EL SILENCIO DE LOS PECES

He quedado en deuda para este Viernes Creativo con Silvia y solamente pude hacer un poema creativo. Invito a todos quienes deseen hacer de este un día diferente y escribamos más de lo que deseamo en conjunto con los buenos amigo de WordPress.

mar 1

Este silencio gastronómico
de su arte culinario
se expande desde el ombligo
hasta la boca del hambre.

peces 1

Suenan mis deseos de su bajo vientre
esa cuerda tensa de carne y almácigos
fecunda entre la tierra que nos falta
hasta el mismo cuello del alma.

peces 2

La quiero comer pero ella no es gourmet
en sus caderas la amabilidad es graciosa
ese aroma dulce de la cebolla frita
aliñada con ternura y temple.

peces 3

Las branquias resuellan frescas
abro sus colores y aún respira
excitada por la aventura en la tabla
tomo el cuchillo y ambos somos el filo.

peces 4

Su último respiro es un coito locuaz
porque la he escuchado mil veces en el mar
galopando como hacen los peces
en este el silencio de la carne viva.

peces 5

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Fieras

Siguiendo con los Viernes Creativos de Silvia, he aquí un relato menos inocente que el anterior.

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Esas fieras agazapadas, esperando el infortunio del equilibrio natural, oliendo sus presas, respirando el miedo y camufladas como mujeres para distraernos y caer en sus garras, devorados por esas fauces, sedientas de nuestra sangre, hambrientas de sexo.

Desde acá sutiles, débiles, hijas de la carne, solitarias y necesitadas, hojas de árbol a punto de caer y queriendo quebrarse antes de tocar el suelo, de sangre viva y despierta, sólo las separa esa amargura en los labios que auguran un banquete.

Soy carne para un festín, aunque no me siento expuesto, el calor de la tarde no hace presentir nada de lo que vendrá, solo me quedo extendido, desnudo y sin nada más que el abrasador amor del sol, hierve mi piel y gozo cada espacio de mis deseos.

Se acercan y no las veo, el ambiente está raro, este calor me hace sudar frío, un aviso endemoniado del cuerpo, del pulso, me siento enfrentado a una jauría y son doradas, se dejan entrever por los rayos solares, estoy enardecidamente a su merced y así lo deseo.

Entregado a la muerte, sé que me destazaran de placer y agonizaré toda esa tarde en sus bocas, presiento el olor a hambre de sus sexos, babeantes y ese jadeo animal previo al asalto y carnicería, aún no llegan a mi y estoy angustiado, duro, esperando.

Ambas aparecen a mis pies, una especie de rito y al parecer su táctica es de sumisión, dos temblorosos animales del sexo, pidiendo misericordia, agua y mucha carne por supuesto, no alzan la vista para nada, no desean quedar expuestas sus verdaderas intenciones.

Lamen mis dedos, una por pierna, definitivamente están endemoniadas, pero en su silencio carnívoro esconden la fragua de sus cuerpos, embisten con sus lenguas todo a su paso y nada las detiene, menos yo que las dejé llegar a sabiendas de mi suerte.

Al verme erguido y humeante se lanzan bramando una especie de orgasmo, son dos pero parecen una jauría desbocada por mi cuerpo, engullen cada una a turno van cambiando sus bocas, verdaderas fauces endemoniadas y ellas no cambian su naturaleza.

Se montan y fingen muertes, una tras otra me hacen hervir, y creo que son miles mis gritos de más, ríen desconsoladas, apuran su ritmo vuelven a cambiar el acelerador a fondo, se hunden en mi y no paran, mi final de existir se acerca muy dentro de ellas.

Gritan alborotadas mientras voy perdiendo las fuerzas, ambas me elevan y el sacrificio es perfecto, sigo sus designios, sus instintos nunca las han defraudado y soy parte de su ritual de carne, sexo, pasión, nuevamente estas bestias me han matado.

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Marte

satélites de Júpiter

VIERNES CREATIVO

Tomando la posta de Silvia desde su maravilloso y diverso blog, con una imaginación a toda prueba me sumo a la idea del “viernes creativo”. He aquí mi aporte. 

Las lunas de Marte

Marte era un chico muy especial dentro de sus hermanos, el segundo de los menores, el más peleador y siempre lucía irritado, sus hermanos le decían “rojito” a espaldas de él y aunque nunca se mofaban porque se querían entre todos. Venus era mayor por poco y siempre lo contenía, no lograba apaciguar del todo, sin embargo, quedaba más tolerante antes los demás.

Mercurio el menor de todo lo admiraba, todo ese ímpetu alentaba siempre al enano, “curio” entre ellos. Júpiter no participaba de esas niñerías, junto a Saturno, Urano y Neptuno pertenecían a la selección del sistema y Marte se sentía relegado, le faltaban años luz para entrar en las eliminatorias. Además cada tanto aparece uno que otro queriendo ser más que ellos, recuerdan a Plutón, bueno, en este cuento no va, sólo lo nombramos para evitar problemas con los científicos.

Marte se preparaba desde pequeño para pertenecer a las grandes ligas y nadie lo desechaba, pero falto de experiencia era sólo un buen prospecto, se irritaba cuando el padre Sol lo detenía en sus intentos de arrancar de casa y volar en busca de nueva orbitas, conocer estrellas mayores, quásares y alguna enana para su hermano.

Cierto día de lejos divisó las fanáticas de su hermano Júpiter y tuvo el coraje de preguntar a los otros hermanos los nombres de las chicas satélites. Se reían siempre de “rojito” pero al verlo serio, dieron una lista con las lunáticas. — Toma, ahí tienes sus nombres, Adrastea, Amaltea, Europa, Leda, Himalia, Lisitea, Elara, Ananke, Carm y Pasifae.

Europa le sonaba a conquista, a batalla, a sangre y revueltas, para Marte sería una epopeya grandiosa y sólo comparada con ser parte del equipo solar, conocer sus excentricidades, encontrarse cara a cara en una de esas vueltas de la vida, doblar el sistema creando su propia orbita y ser satélite eterno de ella, viajar a donde sugieran las corrientes magnéticas o ver juntos auroras gamma, conocer de lejos la materia oscura y tal vez en miles de años, desintegrarse para dar paso a nuevos sistemas de vida.

Todo eso lo soñaba un chico recostado en su cama mirando a través de la ventana, en ese infinito cielo plagado de fascinantes historias y haría realidad más adelante cuando fuera escritor de ciencia ficción, su anhelo desde que tuvo consciencia de ser parte de un todo tan grande como el universo.