Descubre América del sur

Encontrar nueva música aún en voces no tan jóvenes, finalmente es descubrir la riqueza de nuestro continente. Sé que debe haber mucho más allá de este tema y sin embargo eso será parte de su búsqueda.

Les presento a Elza Soares

Una mujer del fin del mundo

Una mujer del fin del mundo busca la paz de su piel, los rasguños de la vida no la dejan viajar más allá de sus heridas y recuerda el mar siempre a sus pies, la arena no la detiene.

Una mujer es el fin del mundo cuando deja de soñar y nos arrastra en su soledad, se escapa con el sol bajo el mar que bebió por no entender que vamos y venimos con las aves.

Una mujer del fin del mundo lucha por la vida cuando acuña entre sus brazos nueve meses de espera, a veces menos y es feliz viendo avanzar sus hijos y el amor en ellos.

Una mujer es el fin del mundo cuando espera a que el mar les devuelva los amores más allá de sus pechos y los llora y el valor de ellos está en beber hasta olvidar, la vida y el amor.

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El ovillo de plata

Cierto día acompañé a mi abuelita al mercado de lanas, aunque debía levantarme temprano la recompensa era deliciosa, un pedazo de torta y bebida gaseosa, después de transitar por todos los pasajes y recovecos buscando el color especial y la textura adecuada para su negocio de tejido de alfombras, bajadas de cama y otros productos. Su bolso parecía ser mágico al igual el dinero, compraba, compraba y todo adentro calzaba. Cuando pensaba ya era hora de mi recompensa abuelita dio un giro y entró a una tienda poco visitada, atendía una señora mayor, muy mayor, podría ser la madre de todas las abuelas, antes de acercarnos a consultar ella dijo. – Lana para ovillar bajo la luz de la Luna anda buscando – mi abuelita que es muy parlanchina quedó muda, tomó dos madejas y metió en su bolso, la señora terminó diciendo, – vaya con Dios –
Ya en casa venía la segunda etapa, separar las lanas y de las madejas hacer ovillos, sin embargo yo no participaba de tan enredada misión, aunque si algo sobraba lo usaba para mis volantines de papel de diario y eso sucedía una vez terminada la sesión de hacer bolitas de lana como yo decía, siempre dejaba el bolso tirado y yo hurgaba dentro de él, mi mayor sorpresa fue al ver la última lana que esa señora había regalado a mi abuelita, ahí estaba, dejada por olvido o porque ya no le gustó el color, preferí no usar esa lana y evitar que mamá o papá me delataran. Salí a jugar al patio trasero y ahí estaba mi nona como decimos por acá a las madres de nuestras madres, cantaba en voz baja a las flores y recitaba frases una y otra vez, hasta de forma repetitiva, yo nunca la distraía cuando hacía eso, porque de una u otra manera ese jardín brillaba lleno de colores y aromas.

Llegada la noche y después de la cena todos íbamos a admirar las estrellas y si había luna mejor espectáculo, luego a descansar y yo a soñar con elevar más alto los volantines, ojalá pudieran llegar a las nubes, justo cuando estaba en la mejor parte abuelita despertó con un susurro, – ven Simón tengo el hilo que necesitas – caminamos a oscuras por el zaguán, ella veía perfectamente de noche y llevaba en el otro brazo el bolso, en el patio trasero y ante nosotros una Luna tan grande y brillante que parecía de día, me soltó de la mano mientras abría su bolso y sacaba esas madejas de lana olvidadas, tomó ambas madejas y las lanzó hacia la Luna, era tanta su luminosidad que pareció haberse tragado la lana y luego, como un acto de magia más, comenzó a bajar un hilo plateado, lentamente comenzó a ovillar y metió en su bolso. Para cuando desperté en mi cama pensé que había sido otro sueño por alcanzar mis adoradas nubes.

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, octava parte

La cena es un rito, antes, durante y después…

Corro al baño a lavar mis manos, a pasar el jabón entre los dedos y a secar profusamente, voy al refrigerador por restos del almuerzo y sé que ella preparará verduras, onda light, onda espiritual y onda nutritiva. Entonces pregunto ¡¡ y la carne, las milanesas !! desde la sala, especificamente desde el sofá una risa inunda mis orejitas.

Camino de a poco hasta llegar a ella y el verdor de sus ojos refresca mi hambre, la beso y doy por superado la falta de carne, como pez, como amor, se desliza en mi boca, sus besos proveen de más ganas y la cena se hará entre nosotros con paz y algo de música y algo descalza de mi adorada Rústica.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, séptima parte

Ambos recostados sobre la manta…

Y las nubes tomaron forma de poesía viva, y sonrieron con ellas y las aves bajaron al pasto al sentirnos reír. Rústica pasaba su cabello por la cara de Puntilloso, lo dejaba tomar notas de las hojas cayendo en el pasto y las peleas entre los gorriones (ruiseñor) por restos de ramas para sus nidos, ella sabía que él recoge versos espontáneos cuando la naturaleza hace su obra, vivir y darnos vida. Respirar bajo un árbol ha de ser la experiencia más gratificante para un ser humano.

La manzana de la discordia

Rústica siempre trae consigo meriendas naturales, saca su manzana roja y siento el olor dulce al enterrar sus dientes, me queda mirando aún la boca en faena y dejo tirado el lápiz y abro mi boca para rescatar a esa deliciosa fruta, ambos mordemos, ambos reímos y nos miramos con ojos locos y sin poder reír para no soltar la manzana seguimos masticando, hasta llegar al centro, nuevamente nuestros labios, muy húmedos están juntos, dejamos caer el resto y nos besamos.

El sol despide este día

Naranja resplandeciente,
retales de colores
incandescente amarillo,
ensordecedor,
desolador,
abrumador.

Un brillo sin precedentes,
el capítulo final,
desplegados sus rayos,
un zumbido
inunda
el réquiem diurno,
fallecen los colores.

Volvemos a casa, la cena ha de ser otro momento entre Rústica y Puntilloso.

Contiuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, sexta parte

Aún de paseo

Están en las flores, en el rocío, en el tallo verde de amor y en todos los colores.

Rústica enseña los pasos del “cuarteto” él la sigue no más, se deja llevar, es casi un Rústico a veces, cuando el amor toma sus flacas piernas y mueve el esqueleto por completo, Puntilloso no sabe las canciones típicas del baile preferido de Rústica pero hace una imitación trucha, ahí ella ríe a mares y ambos son felices como siempre pero más.

Agotados se tienden en la manta, ella obedece los cuidados Puntillosos sobre los excesos de humedad para el cuerpo, buscan en la libreta poemas sin terminar, pero Rústica quiere atraparlo en sus brazos y él se deja seducir por el amor. improvisa un verso entre besos y mordidas, entre risas y cosquillas.

– Te amo Rústica
porque me amas Puntillsoso –

– Te amo única
porque me amas loco –

– Te amo música
porque me amas melodioso –

– Te amo lúdica
porque me amas gozo –

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, quinta parte

Salida de paseo

Rústica piensa en el sol, el aire libre, caminar descalza sobre el pasto fresco y húmedo, ella dice ser muy relajante, pega un mirada a Puntilloso y con sus ojazos le convence de inmediato, él toma su libreta, encaja unos buenos lentes oscuros, le gusta el sol también pero poco. sonríe, no tiene escapatoria.

Toman el camino amarillo y juegan a cantar en inglés (ella ríe más fuerte) Puntilloso se anima y ríe, de verdad, del alma, Rustica es feliz poniendo su cabeza en el pecho de su amor, siente su corazón latir fuerte, ambos se sanan caminando, siendo ellos, diferentes y enamorados.

Llegan a un plaza y el viento anuncia un día agradable, Puntilloso toma una manta y la deposita en el pasto, Rústica rauda descalza sus pies y sale a caminar, a conversar con la flores, él la mira y hace un verso entre la hermosura de las flores y la mirada de amor de su Rústica.

Ella lo besa, lo sonroja, lo hace vibrar, ambos pueden volar en ese instante, entre nubes y aves.

Continuará…

Antes de Instagram – René Burri

Feliz sábado amigos de la poesía en imágenes, hoy y gracias a la página de Tumblr The Elusive Muse presento al fotógrafo suizo René Burri con su mirada en blanco y negro de Argentina.

René Burri – Provincia de Salta Argentina, 1958

La vida de campo está hecha de animales salvajes y una cofradía de solitarios.

René Burri – La Pampa, Estancia Marianita Argentina, 1958

La domadura de bestias convierte al hombre, luego el caballo enseña al gaucho.

René Burri – Estancia Marianita Argentina, 1958

La vida cotidiana en las haciendas parece pintoresca y turística, sin embargo para ellos es su vida.

René Burri – Provincia de Mendoza, estancia CHIRIPA 1958

Donde deja marcas el hombre, también deja parte de si.

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, tercera parte

Desayuno versión Puntilloso

Ella se despierta en la mañana y admira a Puntilloso, comienza a besar desde la frente hasta bajo la barbilla, él despierta sobresaltado y piensa, ” ya no tendré que lavarme la cara “.

Puntilloso despierto calza sus zapatillas, no es capaz de tocar la alfombra ni con la punta de los pies, Rústica duerme sedada por los besos que recién dió.

Él goza con el sonido de las tazas y ordena el servicio, cucharita, tenedor y cuchillo según corresponda, después de la biblia el manual de Carreño es imprescindible, aunque viene incorporado en su alma puntillosa.

Rústica siente el olor de las facturas dulces y saladas, el aroma del mate cebado y descalza camina por el pasillo hacia la cocina, ve a Puntilloso y le dice, “y ahora qué hacemos” él de todos los tonos rojos ¡¡Pónele!!.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso

(En esta parte va el autoretrato de Rústica y Puntilloso, sin embargo aún no se ponen de acuerdo en salir)

Todo comenzó en las redes sociales y nada hacía presagiar una hermosa desventura entre dos personajes tan distintos y a la vez tan parecidos.

Rústica usa pantalones “campana” como dicen por allá, de pelo largo y ondulado, libre como las flores sin arrancar de la tierra. 

Puntilloso usa bien las palabras, los acentos donde deben ir y las comas cada tanto las pone, otras las come, se peina con los verbos engominados y por cada adjetivo saca de la manga otros ases.

Aún así se entienden lo más bien, ella se deja llevar y juega con él, pero él como buen Puntilloso mira a Rústica y ríen juntos.

Continuará…