El ovillo de plata

Cierto día acompañé a mi abuelita al mercado de lanas, aunque debía levantarme temprano la recompensa era deliciosa, un pedazo de torta y bebida gaseosa, después de transitar por todos los pasajes y recovecos buscando el color especial y la textura adecuada para su negocio de tejido de alfombras, bajadas de cama y otros productos. Su bolso parecía ser mágico al igual el dinero, compraba, compraba y todo adentro calzaba. Cuando pensaba ya era hora de mi recompensa abuelita dio un giro y entró a una tienda poco visitada, atendía una señora mayor, muy mayor, podría ser la madre de todas las abuelas, antes de acercarnos a consultar ella dijo. – Lana para ovillar bajo la luz de la Luna anda buscando – mi abuelita que es muy parlanchina quedó muda, tomó dos madejas y metió en su bolso, la señora terminó diciendo, – vaya con Dios –
Ya en casa venía la segunda etapa, separar las lanas y de las madejas hacer ovillos, sin embargo yo no participaba de tan enredada misión, aunque si algo sobraba lo usaba para mis volantines de papel de diario y eso sucedía una vez terminada la sesión de hacer bolitas de lana como yo decía, siempre dejaba el bolso tirado y yo hurgaba dentro de él, mi mayor sorpresa fue al ver la última lana que esa señora había regalado a mi abuelita, ahí estaba, dejada por olvido o porque ya no le gustó el color, preferí no usar esa lana y evitar que mamá o papá me delataran. Salí a jugar al patio trasero y ahí estaba mi nona como decimos por acá a las madres de nuestras madres, cantaba en voz baja a las flores y recitaba frases una y otra vez, hasta de forma repetitiva, yo nunca la distraía cuando hacía eso, porque de una u otra manera ese jardín brillaba lleno de colores y aromas.

Llegada la noche y después de la cena todos íbamos a admirar las estrellas y si había luna mejor espectáculo, luego a descansar y yo a soñar con elevar más alto los volantines, ojalá pudieran llegar a las nubes, justo cuando estaba en la mejor parte abuelita despertó con un susurro, – ven Simón tengo el hilo que necesitas – caminamos a oscuras por el zaguán, ella veía perfectamente de noche y llevaba en el otro brazo el bolso, en el patio trasero y ante nosotros una Luna tan grande y brillante que parecía de día, me soltó de la mano mientras abría su bolso y sacaba esas madejas de lana olvidadas, tomó ambas madejas y las lanzó hacia la Luna, era tanta su luminosidad que pareció haberse tragado la lana y luego, como un acto de magia más, comenzó a bajar un hilo plateado, lentamente comenzó a ovillar y metió en su bolso. Para cuando desperté en mi cama pensé que había sido otro sueño por alcanzar mis adoradas nubes.

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Quiero una nube

¡¡ Papá !!, me regalas una nube. Fue a su estudio y volvió con cartulina recortada en forma de nubes. Quedé mirando su obra la elevé y luego solté, cayó a nuestros pies. Encogió sus hombros y siguió en lo que estaba.

Fui a la cocina y dije — ¡¡ Mamá !!, me regalas una nube por favor. Sin mirarme sacó de un cesto varios huevos, después de un truco de magia, estaba revolviendo la parte transparente (clara), batía, revolvía y hasta desordenaba su cabello. ¡¡ Ya hijo !!, dentro del recipiente había una espesa y deliciosa masa blanca. Tomé un poco con un dedo y lancé, voló y cayó de inmediato.

Busqué a mi abuelita, ella es sabia y siempre ha salvado a mis padres. No estaba en su cuarto y tampoco en el baño, salí al patio y ahí estaba, con un ovillo de lana entre sus manos jalando fuerte, ¡¡ Simón ven !!, ¡¡ aquí estoy abuelita !!. Con maestría dieciochera bajaba una nube tan blanca como la cartulina de papá y esponjosa tal cual el merengue dulce recién hecho por mamá.

Buscando pareja

Hacía muchos años que estaba solo después de una gran pérdida, de a poco comenzaba a volver al mundo y el único lugar más añorado era la plaza cercana a casa. Un buen día tomó fuerzas y cuando llegó a la orilla tocó el césped con ambas manos.

Antaño discutía con los cuidadores del parque el desnivel producido por los chicos al jugar balompié, y sin embargo ahora eso justamente pasaba inadvertido con las diferencias en el largo de sus piernas luego del accidente en la fábrica de zapatos deportivos y balones de cuero.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, décima tercera parte

“Cuando los sueños se vuelven realidad”

De vuelta a casa, aún con la estrella iluminando nuestras almas, nos sacamos los atuendos y volvimos a nuestra no rutina.

Mi Rústica artista toma un lápiz grafito y de su mente surgen imágenes que toman vida en el papel, así surgimos y lucimos cuando dibuja con amor y gracia.

Rústica y Puntilloso by Rústica

Presentados en sociedad, jamás pensé aparecer recién en el capítulo trece, dicen que es de buena suerte, a propósito, yo soy Puntilloso.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso duodécima parte

“Un deseo transforma cada historia.”

A dónde te gustaría viajar le pregunté y ella muy ingeniosa respondió, – ¡¡Vamos a Belén!! – dijo una tarde de domingo. Lentamente caminé hacia la biblioteca y tomé un libro, la miré y sus ojos avizoraban un aventura nueva.

Abrieron las añosas páginas y comenzaron a viajar, el aroma inundaba su respiración y ya estaban ataviados con ropas de la época, caminaban entre la muchedumbre, recorrían cada lugar en busca de abrigo, eran conocidas las noches frías en zonas así, no habían hospederías a esas horas de la tarde y el sol apuraba su paso para dar espacio a un hermoso suceso.

– ¡¡Puntilloso amor, estamos en Belén!!

– Shii Rústica, nadie sabe aún qué pasará esta noche –

Recorrimos el lugar, sus pasajes, sus caminos y en cada hogar, en cada familia, vivían un momento tranquilo, alejados de grandes ciudades. Acá podían vivir de lo que da la tierra con esfuerzo y amor, en cada ser humano existía ese brillo de almas ajenas a la maldad, avaricia o envidia, sin dudad estaban muy cercanos a esa aura previa a un nacimiento.

Cerré el libro por un momento y nos abrazamos fuerte, el amor nos rodeaba e insistía en seguir adelante con su manta de paz y mutua necesidad. Nos hundimos en la historia de nuevo, cuando volvimos ya estaba de noche e íbamos tras los pasos de uno camellos, grandes, hermosos y bien cuidados, un estremecimiento nos condujo hasta una gruta, el aroma del incienso crecía mientras nos acercábamos y entre el canto silencioso de algunos animales, un bebe convertía en padres a una joven pareja.

Esa noche cada lágrima viajó por los cielos, creó galaxias y la oscuridad desapareció, donde había una mancha ahora crecían espirales de luz, ráfagas de intensidad fulgurante creaban dolorosos varios haz de luz. El amor multiplicaba sus fuerzas, sus alas y sus ojos. El cielo enceguecido rogó por nosotros.

Las aventuras de Rústica y Puntilloso undécima parte

La noche…

Aparcamos lejos de las luces de otros vehículos y entre álamos hacemos vida, las estrellas iluminan de celeste nuestros rostros y sonríes como un sol al amanecer y llevas tu mano a mi cabello mientras la otra acaricia mi cara, tus manos lentamente bajan a la camisa y comienzas a desnudar mi pecho, siento tus manos temblar y te abrazo, tu respiración agita mi pecho y prosigues en cada botón desabrochado un beso y luego me miras tranquila, sólo el brillo de la noche ilumina tus ojos y ahí estás, amándome en cada instante, sacas mi camisa y ahora eres tú quien me abraza y siento tu corazón abriéndose paso, diciéndome ven y ama este cuerpo que sólo es alma para ti.

Corro los velos de tu cabello y beso tu cara, desde la frente hasta el mentón, luego voy por tus orejitas que pasan los cumpleaños y no crecen, al igual que las mías. Llevas vestido y levantas las manos para sacar de una vez, tu corpiño se ha quedado en casa y te sientes libre, como yo siento que te amo en cada detalle que nos hace únicos.

Celeste

Ame tu piel en celeste [te besé toda]
Brillaba tu piel [en mis labios]
De transpiración [bebí cada gemido]
De humedad [ahogué mis delirios]
De deseo. [vivimos cada instante]

Cubrí tus caderas con mis manos [a galope]
Abracé cada orgasmo [con hambre de vos]
En las líneas nuestros cuerpos [nos expresamos]
Fuimos dos y exquisitos uno. [una y otra vez]

Las estrellas caían [los ases de luz enceguecían]
Al encuentro [las explosiones eran internas]
Del cuerpo [una cadena de amor expuesta]
Del alma [el agite y sus corazonadas desbocadas]

Llegó el día y nosotros sin descansar [dormían]
Nos espera el viaje de vuelta [las estrellas]
La alegría de llegar a casa [agotadas]
Para amarnos en paz, [de tanto volar]
En la libertad del alma. [por la cascara]


Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso décima parte

Cuatro vientos
“Si el río te besara como el viento

En el apego de tierra y musgo.

Si el roce del movimiento

Te hiciera llegar e este mundo,

Sin duda estarías en Cuatro Vientos.”

Árboles y viento, una mezcla perfecta, te puedes abrazar a un árbol por horas mientras el viento susurra ¡¡suelta tus manos y siente!! Y somos dos locos queriendo vivir cada segundo conectados a la naturaleza y a sus razones que no entienden de progreso solo de evolución, un hombre integrado al planeta y sus necesidades, no una tierra a merced de nuestras necedades.

Hemos caminado descalzos por el césped fresco y húmedo, mientras no besábamos ha vuelto a llover y mojados nos seguimos besando, nos miramos con la paz en nuestros ojos, con la paciencia en nuestros labios y con el amor rodeando cada momento. Corremos a la Combi y así retomamos carretera, la noche nos persigue desde que salimos del Imperio y las primeras estrella aparecen arriba al centro de nuestras cabezas, más adelante buscaremos un lugar para dormir y amarnos. Sin embargo aún queda sol, lluvia y viento, huyendo de nosotros, ya nos alejamos de esta localidad tan suave como un beso, tan liberadora como un buen apretón de manos y tan cordial como el viento en cuatro direcciones.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso novena parte

Rústica acostumbra despertar temprano para ver el sol llegar a la piel de Puntilloso. – Muack – lo besa hasta despertar y antes de que él ponga sus gafas delante de sus ojos ella dice – tengo ganas de salir y viajar para conocer algún pueblo lejano o cercano. Puntilloso la ama y sin tiempo para pensar dice
– ¡Yupi! Me encanta viajar. Rústica abre más grande sus ojos y vuelve a besarlo
– tomaremos desayuno en el camino ¿cierto? dice Puntilloso
– si – dice su rústica y enamorada, saltando de la cama corre a recoger su morral – Estoy lista – grita. Puntilloso ordena su ropa, estira sus remeras, revisa el calzado y camina hacia el garaje para sacar la hippies.

Imagen de referencia

Vamos amor, ya estoy afuera – grita Puntilloso. Lentamente salen del imperio con dirección hacia el sol, en busca de aventuras, ella lo mira con tanto amor que llora suavemente, como el viento de afuera y les indica será un día maravilloso, aparecen las nubes y ella dice – tormenta – Puntilloso la conoce temerosa de esas condiciones climáticas y toma su mano fuerte, y así es, el sol duerme siesta mientras la tormenta hace fiesta, cae roca, diluvia, luego viene la paz que tanto aman, el sol expande sus rayos y aunque llueve nada indica que volverá a empeorar el clima, entonces Rústica le pide detener el vehículo.

Sale corriendo y empapada vuelve al auto, en la puerta Puntilloso la recibe con los brazos abiertos, se besan como locos, ríen, y así de felices entran, prosigue el camino.

En la radio suena una canción (loco tu forma de ser), ella toma la guitarra, los acompaña a todos lados desde que Puntilloso llegó a la vida de Rústica https://soundcloud.com/axel007-812635331/los-autenticos-decadentes-loco-tu-forma-de-ser-encuentro-en-el-estudio-hd

Afuera el viento se enamoró de Rústica y sigue su cabellera a donde sea, con la ventanas abiertas y cantando felices van rumbo hacia el oeste, como en la viejas películas una aventura les espera.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, octava parte

La cena es un rito, antes, durante y después…

Corro al baño a lavar mis manos, a pasar el jabón entre los dedos y a secar profusamente, voy al refrigerador por restos del almuerzo y sé que ella preparará verduras, onda light, onda espiritual y onda nutritiva. Entonces pregunto ¡¡ y la carne, las milanesas !! desde la sala, especificamente desde el sofá una risa inunda mis orejitas.

Camino de a poco hasta llegar a ella y el verdor de sus ojos refresca mi hambre, la beso y doy por superado la falta de carne, como pez, como amor, se desliza en mi boca, sus besos proveen de más ganas y la cena se hará entre nosotros con paz y algo de música y algo descalza de mi adorada Rústica.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, séptima parte

Ambos recostados sobre la manta…

Y las nubes tomaron forma de poesía viva, y sonrieron con ellas y las aves bajaron al pasto al sentirnos reír. Rústica pasaba su cabello por la cara de Puntilloso, lo dejaba tomar notas de las hojas cayendo en el pasto y las peleas entre los gorriones (ruiseñor) por restos de ramas para sus nidos, ella sabía que él recoge versos espontáneos cuando la naturaleza hace su obra, vivir y darnos vida. Respirar bajo un árbol ha de ser la experiencia más gratificante para un ser humano.

La manzana de la discordia

Rústica siempre trae consigo meriendas naturales, saca su manzana roja y siento el olor dulce al enterrar sus dientes, me queda mirando aún la boca en faena y dejo tirado el lápiz y abro mi boca para rescatar a esa deliciosa fruta, ambos mordemos, ambos reímos y nos miramos con ojos locos y sin poder reír para no soltar la manzana seguimos masticando, hasta llegar al centro, nuevamente nuestros labios, muy húmedos están juntos, dejamos caer el resto y nos besamos.

El sol despide este día

Naranja resplandeciente,
retales de colores
incandescente amarillo,
ensordecedor,
desolador,
abrumador.

Un brillo sin precedentes,
el capítulo final,
desplegados sus rayos,
un zumbido
inunda
el réquiem diurno,
fallecen los colores.

Volvemos a casa, la cena ha de ser otro momento entre Rústica y Puntilloso.

Contiuará…