Sacred

Hay algo sagrado,
el aire lo desea
envuelve su cabello
con mordazas de hambre,
la angustia corroe
un ambiente efímero
de armonía.

Hay algo sagrado,
no se entiende su fin
pero carcome el tiempo,
sedantes descienden
hasta sus pechos.
La respiración arde
hundiendo sus manos.

Hay algo sagrado,
en sus brazos alzados
una imagen desnuda,
la evidencia está en su piel,
por más que busca,
excita con desenfreno,
late en sus labios.

Hay algo sagrado,
se llama mujer,
nos da la vida,
nos da su amor,
nos cobija del sol,
crecemos en ella.
Merece todo nuestro respeto.

El mar detrás de una imagen

Detrás de una copa de agua,
luego de unas casas
encontrarás la carretera,
para llegar a la ruta 68.

Verás atravesar la cordillera de la costa,
el clima cambiará según la estación,
un valle, un peaje y viñedos te detienen,
ralentizan tu mirada, el verde incesante.

Delante de la avenida,
siguiendo al sol
verás el sonido del mar,
porque sabes está en esa dirección.

Un aviso de ruta indica, Algarrobo,
pero no te suena a playa, continúas,
Valparaíso o Viña del Mar, hueles la sal
inundando tus sueños de arena y viento.

El dorado del atardecer,
crea un imaginario mar,
donde miles de personas
no piensan en las olas.

Ya estás sobre la imagen dibujada,
cientos de kilómetros en un par de versos,
nos saltamos semáforos, asfalto y transeúntes,
sin dejar de mencionar la fauna de cada esquina.

Te sigo mirando
desde el séptimo piso
en un edificio con vista a ti,
te imaginé y me inunde de poesía.

El mar se recoge hasta la última gota de luz,
las olas estáticas, la sal inmóvil y el aire
se despide entre edificios ficticios y dunas,
todo en una postal, un recuerdo del verano.

Reina_me

 “Ocupa el lugar entre mi piel y tus deseos”

Riega con tus fuerzas cada paso,
conduce la embriaguez
antes del asalto,
llena tus ojos y garganta.

Enseña tus heridas y flagelos,
el silencio se encargará
de nosotros,
cubiertos de mil muertes.

Imagina este mundo carnal,
bajo tus manos doradas,
con el arte blandiendo tu lengua,
la fragua del asalto.

Nacarada la muerte,
una emboscada de luz
cierne sobre mis tierras,
un redil de orgasmos.

Aprieta el nuevo dominio,
somete a tu gusto,
inflige dolor con amor,
la abundancia está en tus manos.

Mana vida para tu reino,
la vid ebulle a tu pasión,
al ímpetu novedoso,
al fragor amoroso.

Enseña tu rito, ensáñate
de ser necesario, ha de ser
tu reino, tu gloria,
yo tú hogar.

Domingo de Pink Floyd – Dogs

Una metamorfosis
hará parir luces,
desde la Battersea Power Station
hasta cada oreja
en el ránking Billboard.

Habrá que juntarse a tocar
“you’ve got to be crazy”,
más con las garras,
el alma terminó con Wright,
años después del final cut.

Uno a uno fueron ordenados
los animales de casa,
inofensivos nombres
para mayúsculas bestias.

Quién puso el nombre sabía,
todo terminaría mal,
afuera eran la nueva
propuesta musical,
adentro sólo un disco menos.

Imaginario de Robert Doisneau

Baila para mí, Catherine – dijo Robert. No puedo maestro – respondió la bailarina, por qué – insistió Doisneau. Está todo destruido en su atelier.

Esa tarde sacó su cámara del lugar habitual y buscó el mejor ángulo, mientras yo miraba las paredes a punto de colapsar, retrató mi tristeza de forma disimulada. Insistía en verme bailar, a lo mejor sentía lo mismo que yo, esa desolación había que borrarla con lo mejor de nuestro arte.

Baile sólo para él y la cámara no pudo seguir mis pasos, de puntillas parecía borrar las heridas del alma, de su estudio y de mi corazón.