Las aventuras de Rústica y Puntilloso, primero de mayo (II)

Fue cuando llegamos a la estancia de don Ambrosio Olmos, también llamada “Estancia El Durazno” es que mi Rústica quedó enamorada de una iglesia gótica y con lujo de detalles comenzó a dibujar. Desde dentro de nuestra Combi pudo trazar las líneas de un hermoso y bien mantenido edificio.

Sin embargo la diversión estaba afuera, dejar que la llovizna nos hiciera sentir la naturaleza recibiéndonos feliz y en ese idílico lugar, alejado de la ciudad nos pudimos conectar nuevamente los dos.

Amor,
sencillo y diligente,
vienes ardoroso
a evaporar tristezas,
entre nuestras manos
la felicidad y alegría,
crean, dibujan y enamoran.

Amor,
hechos de pedacitos,
cubiertos de alma,
arrancados de la desolación,
del silencio obligado,
traes la sincera piel
a entregarse por amor.

Amor,
es el ahora siniestro
un embate de realidad,
esa especie de franquicia triste
que deshoja nuestro árbol
de pequeños frutos,
de grandes ramas por cierto.

Amor,
hemos venido con la sangre nueva,
aunque seamos dos viejos locos
desde que encontramos el amor
en un espejo virtual y en verdad
éramos dos necesitados de vivir
abrazados al alma que somos uno.

Luego de besarnos con el hambre que dan estos viajes, nos adentramos en nuestros cuerpos, en nuestros propios viajes de alma y sangre ardiente.

Continuará…

Anuncios

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, primero de mayo (I)

Amore mío, vamos al campo?
Hoy mi vida?.. pero si no deja de llover..
Y bueno!…entonces nos mojaremos..y listo
Sabes.. tienen razón (lo dice y se sonríe imaginando la felicidad de ella)
Jajajaja!!!.. al campo hermoso mío!!
Vamos al campo de San Ambrosio; ese que hoy funciona como escuela agro técnica y a la que nos permitirán pasar de seguro (y más si les decimos que luego les compramos unos frascos de dulce de leche; y yerba de esa orgánica y tan rica que ellos tienen en su puesto de venta)
El camino estaba difícil, luego de varios días de llovizna intermitente era casi una odisea poder llegar, pero el lugar ameritaba… realmente que ese entorno de bosque encantado con esos matices que solo el otoño es capaz de crear, simplemente te cortaba el aliento y no sabías hacia que dirección mirar… qué paisaje guardar en la retina si es que todos y cada uno eran una majestuosidad..
Viste que valía la pena mi puntilloso Hermoso!!!
Armamos una especie de picnic allí mismo en nuestro querido vehículo de combate (a esta altura se merecía el título)
Embarrado hasta las ventanillas y con dudosos signos de sobrellevar muchas aventuras similares ( pero seguía en pie y cada día más fuerte.. así como nuestra locura, así como nuestras ansias locas de vivir cada una de las experiencias de nuestras vidas, felices, locos de amor)
Y si nos preguntan qué comimos..?
Vamos a ser sinceros
Toodo lo que llevábamos en la canasta y aún más…
Si
Comimos y bebimos de el fantástico elixir de nuestras vidas
Nos alimentamos simplemente de sándwiches, mate, y AMOR

Continuará…

Feliz

Puedo escribir los versos más tristes esta noche…”

Pablo Neruda, inicio poema veinte

Sin embargo no lo haré, al contrario, trataré de traspasar a ustedes mi significado del amor en estos años de escritura y encuentro.

El amor es una estrella fugaz y para eso debes mirar al cielo [estaba en el cielo de Twitter y ya me había estrellado fugazmente un par de veces]. Cuando de repente encontré esa mirada clavada en el firmamento y me dije, ¿ será ella ?.

Para dar el primer paso había considerado muchas opciones tales como:

  1. Le gustaré (yo estaba loco por ella)
  2. Me mirará (yo ya seguía sus ojos)
  3. De qué hablar (me tenía mudo)
  4. Me responderá (yo tartamudo)
  5. Cómo saber (así que a escribir)

Un ¡¡ hola !! (como tirando piedras al hielo)…. nada, y yo sufriendo. Siempre he creído que si estás en alguna red social, es porque deseas comunicar, leer y conocer (años después me di cuenta que no todo es tan lógico y cada ser humano además de ser un mundo tiene vida), sin embargo y antes de comenzar a derretirme como el hombre de nieve de Frozen respondió con un ¡¡hola!!. Para mí fue inevitable hablar de su belleza, de sus tweets y eso de ser “mami full time” y así comenzamos a conocernos, a ciertas horas podíamos escribirnos de forma infinita y luego Twitter te recordaba que no puedes, había límites en ese entonces.

No daré fechas pero ya es parte de nuestra historia de vida y amor [en verdad soy pésimo con esos datos], sin embargo el amor transforma todo, unta, pega y no separa nada, hasta que el mismo amor decida o uno.

Luego pasamos al correo electrónico, teníamos necesidad de contarnos la vida entera, de acercar nuestras vivencias, experiencias, caídas y alegrías. Día tras día encontrar “una carta electrónica” digo porque eso es recibes en ese formato, era mágico, único, hermoso y esperanzador a la vez, eso era amor y estaba viviendo una a una sus fases.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, décima quinta parte

Salimos en dirección a Bulnes…

Luego de hora y media estábamos en los alrededores de Bulnes donde los nonos tenían un campo. Previo a eso, la única modernidad del mismo camino de hace cuarenta años son los lomos de burro cada tantos kilómetros. Antes de eso, los primeros en subir a la Combi fueron unas galletas y el mate, estábamos con formación completa. A viajar se ha dicho.

Salir de la ciudad es una delicia, si vas hacia el oeste los camioneros han dejado pozos desde la época en que transportaban carga a caballo. El paisaje espeso en los setentas, se ha transformado en un cuadro impresionista con manchones verdes y desteñidos, sobre los típicos animales, ya pocos quedan o se ven.

He aquí una mirada crítica sobre la existencia de estos animales

Oda a la vaca

Vaca que otrora
dabas leche sana
a las cinco de la madrugada,
hoy ya no existe tu hora.

La nata me atora
aunque revuelva con ganas,
ya nada se iguala
a la leche sin lactosa.

Te recuerdo ahora
pastando distancias cercanas
para que no caminara
y engordara la graciosa.

El camino que recordaba mí Rústica “era” precioso. A las afueras de Bulnes una derruida y triste senda marcaba la entrada a lo que quedaba de casa, las canciones sobre el auto del Nono están sólo en su mente y unas lágrimas recorren el brillo de sus ojos, luego caen y aterrizan como la realidad del campo de sus abuelos. La abrazo y le pregunto.

¿ Fuiste feliz acá ?
Si — respondió secando sus ojos.
Entonces seamos felices de nuevo,
traje una manta y haremos picnic de galletas y mate. Las galletas para mí y el mate para ti.

El día terminó bello, entre nubes siempre el celeste nos acompañó y el sol beso nuestros rostros, nosotros competíamos con darle nombre a las nubes locas que nos acompañaban en éste viaje, ahora de vuelta a casa con el corazón más o menos aliviado.

A veces el pasado es un paisaje más verde.

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, décima cuarta parte

Hoy Rústica ha amanecido algo nostálgica, le llevo mate cebado, luego de unos sorbos y ambos menos soñolientos, nos miramos, ese brillo de sus ojos me dice algo y pregunto a viva voz.

– ¿ Habrá un lugar a donde te gustaría volver ? , pregunté, se abalanzó y sin parar de besarme decía, ¡Bulnes mi amor! .Me cuentas cómo y dónde está Bulnes dije entre besos y sonrisas, algo más animada me invitó a sus recuerdos de infancia.

Mirá, los nonos nos tomaban y subían al Ford Falcon, ya sabíamos a dónde llegaríamos, era un camino suave arriba de ese vehículo y atrás una gran butaca, alcanzábamos todos bien sentados, nadie llevaba cinturón de seguridad y así podíamos ver hacia afuera, el camino plagado de verde, invitaba a admirar su natural esplendor. Ellos preparados en viajes largos y para evitar el típico aburrimiento ponían un cassette de Paloma San Basilio, aunque nunca supimos de quién era ese gusto tan español, sin embargo ahí estábamos haciendo eses y zetas para sonar algo a la madre patria y olé.

Cabe aclarar que nosotros éramos felices con música o sin ella, pero con los nonos siempre en sus paseos cerca de Bulnes. Ahí tenían su casa de campo, sencilla pero amplia, rústica pero acogedora, e incluso para un gran aguacero resistió mientras nosotros rezábamos junto a ellos, podías ver por los ventanales las cortinas de agua, yendo y viniendo según el viento, fue uno de los mejores veranos, luego de la lluvia venía el sol y nos hamacábamos todas las tardes viendo al sol dormir tras las lejanas sierras.

La vuelta parecía ser más lenta, a veces la Luna nos seguía todo el camino, la nona decía, así ve mejor su nono y llegamos sanos y salvos a casa. Muchas veces nos dormíamos al subir al Ford y el sueño era que íbamos montados sobre los Tero tero por eso no sentíamos el regreso. Siempre al día siguiente había dulces para los excelentes acompañantes.

¡Vamos a Bulnes!

La abuela y las plantas

Un día temprano en casa, abuela como siempre le hablaba a las plantas, sin embargo, en esta ocasión fui y le pregunté – Abu, ¿por qué haces eso de hablar con las plantas? ni siquiera te responden, o sea, no hablan quiero decir. Sonrió con su mirada y llevó sus manos a mi cabeza, desordenó algo mi desordenado cabello y prosiguió. No sé si esa caricia era una forma de explicar que uno no debe meterse en sus asuntos, a continuación me llevó donde un gran gomero, puso un piso enfrente mío, usado para alcanzar las hojas más altas y limpiarlas. Toma asiento Simón – dijo la abuela, su aparente calma cubría de magia cada paso que daba.

Comenzó a rociar el gomero y mientras las gotas de agua tocaban las hojas, el gomero musitaba un – gracias abuela eres la mujer más sabia de toda la tierra – tan dulce el tono y a la vez tan bajo sus decibeles que pensaba era el viento transformando en palabras, habré parpadeado tantas veces como repetía la planta su agradecimiento, casi caigo del piso y fueron las mismas hojas quienes impidieron mi forzosa caída. La abuela dejó el jardín y me instó a seguirla fuera de casa, caminamos rodeando un bosque de pinos y en el horizonte las nubes saludaban a la abuela. Sacaban sus sombreros de copas de agua y en un aguacero agradecían el saludo, ella cerraba los ojos y en ese pestañear continuaban viaje rumbo al sur.

Miraba el horizonte y mientras el sol tomaba posición para amanecer entre medio del bosque me dijo – todo nos pertenece, así como también pertenecemos a la naturaleza – aprende a escuchar y algún día te regalaré una nube.

El ovillo de plata

Cierto día acompañé a mi abuelita al mercado de lanas, aunque debía levantarme temprano la recompensa era deliciosa, un pedazo de torta y bebida gaseosa, después de transitar por todos los pasajes y recovecos buscando el color especial y la textura adecuada para su negocio de tejido de alfombras, bajadas de cama y otros productos. Su bolso parecía ser mágico al igual el dinero, compraba, compraba y todo adentro calzaba. Cuando pensaba ya era hora de mi recompensa abuelita dio un giro y entró a una tienda poco visitada, atendía una señora mayor, muy mayor, podría ser la madre de todas las abuelas, antes de acercarnos a consultar ella dijo. – Lana para ovillar bajo la luz de la Luna anda buscando – mi abuelita que es muy parlanchina quedó muda, tomó dos madejas y metió en su bolso, la señora terminó diciendo, – vaya con Dios –
Ya en casa venía la segunda etapa, separar las lanas y de las madejas hacer ovillos, sin embargo yo no participaba de tan enredada misión, aunque si algo sobraba lo usaba para mis volantines de papel de diario y eso sucedía una vez terminada la sesión de hacer bolitas de lana como yo decía, siempre dejaba el bolso tirado y yo hurgaba dentro de él, mi mayor sorpresa fue al ver la última lana que esa señora había regalado a mi abuelita, ahí estaba, dejada por olvido o porque ya no le gustó el color, preferí no usar esa lana y evitar que mamá o papá me delataran. Salí a jugar al patio trasero y ahí estaba mi nona como decimos por acá a las madres de nuestras madres, cantaba en voz baja a las flores y recitaba frases una y otra vez, hasta de forma repetitiva, yo nunca la distraía cuando hacía eso, porque de una u otra manera ese jardín brillaba lleno de colores y aromas.

Llegada la noche y después de la cena todos íbamos a admirar las estrellas y si había luna mejor espectáculo, luego a descansar y yo a soñar con elevar más alto los volantines, ojalá pudieran llegar a las nubes, justo cuando estaba en la mejor parte abuelita despertó con un susurro, – ven Simón tengo el hilo que necesitas – caminamos a oscuras por el zaguán, ella veía perfectamente de noche y llevaba en el otro brazo el bolso, en el patio trasero y ante nosotros una Luna tan grande y brillante que parecía de día, me soltó de la mano mientras abría su bolso y sacaba esas madejas de lana olvidadas, tomó ambas madejas y las lanzó hacia la Luna, era tanta su luminosidad que pareció haberse tragado la lana y luego, como un acto de magia más, comenzó a bajar un hilo plateado, lentamente comenzó a ovillar y metió en su bolso. Para cuando desperté en mi cama pensé que había sido otro sueño por alcanzar mis adoradas nubes.

Quiero una nube

¡¡ Papá !!, me regalas una nube. Fue a su estudio y volvió con cartulina recortada en forma de nubes. Quedé mirando su obra la elevé y luego solté, cayó a nuestros pies. Encogió sus hombros y siguió en lo que estaba.

Fui a la cocina y dije — ¡¡ Mamá !!, me regalas una nube por favor. Sin mirarme sacó de un cesto varios huevos, después de un truco de magia, estaba revolviendo la parte transparente (clara), batía, revolvía y hasta desordenaba su cabello. ¡¡ Ya hijo !!, dentro del recipiente había una espesa y deliciosa masa blanca. Tomé un poco con un dedo y lancé, voló y cayó de inmediato.

Busqué a mi abuelita, ella es sabia y siempre ha salvado a mis padres. No estaba en su cuarto y tampoco en el baño, salí al patio y ahí estaba, con un ovillo de lana entre sus manos jalando fuerte, ¡¡ Simón ven !!, ¡¡ aquí estoy abuelita !!. Con maestría dieciochera bajaba una nube tan blanca como la cartulina de papá y esponjosa tal cual el merengue dulce recién hecho por mamá.

Buscando pareja

Hacía muchos años que estaba solo después de una gran pérdida, de a poco comenzaba a volver al mundo y el único lugar más añorado era la plaza cercana a casa. Un buen día tomó fuerzas y cuando llegó a la orilla tocó el césped con ambas manos.

Antaño discutía con los cuidadores del parque el desnivel producido por los chicos al jugar balompié, y sin embargo ahora eso justamente pasaba inadvertido con las diferencias en el largo de sus piernas luego del accidente en la fábrica de zapatos deportivos y balones de cuero.

Continuará…

Las aventuras de Rústica y Puntilloso, décima tercera parte

“Cuando los sueños se vuelven realidad”

De vuelta a casa, aún con la estrella iluminando nuestras almas, nos sacamos los atuendos y volvimos a nuestra no rutina.

Mi Rústica artista toma un lápiz grafito y de su mente surgen imágenes que toman vida en el papel, así surgimos y lucimos cuando dibuja con amor y gracia.

Rústica y Puntilloso by Rústica

Presentados en sociedad, jamás pensé aparecer recién en el capítulo trece, dicen que es de buena suerte, a propósito, yo soy Puntilloso.

Continuará…