Antes de Instagram – Gervasio Sánchez

Buenas tardes de sábado, con mucho esfuerzo llego a ustedes, han sido días difíciles para mi, después de años escribiendo me encuentro en una sequedad, un desierto, un destierro de las letras y no quiero faltar a mi búsqueda, es por eso que les traigo a un fotógrafo Gervasio Sánchez en su nombre está el enlace de Wikipedia y ahora con altura de mira expongo parte de su obra llamada “Vidas minadas”.

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Las palabras están demás pero el consuelo jamás alcanzará a este jovencito.

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Pertenezco a un país y a una sociedad que conoce de las guerras, pero gracias a Dios ya no, la pregunta obvia es cuando terminará para ellos.

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Será el amor el antídoto de las guerras y cuánto amor nos falta entonces.

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La esperanza está en los niños, amar como ellos lo hacen y soñar en dejarles algo donde vivir.

Historia de amor, su versión, sus palabras, su amor, trece de enero

Esta historia está contada con su versión de los hechos, con sus palabras y con todo su amor

Caminaba por las nubes… ese era el sentimiento.
Apresuraba los pasos y con el corazón en la boca, en los ojos, en la piel…
Corría a tu encuentro.
Se que tú retienes más los detalles, como la hora exacta y los minuciosos instantes que transcurrieron. 
De aquí no me voy sin abrazarte, te dije (y sé también que no fueron las palabras exactas)
Nervios? … no lo sé. ..
A esa altura creo que los nervios habían quedado amarrados a alguna nube (de esas imponentes que había cruzado días antes en el recorrido hasta tu tierra)
Estabas cerquita
Lo sabía
Lo intuía cada pedacito de mi ser
Te sentía como a llegar a la ciudad, acariciando tu aire, respirando tu lugar
Apareciste. .. (y aquí trago con dificultad y se me nubla la vista;  es que es tanto sentimiento..)
Nos hicimos uno; 
aunque somos uno desde aún antes de saberlo siquiera. 
Te miré y fuimos un beso que detuvo el mundo. 
Si la gente nos miraba? (Aquí estaría preguntando )
Qué gente? …
Para mí estabas vos
Sólo vos
Y fuimos un millón de besos
Y los te amo .. 
Los te amo pasan el registro de millones (y ahí matemáticamente me pierdo..)
Los te amo son nuestra vida
Son cada pedacito
Son cada detalle de amor
Son las buenas y las no tan buenas
Son la promesa
El milagro
Los te amo son la vida misma

Aquí tal vez ya me fui del relato; y es que estoy en tus brazos
Y mientras respiro de ti y hurgo por dentro de tu camisa (esa que es mía, lo sé, ni sueñes con que sea aún tuya)
Y me embriagan las cosquillas, el calor de tu cuerpo, el sentimiento a flor de piel..
Me aferro aún más cerquita y mientras trabajamos y reímos; sentimos paz. Esa paz que nos regaló la vida cuando menos lo creíamos. 
Esa paz de sabernos pegaditos
Esa paz que es nuestro amor.

Hambre


Minutos después del almuerzo

Sus labios hinchados de hambre

hacían agua sin saciar,

pasaba su lengua roja y húmeda,

el postre estaba en frente.

Parecía oler su perfume de placer,

lo observó bien y se acercó,

sin agitarse imaginaba

sus ojos grandes rodeaban con ansias.

Se desnudó el poder incisivo,

su pecho latía libre,

con dos dedos hundía

el hambre que azotaba su cuerpo.

Saboreó con todos los sentidos,

en su interior un dulzor

se abría paso, éxtasis, río,

la gula recién comenzaba.

El amor es ciego en ciudades ajenas…

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Los ventanales deslumbraban desde lejos, no sabía, si era metal o vidrio

el ruido del centro de la ciudad, un hermoso bullicio,

con la timidez de una animal del bosque, entré,

mis pies forzados a la dureza avanzaron.

Una mano alentaba mis pasos, desconfío era la pregunta,

sin embargo, soy de instintos de olores, de aromas, del viento y sus acechos,

el fulgor cegaba mis temores, la invitación parecía mía,

tomé las calles y las pinté color madera, color flores.

Las luces dormían en sus hombros y comencé a roer el casquete que las atrapaba, volaron solas y alumbraron almas negras, luego se fueron tan ciegas como cuando entré a su ciudad, eran moradores antiguos y dueños creo de todo, entonces avancé con mis leños y prendí fuego a todo aquello parecido a algo muerto, nadie discutió conmigo sus muertes y volaron cenizas ya muertas de cosas plásticas sin alma, los sabios decían que la pira limpia las calles y sus vidrios no se rompen más, aunque, había siempre vidrios rotos y también lloré con ellos y no los conocía antes, no éramos amigos, sin embargo me hicieron sangrar la primera vez, los perdoné tan rápido como se fueron fundiendo en mi e hicimos otras ventanas, ni de aluminio era su estructura ni de bases o quicios perdidos.

Boté paredes y planté cielo azul, celeste, rojizo, cobrizo, con nubes y piedras, regué su boca, sus sueños y sus torpezas, dibujé zanjas donde ambos podíamos caer, reír y tocar una melodía de agua, de canela y dulce de leche en invierno, aprendí a comer de sus ojos, de su respiración y a volar dentro de su pecho, ese si que es bosque para mi aires de gran y pequeño a la vez, repté por su espalda como los humanos y aunque le hice daño con mis garras, dijo que prefería vivir arañada que herida, su alma de esponja me recordó a una reina que tuvimos y nosotros mismos desechamos por el río, desde entonces el río nos protege y viaja a donde vamos, sus aromas de mujer dulce anticiparon esta parte y el comienzo fue dócil.

Tuve que romper todo le dije y ella misma quebró su alma

le puse parches de menta y besos de laurel,

creció un árbol en su vientre

de las hojas escribo con la tinta de su sangre.

Nada muere en esta ciudad, todo se desinfla con la noche,

la luna la comimos el primer día y con amor

todo se ve claro, desnudo y frágil,

o sea real, como la vida misma.