Volar

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Vivámonos como dos locos, escapados, con alas de luciérnagas y en esta realidad aumentada, dejemos de vivir, desvivirnos el uno en el otro, como los locos que no saben y saben más que nosotros, no te pido que seamos como ellos, seamos locos por nosotros y como nosotros.

Orbitemos nuestros ojos, desesperados por colisionar en esas esferas, esos espejos de almas sin quebrar aún con toda la no vida que creíamos era una ganga, para cuando nos dimos cuenta ya llevábamos la mitad de la vida mala vivida, ahora ven y aluniza en mis párpados, en tus pestañas, o en el iris, todo es posible.

Levitemos ese espacio entre la ropa interior y los sentidos, hagámonos cosquillas, en esa película donde nos hacemos enanos y caminamos por la piel, yo primero y luego vos, ven conquista este planeta lleno de erotismo escondido, ese es nuestro tesoro vivo, usa toda tu gran pequeñez y habítame, recórreme, tendrás toda otra vida para conocerme, monta una carpa y  sale de excursión, me avisas luego para sacarte de entre mi bóxer.

Arranquémonos los cuerpos, los sentidos y los no sentidos, dar vuelta todo, la ropa nos sigue por su propia decencia, volvamos a la tierra, a la tierra de tu cuerpo, ahí deseo volar, explotar, encarnarme como las plantas, comerte mientras crezco y mis raíces te salen por la boca, y si no me quieres dentro yo te querré dentro mío, ven encárnate, te lo suplico.

Robémonos, si seamos los mejores ladrones y aprovechemos del motín y si una noche soy un coche para vos, toma la palanca de cambio y dale duro a este motor, a la tarde o de mañana te robo yo y eres ese pedazo de carne sabrosa y jugosa, sabes, te comeré, entonces seamos unos astutos ladrones y robémonos al mismo tiempo, así nos vamos juntos, nos vamos volando en las alas de un orgasmo o en tus labios, ahí cerquita, donde una perla brilla de pasión.

Notas sobre un papel

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No puedo escribir sobre personas sin conocer, inventar historias es distinto, los personajes están ahí, de vagos algunas veces y la mayoría madurando sus papeles, escondidos, estudiando, quieren ser el principal, el eterno, los que cierran el telón y aparte de las flores, dan que hablar, las personas, las reales, esas son su mejor manera de viajar, es a este punto al que quería llegar.

Cortázar dijo sobre los relojes algo así, aunque esto hacía referencia a un solo tipo de reloj, los a cuerda, y es que cuando te reglan un reloj es al revés, al reloj le regalan un ser humano, que lo mire en cada momento, y le de cuerda, lo guarde y cuide, haga sus aseos y cada tanto llevar al mecánico de relojes para sus mantenciones,

Entonces la pregunta es para ustedes lectores, nosotros los personajes cuántas veces al día pasamos por sus mentes u ocupamos parte de vuestro tiempo para que nos recreen y se diviertan recordando lo que hacíamos en tal capítulo o lo mal que éramos con otro personaje, cuántas vidas hemos vivido gracias a sus respaldo de PDF de cierto libro que por lo lejano no podías hacer llegar a tus manos y aún así nos visitan y piensan, tratan de educar sus mentes para ser como nosotros, tanto en lo osado, torpes o sexys, cuánta postura loca anda por el mundo divagando queriendo ser como nosotros, y eso nos halaga de sobremanera, pero amigos, simples mortales, ustedes jamás serán eternos, hasta los héroes de sus películas favoritas envejecen y re hacen algunas para darle la potencia que tenían los antiguos celuloides, con toda la era digital y sin embargo, el fracaso es rotundo, en sus mentes somos jóvenes, apuestos, atrevidos, insaciables y hasta socialmente inadaptados, pero somos y ustedes no pueden sernos, pueden ir a la cárcel por dárselas de Lecter o algún tipo desquiciado menos violente psicológicamente.

No quería arruinarles la tarde, la noche, el trasnoche o alguna escapada a libros por leer, no se crean por ahí que somos enemigos suyos y menos que esto es una especie de amenaza o advertencia, que aquí no corren los sindicatos de guionistas, de actores de segunda, de los dobles de riesgos y menos de algún recalcitrante sociedad de autores ególatras, sólo son ideas de este tipo delante del notebook, con los pies helados delirando con ser el descubridor del agua tibia y este bosquejo introductorio al libro que jamás le pedirán haga un prólogo, porque de libro propio ni hablar, como será que ni se atreve a hacerse Amazon si hasta yo podría pero claro, soy un mero interlocutor entre los libros cerrados y los que abrieron sus mentes y desfloraron tanta materia gris, que si alguna vez había poca, gracias a estos libros y los otros, los por leer, ustedes son grandes eruditos, de todas las posiciones del yo narrativo y ese no soy yo.

Bueno, creo que hasta aquí llega este monologo, espero lo hayan disfrutado y cualquier cosa si a esta entrada le va bien, puedo hasta volver y me hago el gracioso con ustedes, millón de ojos parlanchines y locos, denle like a este pobre a ver si le suben el autosestima, pues a lo único que se sube es a un automóvil y ni siquiera es de él, ya chao chicos, verán que este tipo me tiene paciencia y es porque digo cosas que no atreve, las piensa, las piensa y en eso se queda, chao.

He vuelto, recién caigo en cuentas que estos tipos de la página virtual de ventas de libros y otros negocios no tuvieron mejor idea que autoproclamarse el Amazonas literario, o será porque todos los árboles destruidos para hacer hojas, van a parar a sus estanterías y luego llegan a sus casas, piensen mejor donde compran un libro o el mal menor y seguimos siendo todos virtuales y así nos borramos de un solo delete y ya, sonó duro eso, pero creo que esa es la vida acá, entre bytes y computadoras.

De Luna a Selene parte trece

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

 

Eran hombres vividos en las artes del sexo duro, de esposas, látigo y cuanta crudeza se les ocurriera y ella los doblaba como rompa interior, con cariño y manipulación, sorprendidos en ese espacio infinito como la calidez de su pecho, adormecidos por las canciones mentales que les hacía sentir,  y esas orgías, de las cuales eran dueños, amantes de todas las mujeres posibles, eran sus propias ansias las que los llevaba al delirio y caminaban ciegos al Valhalla, eruditos del cuerpo femenino se querían saltar las fases de conocimiento, parlamento y llegaban directo a someterlas, era ahí donde las sencillas virtudes de Selene la elevaba a una Afrodita y toda la cultura de ritos la acercaban a la perfección amatoria, su pecho enardecía y ellos caían en la fiebre que todo ser humano conoció antes de la muerte, antes de osar copular con una Diosa.

Ahí fue donde la conocí, caminando por las calles, haciéndose espacio entre veteranas y dueñas de esquinas para perderse entre la indecencia humana que todos llevamos, cuando la miré no podía creerlo, temí, lleno de miedos me acerqué y sólo dije un hola, tomó mi mano pero me rehusé y salí corriendo, no tenía edad para andar por esos barrios, pero mi padre me había dado el dinero para hacerme hombre antes de que me echara a patadas por ser más parecido al hijo del vecino, no quiero hijos gays en casa, fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta, y había pasado gran parte de la mañana preguntando dónde encontrar, bueno, es obvio que buscaba. Empezó a oscurecer y me encontré con ella de nuevo, seguro me siguió, la cosa es que nos encontramos en una plaza, y antes de decir algo, tapó mi boca con un beso, un beso de esos donde el cielo es frío y pequeño, comparado con su beso, sin decirnos más nada, estábamos como adolescentes sobre el pasto, sonriendo de la pequeñez del mundo y lo grande del amor, me reconoció débil para protegerme y fuerte para apoyarse en mi pecho, sólo escuché su nombre y la dulzura de su voz para saber que no sólo los poetas tiene la Luna para ofrecer, a mi había llegado convertida en una chica adorable y esa noche de verano llovió en cuatro ojos, me contó todo y todo era un infierno, pero me miró y también dijo, ahora estoy salvada de seguir haciendo todo lo que me forzaron.

De Joe no supimos mucho, la policía llego a Vermont y desapareció, para siempre. Han pasado tantos años de terapia y dos hermosas hijas; Selene y Afrodita que la vida nos sonríe, todos tenemos demonios y dioses dentro, sólo que algunos jamás debe despertar, aunque cada tanto me posee y yo pienso que es más amor que deidad y ambos nos habitamos de la misma dulce y fuerte manera que la primera y todas las veces siguientes.

FIN

De Luna a Selene parte doce

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

 

Joe aparece con Luna caminando por una autopista, saliendo de la ciudad y con los dedos en alto esperando ser aventados por algún amable camionero, nada se detiene en su favor y las horas del día desaparecen en sus frentes asoleadas, el atuendo de la joven aleja a los posibles buenos samaritanos y con ello el frío de la noche aparece pronto, es verano pero en el norte siempre es helado sin importar la estación del año, luego un Oldsmobile trompudo color guinda seca y de luces amarillas se detiene en la berma, un brazo, del copiloto aparece haciendo señas para que suban, ambos corren y sin preguntar nada están arriba, Joe agradece de inmediato a la pareja de ancianos y el chofer sólo pregunta a donde se dirigen, pero antes de terminar la frase, Joe alaba el buen estado en que se encuentra el carro y dándose conocedor de vehículos dice es un Oldsmobile 88 del 50’ a lo que la señora asiente y termina la pregunta del esposo, entonces dónde dijeron que los dejásemos, segundos de silencio concluyen con, en la siguiente ciudad por favor. Luna solamente mira las luces de la cuidad alejarse, el sol extrañamente continua enfrente de ellos, saca de entre sus ropas un reproductor mp3 y unos auriculares, contenía toda la discografía de AIR, no los conoce y prefiere eso al silencio, su parte del viaje sería menos heavy.

Vermont es helado en verano sobre todo si no tienen donde llegar y por lo visto, más ropa no traen así que los dejaremos en la centro y ahí se hospedan, hay varios hoteles, el camino impecable se hizo eterno, solamente amenizado por la música del radio, solamente especiales de los 50’, cada kilómetro sirvió para ambos reflexionaran con lo sucedido y ver si la vida da nuevas oportunidades están deberían estar en esa nueva ciudad. Ustedes creerían eso de una chica forzada desde apenas tuvo conciencia de su cuerpo con un padre delirante, él la bañaba y la inicio en todos los placeres que por grotescos parezcan, odiosos, difíciles de leer o creer, pues la vida creo es peor que esta suma de imágenes y no vengo a juzgar a nadie, sólo a mostrar algo que sin haber vivido existe y es más cruel de lo que pueda parecer en sus mentes o en la mía.

Selene tenía un poder y no quería controlar, no conocía otra cosa para tomar revancha en la vida y era justo eso, acabar con la inmundicia de hombres que no les basta casa y salen de machos por la vida abriendo su billetera para entrar en otros mundos.

Mientras la psicodelia de músicos seguían alimentando su mente, se acercaban al centro, las luces de bienvenida serían lo único decidor, ya estaban en otra ciudad. Pronto se despidieron frente al mejor hotel de la ciudad, registrados se fueron a descansar, aunque el sol querrá sorprenderlos luego y hará su aparición molestosa. Joe tenía todo bien pensado, el hotel sería su refugio antes de hacerse de un sitio menos evidente, mientras eso dilucidaba en la otra habitación, dormía Luna y recordaba a todos los hombres que habían pasado hace pocas horas. Entraban y salían hechos verdaderos esperpentos de humanidad.

De Luna a Selene parte once

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Tal cual lo predijo en su mente, esa noche acabó con todos, en sus cabezas la orgía era un deleite para todos los sentidos, aún así, eran llevados a los extremos del placer y desde ahí lanzados a un abismo más dulce, más intenso, grandes en su inconsciencia hacían temblar la tierra con sus imponente sexo, todas las mujeres eran Selene y arrodilladas adoraban al Dios que traían entre sus piernas, un reguero de orgasmos las cubría, eran miles de mujeres de pechos turgentes, rociadas por millones de estrellas, en esa noche sin cuerpos para atender esos cielos cayéndose de grandiosos, todos extasiados salían del local, ya amanecía y ninguno quedó sin ser atendido. Joe brilla de felicidad y lleva a Selene a su habitación, contigua al local, alhajada con hermosos muebles y al centro una cama redonda, de color celeste era el cobertor, la deja encima y sale raudo a contar los billetes, había ganado en una noche lo que ganaba en un mes y sin contar las concesiones que debía hacer a la ley cuando visitaban el local para supuestas inspecciones.

Pasan de medio día en los relojes de la ciudad y con el eco de sus campanadas perdiéndose se sienten las sirenas de la policía, al parecer la paz ha sido quebrada y raudos llegan al local, golpean pero nadie abre, seguramente Joe está drogado o alcoholizado en algún rincón por ahí. Rompen la puerta principal después de haber insistido y anunciándose como oficiales de policía. Son  acompañados de familiares de casi todos los clientes. La violencia se apodera de mujeres que piensan encontrar un séquito de hembras borrachas, drogándose con el dinero ganado con el sudor de sus cuerpos, pero nada, una soledad, un vacío se vierte frío sobre todos ellos, es tal la desolación y la impotencia que no pueden quedarse, así, como si nada hubiese sucedido, entran los perros amaestrados para misiones de búsqueda y nada, al final y después de destruir todo se van, no contentos algunos prenden fuego y los policías que eran menos no pueden hacer nada.

Las luces de bomberos interrumpe el soleado atardecer y entre los restos del local aún chispas advierten la fuerza del fuego, a medida que son guiados por la policía van aplacándolo, las llamas hace poco momentos eran una verdadera columna, una pira de adoración para redimir los pecados ahí renacidos, criados y alimentados, ahora en cenizas, la historia de la humanidad a pequeña escala se repite, un imperio de perdición caía ante la moralidad de sus jueces.

De Luna a Selene parte diez

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

La noche abrió el local y todos que llevaban horas esperando lograron entrar, nuevamente una gran concurrencia repletaba las salas, y la barra era el centro de atracción, desde lejos la expectación era mayor, curiosa, telescópica desde todos los rincones, la ronda de machos pedían tragos fuertes, para armase de valor u olvidarse que tiene familia, novias o madres preocupadas, tejiendo esperanzas. La música hoy es distinta, luego bajan las luces y el show comienza, de fondo suenan lo grandes éxitos de Sade. Así es como aparece, Selene se empina por sobre todos, intocables para los alejados e inaccesible para los mismos hombres que ha pagado fuertes sumas de dinero y aguardan el fin del show alargar su propio espectáculo. Su danza emboba sin discusión, nadie queda indiferente, aplauden, lanzan dinero y vibran con cada majestuoso movimiento. En sus mentes, han desnudado ahí mismo a esa joven y en actos de locura, la besan, muerden y golpean, la fuerzan someterse a los deseos y apuntan a sus cremalleras, ella accede y los dioses apoderados de sus cuerpos viajan mil lunas, centurias dentro de ellos, para cuando ha regresado son otros hombres.

Finaliza el show, todo va como lo soñó Joe y nada es mejor, ahora viene la parte más suculenta, debe cumplir con su parte y la chica debe estar dispuesta para ellos. Nadie más que los afortunados aguardan para ser llamados, una luz parpadea en uno de los pasillos y todos ellos siguen esa luminiscencia, hipnotizados por el futuro lujurioso.

El primero en entrar es el profesor de la clase de canto y ella que está ataviada con ese antifaz simulando ser la Luna distingue los mismos ojos de seducción mediocre, sin embargo él ni se entera de la niña detrás de esas ropas, de esos senos que tanto sueña entre sus manos, Selene no habla, sólo ordena y obliga a sentarse en un sofá lo rodea y canta en su oreja, luego las manos de la diosa comienzan a desabrochar la camisa, caen los botones y sus manos interminables apabullan la recia masculinidad del docente, en ese instante ella se pone enfrente y comienza a tocar sus pechos, los quiere descubrir para él y la mirada pide que siga, más, más, otro botón más por favor, ella se acerca y pone el rostro enloquecido entre la blancura de su piel y el traje de diosa, canta dulce y transmite un calor que agota al hasta ahora viril demonio, se suceden imágenes en la mente afiebrada del profesor y orgasmo tras orgasmo hacen gritar de placer, suda, se moja, delira, va y viene mil veces más al paraíso de los hombres, donde mujeres desnudas se abalanzan sobre él, lo devoran, lo muerden, lo consumen, es una droga que fuman, empiezan por su sexo hasta ser completamente quemado y convertido en humo se desvanece en un soplido.

Despierta de ese estado de inconsciencia, mezcla de realidad y deliro jura haber hecho todo con esa muñeca, sin embargo, su apariencia dice todo lo contrario, sudado por completo, la entrepierna manchada y tan vestido como cuando entró.

Llega a casa, su madre preocupada lo espera, nunca llega tarde a casa, ella le habla pero él no responde se va de inmediato a su cama, se desnuda y puede certificar lo sucio que estaba, llena la tina y ahí de se duerme, vuelve al sueño, pero ellas no están, sólo Selene y ahora la ve desnuda y vuelven los espasmos al cuerpo, se ahoga en su propio placer sin percatarse que el agua ha inundado sus pulmones, un último suspiro y fallece.

De Luna a Selene parte nueve

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Eran una tropa de animales enjaulados, sus caras, sus fauces babosas, ese vapor emergiendo desde todo sus cuerpos, la rabia por fin daría a luz las perdidas consciencias, esos demonios serían liberados e incinerados como ofrenda de obediencia, jauría de muertos mentales, de sexos endemoniados, embriagados por los ojos, cada uno en su esencia animal articulaba, las mil formas de someter, devorar, atragantar y extasiarse con esa ninfa hija de la Luna. Según iban maquinando en sus propios cuerpos el sentir de unas manos delgadas que apabullaban su animal y mortificaban con cada espasmo del cual eran presas de sus propios sueños eróticos y erráticos, balbuceaban igual que bebés extrañando sus comidas y el abrigo del pecho materno, ese calor y palpitar que dictaba sus propias vidas, era hora de la venganza, de doblegar esa carne de hembra hasta las sombras y transformarla en su nuevo juguete, todos deliraban en ese devenir mental que querían hacer literal.

Practicaban en la ducha, con la hermana de sus esposas, con las secretarias, con objetos contundentes, dando golpes en el aire, azuzando a los dioses, sabiéndolos enfurecidos, por este karma al cual habían sometido los humanos y perpetuaban en toda mujer que intentase escapar a la furia de no pertenecer a la raza dominada dominante. Se rasgaban por dentro mil veces más para estar dispuestos a dar batalla a la diosa que viene a desafiar. Rugían en todo momento sus pantalones, alborotada la billetera para tapar bocas, las mismas bocas que deseaban someter tanto como el dinero les alcanzara, eran capaces de todo para estar sobre cualquier atisbo de supremacía y desde los gimnasios salían envueltos en sudor, endorfinas, adrenalina, resueltos a ser el primero en la fila para sacar todo el arsenal de juguetes y hacer de Selene su muñeca.

La lista estaba llena para el primer día y aunque faltaban horas, verdaderos caballos golpeaban las puertas del antro, gritaban, exigían entrar ya, de todas formas querían entrar, eso es de hombres bravíos, entrar, duros, machos, recios, imponentes, bravos, toros salvajes resueltos a llenar ese estrecho pasaje en mareas eternas de vida, ese sinfín aceitado logrando su cometido, eran animales, máquinas, bestias, todos un mismo ser, miles a la vez, un solo sexo golpeando las puertas del castillo para vengarse de la princesa y desflorar todo el jardín que se enfrentase ante ellos, sus voces, sus billeteras, sus cuerpos, duros, tensos y gruesos, el orden de la palabras no importaba, el destino de todas ella acabar en Selene.

De Luna a Selene parte ocho

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

La música en su apogeo hacía las veces de sedante para los admiradores de la nueva atracción, cuando pensaban en el fin del deleite de esta orquídea blanca llamada Selene, para ellos bastó verla pasearse y mostrar su espalda delicada y tersa, asirse de los dorados caños y demostrar una rutina excitante, hasta cuando descendió y  todos aplaudían, estaban extasiados con esta mujer que reunía todo para ser una celebridad, justo en ese instante ella siguió dando que hablar, esta vez sin música, comenzó levantando una pierna y demostrar hasta donde podía llegar, luego miró uno a uno a los ojos de cada cliente. Impactados, ardían, babeaban, la querían, estaban rendidos, absueltos de los errores, perdonados, una aire de redención cubría sus rostros, sus manos sudorosas y los billetes que aún bajaban, parecían sacados del manicomio, ocultos en la montañas, simplemente recluidos o llevaban años sin ver mujer alguna hecha y derecha como aquella.

Está sería la Meca, ese paraíso de pecados se había convertido en un culto a la belleza de una sola mujer, ya no existían más, entendían el costo de la felicidad sería altísimo, como animales bien trajeados buscaban a Joe para indagar sobre servicios extras y dónde anotarse para conocer a la mujer detrás del antifaz, la fémina de esos muslos interminables y una juventud intrigante, ese delirio absurdo por lo desconocido, ya imaginaban entre sus manos a esa bondad de la naturaleza, esos labios, dos verdaderas rodajas del manjar más exótico antes visto, la deseaban entre sus fauces; lobos feroces venidos a menos, leones calvos, tigres sin rayas, toda una fauna deprimente pero deliciosamente adinerada para las intenciones del nuevo magnate del entretenimiento. Así iba anotando a cada cliente con claves en sus nombres, todos eran John y Bob, junto a una jugosa reserva, para todo servicio como decían ellos mismo, alucinados y ardientes, una nueva felicidad parecía enfundarse muy dentro de los pantalones.

De Luna a Selene parte siete

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

El momento había llegado y aunque su padre jamás alcanzó a ver el monstruo creado, debería estar extasiado por el grado de Diosa que ya poseía. Se presentó en el remozado local de Joe y su mirada contemplaba todo con gran magnificencia, parecía estar encantada con su nueva casa, acompañaban a los colores base, celeste y blanco, ribetes dorados, las mesas de brillante lacado, reflejaban el cielo, un mar de estrellas podías ver cuando las cortinas hacían la magia de emular la noche, y Selene parecía aceptar todo. Al centro de la barra una pasarela también dorada y un conjunto de caños daba el ambiente preciso y claro de quienes serían los privilegiados de este majestuoso centro de eventos artísticos para adultos, Joe consideró dar un verdadero giro con ese nombre, ahora todo sería bajo la ley y nada lo hacía más feliz al ver a Selene como empezó a llamar apenas apareció en las puertas y el brillo del sol resplandecía su silueta, dando un carácter angelical, delirante, sencillamente invencible.

El show debe continuar, las entradas están repartidas, han hecho llegar invitaciones a todo el mundo influyente que pueda dar un voto de confianza al nuevo giro de un reconocido mal vecino de la ciudad y bajo este nuevo emprendimiento redimirse, congraciarse con los moralistas de todos los estratos sociales, está prometida la visita del mismo Mayor, un señor contrario a todo tipo de evento masivo y menos de esta índole, sin embargo llegan todos. La expectación se agranda cuando las luces bajan al centro de la barra y entre medio aparece completamente disfrazada una mujer, el brillo de su atuendo sólo acrecienta más la incertidumbre, todos creen conocerla, quieren descubrirla y ella se desliza entre los caños, pasando por encima de las copas de quienes anticipadamente habían pagado.

Sus piernas de una finura digna de mujeres europeas, sus caderas dejaban entrever la delicadeza de una diosa y sobre su plano vientre se esculpían grandiosas y colosales, una majestuosidad que en su andar movían los pantalones de todo varón por lejano que estuviese, si, eran pechos hermosos en volumen, ese contoneo excitante, besaban el aire en puntas, disparando la algarabía de los más privilegiados, esos consabidos y encubiertos hombres cultos, de letras algunos, docentes bien pagados, directores de empresas, hasta jueces. Todos escuchaban la atenta presentación de Selene.

Selene, hija de dioses griegos se consagró para iluminar la noche de esta ciudad, después de esta breve introducción la música de Nessum Dorma, muy clásico para un local comienza a sonar debajo mismo de la pasarela y sus caños paralelos, ella desmonta su capa y ahí todos pueden certificar la hermosura de su cuerpo, ese sabor a deseo transpirando por el maquillaje, la blancura de sus piernas perfectamente estiradas aumenta la testosterona en estos hombres que estaban a punto de desbordar, apenas termina la música todos aplauden a rabiar y lanzan billetes que se mezclan con serpentinas desciendo desde el cielo.

De Luna a Selene parte seis

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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Joe tenía el poder del dinero en sus bolsillos y no fue difícil crear un concepto nuevo en su local, pateo todo ese antro, sucio, oscuro, rompió cortinas con sus propias manos y a medida que entraba la luz del día, más asco le daba el olor al alcohol, el humo pegado a las paredes, también rajó el papel con restos de todo lo que puedas imaginar donde el sexo era obligatorio, momento y lugar sólo se definían por el grueso de tu billetera y no de tu miembro. Tomó las sillas y con ellas una a una las partió sobre las mesas de vidrios, una fineza para repartir y jalar cuanta mierda entrara por las narices, intoxicado con Luna seguía rompiendo todo. No se sentía sorprendido o angustiado por lo que estaba haciendo, había un plan en su mente que necesitaba de toda la luz posible para representar en ese espacio, ahora muerto por las mismas manos que pidieron construir cuando se iniciaba en el mundo del entretenimiento para adultos.

Las chicas que a esas horas siguen durmiendo después de tanto “trabajo” despertaron asustadas, sin saber que pasaba una a una fueron apareciendo y horrorizadas arrancaban con lo que traían puesto, siempre era poco pero les bastaba para entender que todo había terminado con Joe y ellas. Sin antes arrasar con todos los lujosos atuendos de los que se sentían pagadas por tan abuso al que habían sido empujadas a vivir bajo ese maldito lugar.

Todo sería con los colores celestes y blanco adornando el local, como él no sabe muy bien, encarga a una diseñadora que se quedó en los setentas con la poética de esa década para darle las luces y colores necesarios a paños, alfombras, piso, ventanas, cortinas, hasta el mobiliario sería mandado a hacer para él exclusivamente, además quién volvería e esos años luego de saber cómo terminaron, así empieza una nueva era, en cosa de una semana tendría todo habilitado y como los cambios son internos nada de papeleo para aumentar las arcas del condado con sus sobrecargos de impuestos, a lugares de mucha concurrencia nocturna.

Él sabía que todo cambiaría en ese lugar, podría llegar a las altas esferas de la sociedad, esa gente ha de tener su lugar escondido para hacer lucir acá y endemoniarse como lo hacía él en su inundada mente con los senos de Luna. Bajos sus trajes la ropa interior es igual de sucia una vez fraccionada el alma entre la billetera y el oscuro sentimiento por el cual pagas para cumplir a cabalidad y con la vorágine que te corroe desatar todo el fulgor de cada oscuro deseo, latiendo, manchando cada prenda de vestir por más tintorería traiga puesta y perfume de sobra empape lo que ya se bañó de mierda carnal. Ya sentía una convicción jamás antes vista en sus años de hombre del negocio sexual, esto sería lo máximo.

Es increíble como estableces grados de indecencia aún mejor que tus antecesores y sin embargo por falta de cultura, estás dando el primero paso aparentemente y así acercarte a la magia de Calígula, digno de recordar si queremos dar jerarquía a la perdición humana.