Silencio, parte dos

Incluyo esta excepcional pieza musical para acompañar mis palabras.

​Íbamos a ser hojas entrelazadas, eternas, perenes, billantes ante los demás, nuestras ramas amantes,nos llevarían hasta el cielo por las noches desnudas, queríamos amarnos bajo la luna cuando se abre como flor.

Íbamos a ser primavera y viajar con el viento, conocer el mar de su boca, de su sal, de sus nubes, en la hondonada tristeza reiríamos como locos, dos locos, el eco sería tal que jamás sabrían cuántos éramos al empezar.

Íbamos a ser una danza de arce y abeto, nos llamarían Stradivarius, podríamos ser recordados por centurias, ensimismadas, escuchándonos, todo ese río de savia nos llevaría a soñar todo lo posible, encordados y forjados entre capas de barniz junto a la pasión.

Íbamos a ser amantes desde las raíces hasta la copa, frondosos, nos abrazaríamos toda la vida, lustrosos y bestiales, arrojados al cielo, los nidos sucumbirían con nuestra historia de amor y vivirían, miles de momentos más acuñados entre el verdor y el amor.

Íbamos a ser tantas cosas, desde semillas que nos venimos amando, desde la concepción misma como dos grandes árboles, solamente que nadie les dijo, no tuvieron tiempo de avisar y avizorar, que nacimos con una cordillera entre las costillas separándonos de por vida.

Instagram XXVII

Buenos días a todos los que también siguen mi cuenta de Instagram.

Se parece a ti…

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¿A quién se parece?…

Beso el aire, apareces en mis labios.

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Los besos…

El sol es un poema que nació a través esa imagen.

Hice un poema…

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Sobre las fotos tomadas con mi smartphone

Historia de amor, la mañana, diez de Enero


La mañana tenía aromas de su boca,

[era mirar un beso descubierto]

fresca, desconocida y hambrienta.

[una brisa confundía mi lengua]
El sol abufandado de edificios

[se enredaba entre el concreto del pavimento]

nos miraba de rebote por los ventanales.

[nuestros besos eran la rosa cromática]
Sus ojos eran otra boca, dulce vidriera

[yo vi correr en el fondo la alegría]

de espasmos y llantos, olía a amor.

[latía todo entre su lengua de amor]
Nos besamos y ahí supimos de suspiros

[aprender el sabor de la mañana]

ese devenir de los orgasmos del alma.

[reconocernos parte del otro, toda la boca]

Extranjera

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Danzaba en una novela desconocida,
de letras atrasadas en su papel,
sus necesidades son artificiales,
todo explota a sus pasos descalzos.

Nada era un todo de risas revenidas
bajo el abrigo agitado de la pared,
donde apoya las selfies convencionales,
todos se preguntan que no hicimos.

Su cárcel de cristal dulcemente revestida
de palabras frías y cortantes, oropel,
ante los ojos del sol y sus excepcionales
conciencias, juramos por el amor.

Caminar juntos de la mano, ahora la vida
sabe de lo que somos, este carrusel
nos trae de vuelta donde antes, a raudales
reímos, desde siempre, desde que te vi.

Tiempo

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Hoy tuve tiempo
y me bajé del planeta,
ayudé a una planta crecer,
detuve mi automóvil.

Mire la lluvia en cada gota,
acechaba un nido,
salve ruiseñores,
secando sus alas.

El día era frágil,
lave con barro sus ojos,
el sol supo brillar
aún con ese pesar.

Cielo, te miro
lienzo semipintado,
tu celeste lo vuelvo a escoger,
de una bandera, allende Los Andes.

Ahí te bañe infinito,
mil colores hechos agua
de mar, arrojados al todo que inundas,
las sales parecían estrellas.

Estabas en el oro de todo,
en mi yo detenido, contemplativo,
dibujado en mis canas,
ese frío del alma desaparecido.

Volar

Yo quería volar sobre ella,
ser la sombra engulléndola
el ave regresando del vacío
con el hambre del cielo,
la quería sola, egoísmo nuestro
abriendo sus alas, sus brazos,
pintar sus pechos con un millón de bocas.

Hacer en su vientre un concierto
al aire libre y arder los maderos,
prendernos fuego a contra viento,
desafinar en las notas risueñas,
ahogar cada tecla en tus caderas,
montar un espectáculo pirotécnico
con el juego de los colores en las manos.

Desnudos, si desnudos, rozarnos,
sentir el pulso hundiendo el letargo,
chuparnos dulces, almíbar de cuerpos
devorados en una cama de algodón,
volver a la adolescencia de los sentidos,
jugar a escondernos en nosotros,
sin contar hasta tres, salir y darnos un beso.

Dibujarnos y rompernos en ese instante,
lanzar acuarela sobre los recuerdos,
ser de oro y plata, fundir los metales
con sus ejes de sangre y volar como antes
cuando éramos ángeles cantando al amor,
soñar que era cierto este sueño sideral,
volver a cerrar los ojos y despertar.

Islandia

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Nacen donde un pedazo del paraíso
fue vertido sobre el mar color carbón
y las lenguas hambrientas
del hombre del frío.

Unidos a fuerza de las olas de fuego,
de ciertos escollos de la naturaleza
nacieron sus montañas.

En cada hondonada
el agua de los deshielos
forjó ríos de color piedra y musgo.

Nadaban contra el viento
los caprinos y bovinos inocentes,
su carne alimentó a marinos
y el mar dio de comer a la nación.

Pero eso es historia
triste entre sus libros,
sólo huesos quedan
de esas ballenas
de fábricas y faenadoras.

Su mundo se sostiene
en el eco de sus voces
y un Rimur defiende
la cultura de sus próceres.

Matando el aire

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El cuchillo cortaba el aire,
los gritos se sentían
ese filoso paso abría
en dos el estómago,
las vísceras volaban,
moléculas de dióxido carbono
destazadas,
el oxígeno tímido
se miraba y sangraba,
fluidamente.

Era una masacre
a nivel atómico, molecular,
la piel yacía expuesta,
sus tensiones son mayores,
nunca tan doloroso
el blandir de esas armas, mortales,
pedazos de nitrógeno,
desmembrados y mal olientes
perecían ante el roce.

Hasta los nobles transeúntes
argón de poco movimiento
eran alcanzados en la sanguinaria
y silenciosa estocada al aire,
el ozono siempre más volátil
había agotado su fortuna y expuesto,
sólo compartía el reguero de muerte.

Assassins a contrata, viles sicarios,
eran las últimas palabras
en nomenclatura de criptón,
un chico joven del barrio,
sin saber cómo defenderse murió rápido,
tanto Neón como Metano,
quedaron descompuestos, fragmentados
al fulgor de neón sólo fue aviso
de su muerte y el inconfundible hedor de metano.

No había caso, un siniestro fin tenían
quienes osaban acercar, comprimir o detener,
la muerte los seleccionaba con una mira,
desde la punta del cuchillo y abría al cielo,
caían o volaban según su peso específico,
la sangre nunca había convertido
el plano espacial en tantos colores.

Todo era hidrógeno y muerte,
ese sabor a oxígeno en la garganta,
tal cual, oxidando los cuerpos,
los restos y su descomposición,
aceleraban la pena y el olvido,
rápido, rápido, nanosegundos,
ya florecían desde la misa herida,
sabios y competentes,
los amos del aire en majestosa algarabía,
volvían a ocupar ese lugar donde la muerte,
recién había hecho estragos, pero,
el pasado renovaba la memoria
de los mismos elementos atacados.

Andrómeda V

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Andromeda by Sir Edward John Poynter, 1869

 

Acto quinto

Perseo y Andrómeda

Argos nos recibe como nuestro hogar sagrado,
así nuestra hermosa primogénita Gorgófone,
y los Perseidas serán una huella eterna de amor,
reinarán más allá de nuestros sueños y tierras.

Micenas gran obra de nuestra descendencia
gobernada por los hijos de los hijos,
se suceden la corona de Atreo y gobiernan
con justicia, mi casta de reyes y titanes es infinita.

Hoy que no estás mi amada Andrómeda,
todos te pueden ver y guiar si miran al cielo,
convertida en constelación, eres aún más grande
que el mismo amor con el cual poblanos Micenas.

Andromeda II

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Andromeda by Sir Edward John Poynter, 1869

 

Acto dos

Perseo

He adorado cada pensamiento nacido por ella,
aquí donde el sol siempre brilla
y resplandecen nuestras espadas,
no me quedaré a ver este sentimiento arrancándome la vida.

Bajaré a lo más hondo y desde sus garras
la devolveré al altar de donde nació,
no la quiero muerta y menos fuera de mis brazos,
ven Medusa aún me sirves arma petrificadora.

Ceto, te condeno a hundirte y ser banco de coral
de este mar infestado de envidias,
no hay otra más hermosa que mi Andrómeda,
ya quisieran las Nereidas de Poseidón parecerse.