nos hacemos uno en el preciso instante en que los sentidos despiertan.

El vaivén de las almas roza el cuerpo, penetra los sentimientos y permea los sentidos, somos evidencia cuando las bocas gimen millones de te amo.

Feliz segunda parte

Luego de meses, el avance tecnológico aún nos mantenía entre correo electrónico y mensajes privados de twitter. Pero, cómo saber si no era mi imaginación o una alucinación del tipo crush, no había forma de comprobar que el amor había llegado para ocupar mi alma, mi cuerpo y todos mis sentidos.

El amor habría su chistera llena de poemas para ella, uno a uno saltaban de forma creativa, una droga era hablar con “mis letras” de su alma, de su mirada y todos los tweets tomaban como faro su belleza, esa hermosura que logras ver a través del teléfono móvil, esa magia de sus acciones y la respuesta de mis palabras sin rimas pero mucha armonía y decidí poner a la mujer en mi altar de musa.

Entonces la mágica sorpresa sucedió sin saber nada antes, sin aviso, así, como son las sorpresivas llamadas telefónicas, iba de vuelta a casa y entre medio de pasajeros en un repleto bus, sonó mi celular, ví los números y sin entender de dónde sería contesté.

Era ella,

su voz recorría

mi piel,

escalofríos

viajaban libres

por mi cuerpo,

vibraba,

resonaba mi corazón,

dije tantas veces “te amo”,

más de alguien aturdido

por el cansancio cobró vida,

sonreían por mi felicidad

extrema y precipitada.

Entonces supe,

el cielo es un lugar inventado

para hacernos creer inalcanzable,

estaba ahí,

hacía de mi cuerpo su territorio,

me inundé del verde, del azul,

de estrellas viajantes,

de lunas dormidas ahora despiertas,

de soles en mi garganta,

de colisiones,

de la maravillosa materia

de la cual el amor

hace remanso nuestros corazones.

Le dije que ése tipo de locuras calificaban para récords y un millón de besos cruzaron todas las montañas hasta Río Cuarto y volvieron húmedos, deliciosos, sedientos de mi boca. Su boca la conocía sólo por imágenes, era mi reina, mi delirio, mi casualidad en todas sus dimensiones.

Las sorpresas comenzaban recién y fue un rito que hizo de esta llamada el mito de nuestro amor, cada vez esperaba esa llamada, sin importar dónde estuviera o haciendo lo que fuera, ese pedazo de voz me hacía sentir vivo y por una razón cada vez más clara, haciendo un nido en mi pecho y esperando por su corazón.

Continuará…

Historia de amor, un día como hoy, dieciséis de noviembre

Un día como hoy subí al cielo en un millón de besos y llegué al infierno en tus brazos, luego, enredado en tus Rulitos “peinados” me amacaba dulcemente, sin duda estaba más cerca del cielo y del infierno.

Un día como hoy por tercera vez me ponías nervioso y cuando quise enfundarme en tu pecho un muro lo impedía, sin embargo tu espalda libre me dejó acariciarte, a más de treinta pisos sobre el suelo estaba cerca del sol cuando nos hicimos uno, en un abrazo y muchos besos.

Un día como hoy llegaba a ti con la esperanza que me llevarás en tu ropa interior, latir junto a tu corazón y dos lunas o bajar y sentir como late el amor, o vivir entre tu acento del imperio y mi porteño trucho, pero aún estamos en camino a la felicidad.

Un día como hoy fuimos todo lo que a diario nos escribimos, nos leemos y nos escuchamos, desde el amor que todo lo puede. Un día como hoy serán todos los días que vengan.