Antes de Instagram, Jan Saudek

Felices fiestas para todo el mundo bloguero, siguiendo con mi entrada de sábado dedicada a un reconocido fotógrafo erótico, y en mi incesante búsqueda y aprendizaje, tengo el honor de presentar a  Jan Saudek de origen checo, sufrió las penurias de muchos por ser de familia judía, sin embargo sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, junto a su hermano y padre. Desde ya anticipo el tratamiento a las imágenes es crudo, grotesco, los ambientes propicios y el uso del color exagerado, justamente para provocar a ciertas realidades.

Los textos al pie de cada imagen son de mi autoría

 

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“Extravagante son los sentimientos con tanto color encima.”

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“Mamá cuida de mi, no soy tu madre, somos gemelas.”

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“Esculpe un deseo con tu boca, házme a imagen y semejanza de tus deseos.”

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“El amor es un niño observándonos desde alguna ventana en el futuro.”

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“Yo la quería desnuda y ella supo imaginarse húmeda.”

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“Enciéndete le dije, prefirió hacerlo con lo demás.”

Ciertamente esta vez me excedí con la cantidad de imágenes, deben reconocer en este artista de la fotografía su búsqueda más allá de los  o las modelos a trabajar, construye ambientes sórdidos la mayoría de las veces completamente desoladores, siempre he dicho y reitero esta vez, soy aprendiz de muchas cosas y puedo tener hasta mal gusto, sin embargo, eso no quitará mi apetito por conocer el mundo a través de los ojos de otros. La fotografía es otro tipo de libro a leer y aprender de sus historias.

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Andrómeda IV

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Andromeda by Sir Edward John Poynter, 1869

 

Acto cuarto

Perseo y Agénor

No hay reino alguno en mi contra,
sabrán por mis manos donde la fuerza
de mil hombres el amor empuña,
arrasaré con todo linaje de ser necesario.

Agénor ven y resolvamos esta afrenta,
llevo el corazón de Andrómeda en mi pecho,
bajé a los mares de Poseidón y luché con Ceto,
no habrá hombre en la tierra que se interponga.

Porto la cabeza de Medusa en mis alforjas,
huestes caerán por tu porfía y desdén,
convertiré en piedra a quien ose enfrentarme,
incluso a tu fina investidura de príncipe.

TeVe

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Darfur, Siria, Vietnam, Alemania

Yo vi las guerras por TV
de esas donde la sangre se compra,
es de azúcar así no más,
las balas sólo efectos especiales,
nadie muere una vez la apagas
todos vuelven a casa.

Eran actores millonarios
con dobles de primera y segunda guerra,
nunca han tomado un arma,
han muerto tantas veces
y matado cientos de miles
sin volver a cargar un guión.

Desde Tomny hasta Pinky
y el niño del tambor he visto en sus ojos,
el desamparo televisivo de las guerras,
porque nadie vuelve a llamar
a esos niños actores,
por más connotados hayan sido sus papeles.

Porque han muerto millones
su sangre podría volver al mar rojo,
de los extras no quedan vivos
los recuerdos sepultados y cremados,
hacen de nuestro día a día
otro programa nuevo en la TV.

De Luna a Selene parte trece

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

 

Eran hombres vividos en las artes del sexo duro, de esposas, látigo y cuanta crudeza se les ocurriera y ella los doblaba como rompa interior, con cariño y manipulación, sorprendidos en ese espacio infinito como la calidez de su pecho, adormecidos por las canciones mentales que les hacía sentir,  y esas orgías, de las cuales eran dueños, amantes de todas las mujeres posibles, eran sus propias ansias las que los llevaba al delirio y caminaban ciegos al Valhalla, eruditos del cuerpo femenino se querían saltar las fases de conocimiento, parlamento y llegaban directo a someterlas, era ahí donde las sencillas virtudes de Selene la elevaba a una Afrodita y toda la cultura de ritos la acercaban a la perfección amatoria, su pecho enardecía y ellos caían en la fiebre que todo ser humano conoció antes de la muerte, antes de osar copular con una Diosa.

Ahí fue donde la conocí, caminando por las calles, haciéndose espacio entre veteranas y dueñas de esquinas para perderse entre la indecencia humana que todos llevamos, cuando la miré no podía creerlo, temí, lleno de miedos me acerqué y sólo dije un hola, tomó mi mano pero me rehusé y salí corriendo, no tenía edad para andar por esos barrios, pero mi padre me había dado el dinero para hacerme hombre antes de que me echara a patadas por ser más parecido al hijo del vecino, no quiero hijos gays en casa, fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta, y había pasado gran parte de la mañana preguntando dónde encontrar, bueno, es obvio que buscaba. Empezó a oscurecer y me encontré con ella de nuevo, seguro me siguió, la cosa es que nos encontramos en una plaza, y antes de decir algo, tapó mi boca con un beso, un beso de esos donde el cielo es frío y pequeño, comparado con su beso, sin decirnos más nada, estábamos como adolescentes sobre el pasto, sonriendo de la pequeñez del mundo y lo grande del amor, me reconoció débil para protegerme y fuerte para apoyarse en mi pecho, sólo escuché su nombre y la dulzura de su voz para saber que no sólo los poetas tiene la Luna para ofrecer, a mi había llegado convertida en una chica adorable y esa noche de verano llovió en cuatro ojos, me contó todo y todo era un infierno, pero me miró y también dijo, ahora estoy salvada de seguir haciendo todo lo que me forzaron.

De Joe no supimos mucho, la policía llego a Vermont y desapareció, para siempre. Han pasado tantos años de terapia y dos hermosas hijas; Selene y Afrodita que la vida nos sonríe, todos tenemos demonios y dioses dentro, sólo que algunos jamás debe despertar, aunque cada tanto me posee y yo pienso que es más amor que deidad y ambos nos habitamos de la misma dulce y fuerte manera que la primera y todas las veces siguientes.

FIN

The Host of Seraphim parte dos

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Te recomiendo escuchar el siguiente tema para leer este breve poema.

Dónde la piedad edifica
corazones que no los pone
al servicio de la vida.

No importa que sea
para volver a morir,
esta batalla es así.

Dos vidas por una muerte
y algún día seremos
perdonados.

Cuando venga
el gran haz de luz
y nos divida.

De la carne y su alma
en un sólo golpe
rodaran nuestros pensamientos.

Como una mancha
negra de sangre,
todo lo que no se hace
no vale la pena.